Los cuentos de Oliver Stone

Los cuentos de Oliver Stone

Un serial sobre temas históricos no es tan objetivo como su autor pretende hacer ver

Oliver Stone (huffingtonpost.co.uk)
Oliver Stone (huffingtonpost.co.uk)

LA HABANA, Cuba.- La Televisión Cubana ha estado proyectando, en horario estelar, el documental “La historia no contada de Estados Unidos”, del conocido realizador norteamericano Oliver Stone. De inicio, pensé escribir mis impresiones cuando terminara la serie. Pero son tantas las tergiversaciones de cuestiones importantes que, si esperara a su final, no alcanzaría un simple artículo para esclarecerlas.

Todo se aborda desde la óptica de los izquierdistas de ese país: esos señores conocidos en el argot político local como “liberales”. Esto no debe de llamarnos la atención, pues Stone —sin dudas— es uno de los más destacados entre ellos. El documental pone de manifiesto cuánto ha sufrido la ideología de la secta bajo el embate de los obstinados hechos.

Así, la figura de José Stalin ya no se pinta con los colores pastel que en un tiempo utilizaron los correligionarios del cineasta. Las atrocidades perpetradas bajo las órdenes del déspota georgiano fueron tantas, que en el material se le califica como “despiadado dictador”. Pero, de algún modo, Stone se las arregla para hacer una distinción entre las políticas marxistas-leninistas y ese tenebroso personaje que las encarnó de manera indiscutida durante decenios.

Ejemplo de ello son las opuestas motivaciones que el documentalista les atribuye a las políticas de la Alemania nazi y la Unión Soviética. En 1939 una y otra se repartieron Europa en el infame Pacto Molotov-Ribbentrop. Según Stone, la participación de Berlín obedeció a su vocación imperialista; la de Moscú, sin embargo, la justifica en la renuencia de las grandes potencias occidentales a concertar una coalición anti-hitleriana con Stalin…

Otra de las grandes mixtificaciones del serial es repetir que el País de los Sóviets soportó el peso principal de la lucha. Esta afirmación, una de las mentiras predilectas de comunistas y “progres”, ignora el hecho de que la participación soviética se circunscribió al ámbito europeo.

Pero, como se sabe, los vértices del Eje eran tres: Berlín, Roma y Tokio. Hasta agosto de 1945, Stalin se mantuvo en paz con Japón. La lucha contra esta potencia —la segunda de las tres por su importancia—, recayó en exclusiva sobre Estados Unidos, con el apoyo de sus aliados democráticos y de China. En adición a ello, los norteamericanos desempeñaron un papel importantísimo —aunque no el principal— en la guerra del Viejo Continente.

No sería justo criticar que el estado moscovita —cuya misma existencia corrió un peligro mortal tras la invasión hitleriana— eludiera la lucha en dos frentes. Pero tampoco corresponde aceptar el engaño lanzado por la propaganda bolchevique —acogido por compañeros de viaje y tontos útiles— que pretende transmutar a la Unión Soviética en artífice fundamental de la victoria sobre el Eje en su conjunto.

Lo mismo puede decirse sobre la supuesta tardanza de los aliados occidentales en abrir el Segundo Frente. Aquí también el documental repite los lugares comunes de la versión moscovita de la historia, que afirma que esto sólo se produjo en junio de 1944, con el desembarco en Normandía.

Aquí caben otras preguntas: ¿Pero Italia no está también en Europa? ¿No era ese país el tercer vértice del Eje? Como se sabe, el desembarco en Sicilia, parte integrante del territorio metropolitano de esa potencia, tuvo lugar en 1943. Tras la conquista de esa importante isla y el subsiguiente desembarco americano-británico en la península, se logró el derrocamiento de Mussolini y la firma del armisticio por el nuevo gobierno instalado en Roma.

Todas estas son mixtificaciones de Stone en su documental. Pero es probable que las dos mayores sean las relacionadas con un par de zarpazos asestados contra la paz por las fuerzas del comunismo internacional.

El primero de ellos desembocó en la Guerra de Corea. Como antecedentes del conflicto, el documentalista menciona de pasada que tanto el dictador norteño Kim Il-Sung como el sureño Syngman Rhee lanzaron amenazas de invadir la otra mitad de la península. Pero el hecho fundamental —que la agresión surgió de los comunistas— Stone prefiere silenciarlo.

En segundo término, está la Crisis de Octubre de 1962, que casi condujo a la Tercera Guerra Mundial. Aquí el material habla en extenso sobre las declaraciones y actitudes de los dos principales actores —John Kennedy y Nikita Jruschov—, pero Stone soslaya el papel macabro desempeñado por su admirado Fidel Castro: ni menciona la terrible recomendación de éste al premier soviético: “Aseste usted el primer golpe”.

Sí, el serial es tendencioso, pero al menos podemos agradecerle a su autor el sentido del humor, que pone de manifiesto al recoger frases como la ocurrente descripción que el vicepresidente norteamericano John Garner hizo de su elevado cargo: “Un tonel lleno de meado caliente”.

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