Leopoldo Fernández: un rehén del régimen boliviano

Leopoldo Fernández: un rehén del régimen boliviano

Contra el líder opositor acaba de dictarse sentencia por su supuesta participación en la llamada Matanza de El Porvenir

Leopoldo Fernández (elpotosi.net)

LA HABANA, Cuba.- Mi participación en la reunión de Solidaridad Democrática celebrada hace un par de semanas en Ciudad México, me permitió conocer más de cerca el caso del más antiguo de los sudamericanos prominentes injustamente encarcelados por el “Socialismo del Siglo XX”: el antiguo prefecto del departamento boliviano de Pando, Leopoldo Fernández Ferreira.

Contra el líder opositor, tras más de ocho años y medio de encierro, acaba de dictarse sentencia por su supuesta participación en la llamada Matanza de El Porvenir, en la que perdieron la vida no menos de 14 personas. El fallo es arbitrario y feroz —quince años—, pero al menos el reo podrá ahora recurrir. Los antecedentes y detalles del caso ameritan ser examinados para que se conozca una vieja injusticia más de un gran amigo del régimen de La Habana.

Tras el triunfo electoral que alcanzó con el generoso apoyo de los petrodólares entregados por Hugo Chávez, Evo Morales empezó a establecer en su país lo que pudiéramos llamar “socialismo con características bolivianas”, lo que incluye banderas de colorines, revisión de fronteras, exaltación de los pueblos originarios, coca, amautas y Pachamama.

Pero el apoyo al nuevo jerarca se concentraba en la zona andina del país sudamericano. Los tres departamentos más orientales —cuyo conjunto es conocido como la “Media Luna” por su configuración geográfica— se mostraron hostiles a las políticas populistas propugnadas por el exlíder cocalero, y empezaron a luchar de manera pacífica por alcanzar una mayor autonomía frente al absorbente gobierno de La Paz.

Evo acusó a las administraciones locales de aspirar a independizarse de Bolivia; también buscó la manera de adquirir mayor control político en Pando, Beni y Santa Cruz. La tarea presentaba más dificultades en estos dos últimos, debido a su mayor territorio y población. En ese contexto, la comarca administrada por Leopoldo Fernández era la que ofrecía mejores perspectivas.

En efecto, de los nueve departamentos bolivianos, Pando era —con mucho— el de menos habitantes: poco más del 0,6% del total nacional; unas 7 veces menos que el segundo más despoblado. En esas circunstancias, constituía sin dudas el eslabón más débil en toda la Media Luna.

El régimen actuó en consecuencia: Si en la Italia del siglo pasado Mussolini y sus camisas negras realizaron la Marcha sobre Roma, Evo Morales no podía quedarse atrás. Movilizó a sus incondicionales del MAS (Movimiento al Socialismo), los montó en camiones, y los envió a Pando en una jugada aventurera que bautizó como la “Marcha hacia el Oriente”.

Estos expedicionarios constituyeron el grueso de los participantes en los sucesos de El Porvenir. En este lugar se produjo un tiroteo, como resultado del cual hubo las mencionadas pérdidas de vidas humanas, así como numerosos heridos. La acción de los jueces, sometidos a la voluntad del Presidente, se dirigió de inmediato contra el prefecto pandino.

Si algo ha caracterizado este proceso judicial es su condición de unilateral y parcializado. Se tuerce la verdad para perjudicar a Leopoldo Fernández. Se le califica de autor intelectual de la matanza sin que exista la menor prueba que justifique esa conclusión. No se valora que, como su finca se encuentra literalmente a unos pasos de la frontera con Brasil, pudo haber huido con toda facilidad a ese país. Si no lo hizo, fue por saberse inocente.

Por el contrario, su pedido a los mandos de las fuerzas del orden acantonadas en Pando, hecho horas antes de los sucesos, para que intervinieran a fin de evitar cualquier posible enfrentamiento entre facciones rivales, no se toma en cuenta. Tampoco la respuesta negativa de esos jefes locales, quienes alegaron no contar con “órdenes superiores”.

Existen grabaciones del ministro de gobierno Juan Ramón Quintana, en las que éste, manipulando el tema racial, arenga a “nuestros pueblos indígenas”. En esa alocución, el político evista, refiriéndose a Leopoldo, anuncia: “Lo vamos a llevar al último lugar de la tierra”, y con la mayor desfachatez adelanta el texto de su epitafio: “Prefecto: Que en paz descanse, y conviva con los gusanos”.

Hay denuncias de planes para asesinar a líderes opositores locales, declaraciones de lugareños que aseguran que en El Porvenir no había hombres armados. Vicente Rocha, principal testigo de descargos, fue asesinado de manera sospechosa. Se ha denunciado que del ministerio encabezado por Quintana salieron los cheques para financiar una campaña de descrédito contra Leopoldo, así como la propia Marcha. Ésta, según un documento secreto del Ejército que se ha filtrado, tenía el carácter de plan militar diseñado por generales plegados al MAS.

Los jueces parciales han hecho caso omiso de todo ello. También se han ignorado hasta el momento las peticiones para que se permita al acusado gozar de libertad mientras se tramitan los recursos.

Lo acontecido en los últimos años permite asegurar que el macabro programa concebido  por Evo Morales ha tenido éxito al permitirle controlar Pando. Para voltear el panorama político en ese territorio, el exlíder cocalero trasplantó en masa a indígenas incondicionales suyos desde el altiplano hacia el selvático departamento opositor. Al extremo de que, según datos oficiales de los dos últimos censos, mientras la población total del país ha aumentado en un 25%, la de Pando se ha más que duplicado…

Fernández Ferreira es un rehén de Evo Morales. Para su desgracia, su caso no ha alcanzado el mismo destaque que el de su tocayo venezolano Leopoldo López. En parte porque sus seres queridos descuidaron la difusión internacional, error que ahora subsanarán, según me expresó en México su elocuente hija Pamela. Esperemos que también en este caso triunfe la justicia.

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