Los escritores contestatarios y la UNEAC

Los escritores contestatarios y la UNEAC

Una vez más le ha correspondido a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba desempeñar un papel lamentable en la persecución de los intelectuales

Roberto-de-Jesúa-Quiñones-HacesLA HABANA, Cuba.- Una vez más le ha correspondido a la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) desempeñar un papel lamentable en la persecución de los intelectuales. En esta ocasión, se trata de Roberto de Jesús Quiñones Haces, prominente abogado, periodista y escritor cienfueguero radicado en Guantánamo.

Uno sabe —y hasta es capaz de entender— que en un sistema de firme vocación totalitaria, como el impuesto en nuestro país por los hermanos Castro, las llamadas “organizaciones de masas” —meras correas de transmisión del régimen— sean escenario apropiado para reuniones en las que la aprobación desenfrenada del poder establecido constituya regla ineludible.

Pero se supone que la UNEAC sea otra cosa. En definitiva, se trata de una organización compuesta por intelectuales, y cabría presumir que los hombres y mujeres de pensamiento allí estabulados serían más respetuosos de la opinión discrepante, la crítica argumentada, la conducta heterodoxa.

No ha sido así, sin embargo. En el ámbito de la flamante Unión se admite apenas alguna leve alusión velada a las injusticias clamorosas que existen en Cuba, y esto únicamente después que el autor de la crítica vergonzante ha hecho ostentación de su calidad de “revolucionario”, lo que en el argot castrista significa ser un redomado gobiernista.

Durante años, cualquier miembro de la organización que tuviese el valor de rebasar ese reducido marco estaba condenado al ostracismo. Así sucedió con quienes hoy integran el Club de Escritores Independientes de Cuba y con muchos periodistas alternativos, como el mismo autor de estas líneas. No obstante, en el caso de Quiñones Haces, la agrupación de intelectuales castristas parece haber inaugurado otra modalidad de persecución.

El colega de Guantánamo no fue expulsado de la UNEAC; simplemente se le ninguneó. En la más oriental de nuestras actuales provincias se sucedían los eventos culturales, pero el hecho de no invitar a participar a Roberto de Jesús devino una constante. Su carta abierta a los miembros de la citada entidad recoge un extenso rosario de las innumerables ocasiones en que, ¡durante más de una docena de años!, fue discriminado e ignorado.

En esa relación resalta el señor Jorge Núñez Motes, especie de presidente vitalicio de la filial guantanamera de la organización. ¡Ha ocupado esa posición desde hace más de veinte años! Este personaje le ha ganado con creces a cierto dirigente de la Nueva Trova, que es autor de una sola canción, pero que en base a esa obrita única ha logrado medrar durante decenios. ¡Don Jorge no ha publicado un solo libro!, pero regentea a los escritores de Guantánamo.

En su escrito, Quiñones menciona las múltiples ocasiones en que se ha dirigido en vano a los líderes de la UNEAC, el silencio cómplice de éstos ante su injusto encarcelamiento, ante la negativa a readmitirlo en los bufetes colectivos y —más recientemente— ante el feroz registro que sufrió el pasado 5 de octubre. También la recogida de las ediciones de sus libros y la renuencia a publicar uno que está aprobado… ¡desde hace once años!

Entre los pasajes más agudos de su carta, está aquel en que Roberto de Jesús recuerda: CubaNet y otros medios independientes “me concedieron el espacio que el gobierno cubano me negó y le niega a todo intelectual que no se ciñe a sus ucases y desdeña sus sinecuras pavlovianas”. Feliz imagen esta última, en que los incondicionales del régimen son equiparados a los perros del gran fisiólogo ruso, que seguían salivando al sonido de la campanita que precedía la comida, aunque ésta faltase.

Como colofón de la larga cadena de actos de acoso sufridos por él, Quiñones menciona el hecho de que el mismo día en que emitió la carta abierta —el pasado 17 de noviembre— comenzó la Feria del Libro “Unión” en Guantánamo. “De nuevo, soy el único escritor que no tiene participación en ella”, denuncia.

La conclusión de nuestro colega es tajante: “Continuar en la UNEAC bajo estas circunstancias me resulta indigno. Al hacer esta carta no pido solidaridad de ningún tipo pues sé cuán cercadas están la verdad y la justicia en mi país. Mi único interés es informar sobre las causas de esta decisión”.

Esperé una quincena antes de redactar el presente trabajo. Aunque Roberto de Jesús no pide apoyo a los miembros de la organización, pensé que tal vez alguno se lo brindaría espontáneamente. No ha sido así, por desgracia. En el gran pesebre de los “intelectuales orgánicos del castrismo”, la realidad sigue ajustándose de modo fiel a los versos geniales del poeta maldito: “Un paso adelante y dos o tres atrás, pero siempre aplaudiendo”.

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