Los “primos” que azotan a Cuba

Ya es habitual que en época lluviosa reaparezca el dengue, pero ahora no viene solo

Soldado fumigando en Cuba. El gobierno reforzó la campaña sanitaria contra el mosquito transmisor (Foto: caribbean360.com)
Soldado fumigando en Cuba. El gobierno reforzó la campaña sanitaria contra el mosquito transmisor (Foto: caribbean360.com)

LA HABANA, Cuba.- Los cubanos escuchamos sobre la aparición de los primeros casos de zika a través de las notas informativas del Ministerio de Salud Pública. Siempre se decía que eran casos importados, detectados por la vigilancia epidemiológica del aeropuerto. Además, como medida de seguridad, los pacientes se mantenían ingresados.

Entonces la gente comentaba que en cualquier momento aparecería un brote entre la población, pues la ciudad es una inmensa cloaca de desechos y aguas albañales. Además, la recogida de grandes vertederos con palas mecánicas deja enormes cráteres en las aceras que, cuando llueve, se llenan de agua y de esta manera se convierten en criaderos de mosquitos, cucarachas, ratas y otros vectores.

Pues bien, tenemos zika en nuestro país; pero como siempre, las autoridades ocultan la información sin tener en cuenta que es vital que la población conozca las secuelas de este virus en mujeres embarazadas, pues no solo puede causar malformaciones al feto sino también otras complicaciones neurológicas.

Sin embargo, no hace falta que el gobierno declare el estado de emergencia, porque la población lo sabe por experiencia: cuando los trabajadores de la salud visitan casa por casa para investigar si hay alguien con fiebre, y aparecen los fumigadores con su humo de petróleo, es que hay epidemia. De ninguna otra manera el gobierno toma tales medidas. En ese sentido, hace unos días la enfermera de la posta médica nos citó para una charla que vendrían a impartir especialistas municipales de salud, alertándonos además que extremáramos las medidas higiénicas porque se han detectado casos de dengue y zika en la zona.

Cuando en 2001 se desató una gran epidemia de dengue, el entonces director del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, profesor Gustavo Kourí, declaró a la prensa nacional que era necesario, sobre todo en Ciudad de La Habana, asignar recursos para la higiene ambiental y se refirió a los salideros, los microvertederos, la falta de sistematicidad en la recogida de basura y al control vectorial como medida preventiva para evitar otras posibles epidemias. Sin embargo, han pasado algunos años ―y también varias epidemias― desde que el doctor Kourí hizo estas observaciones. Hoy la capital ofrece un cuadro desolador.

Siempre que se produce un brote epidemiológico, escuchamos a funcionarios del gobierno con las mismas declaraciones: “El sistema de salud cubano tiene asegurados los recursos humanos y materiales necesarios para enfrentar cualquier epidemia”. Aunque todos sabemos que eso no es cierto, pues para enfrentar y vencer la situación epidemiológica del país hace falta voluntad gubernamental: emprender un amplio trabajo de reparación del alcantarillado, sustituir las redes hidráulicas para acabar con los salideros, y subsecuentemente normalizar el suministro de agua (las 24 horas, los 7 días de la semana) para acabar así con el agua acumulada.

Hace unos meses, el gobierno comenzó a vender en las farmacias un atomizador por núcleo, en 17 pesos (vacío). A su vez, el litro de insecticida en los mercados industriales cuesta 20 pesos. Estos precios no han sido bien acogidos entre la población, de manera que la fumigación personalizada no ha sido masiva.

El 7 de septiembre, el periódico Juventud Rebelde publicó la noticia “Fumigan en Miami Beach por zika”. “Los camiones de fumigación rociaron las calles”, cita, “con un producto llamado BTI, un compuesto orgánico no agresivo con el medio ambiente que destruye el sistema digestivo de las larvas de mosquito Aedes aegypti”.

Sobre esto, Martha, mi vecina que tiene tres nietas asmáticas, me comentó: “Ellos destruyen el sistema digestivo de las larvas, pero a nosotros la fumigación con petróleo nos destruyen los pulmones”.

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