Cubanet
Noticias de Cuba – Prensa Independiente desde 1994
Jueves, 20 de julio 2017

Las gratuidades que el gobierno cubano olvida

En un establecimiento llamado bodega, el gobierno “caritativamente” nos vende algunos productos normados a un precio razonable de acuerdo con nuestro salario

 |   |  comment count
Ración de carne de res para los niños. Vista con cucharita de postre

Ración de carne de res para los niños. Vista con cucharita de postre

LA HABANA, Cuba, mayo, 173.203.82.38 -Una de las características de la vida cotidiana de los cubanos es su extrema dependencia del Estado en todas las esferas fundamentales de la vida y la supervivencia; desde la obtención de los alimentos, los medios básicos de aseo y la vestimenta hasta la cocina, el transporte y los modos de entretenimiento; desde las opciones laborales hasta las educativas; desde el precario sistema de salud hasta la milagrosa probabilidad de visita a otro país; desde el casi imposible acceso a Internet hasta el consumo ideológico de información noticiosa o de cualquier otro tipo.

Quiero ocuparme brevemente tan sólo del aspecto relacionado con la alimentación: la extinción de la libreta de racionamiento, un anacronismo para quien no ha vivido en pie de guerra por la supervivencia, como se vive en Cuba desde hace más de medio siglo; una “gratuidad” según el discurso oficial de los gobernantes de esta isla; y una tabla de salvación para el pueblo cubano, cuyo salario apenas alcanza para mantenerse vivo sin incurrir en “transacciones alternativas”.

Pues bien, en un establecimiento llamado bodega, el gobierno “caritativamente” nos vende  algunos productos normados a un precio razonable de acuerdo con nuestro salario, en moneda nacional. Con esta libreta actualmente una persona obtiene tres kilogramos de arroz, tres de azúcar, media libra de aceite, once onzas de chícharo, un paquete de espaguetis y otro de café. Se supone que estos alimentos deben alcanzar para un mes entero. En algunas ocasiones aparecía  un jabón de baño y otro de lavar, pero esto ocurría tan esporádicamente que confieso no saber si existía alguna regularidad al respecto. Por cada núcleo, con total independencia de la cantidad de personas que lo integren, se nos vendía también un tubo de pasta dental al mes, que ahora deberemos comprar a los revendedores en la calle, y una bolsa de sal cada tres meses.

Además de la bodega, la libreta funciona en cuatro establecimientos más. En la carnicería, cada cubano tiene derecho mensualmente a comprar diez huevos, una libra de pollo, media de picadillo de soya, y 8 o 10 onzas de pescado. Este último es sustituido casi siempre por una  ración de pollo, pues nunca se le ve llegar. En la panadería sólo tenemos derecho a un pan diario del tamaño de un puño. En el agro estatal se venden, además de los liberados,  productos para las personas con una dieta especial, generalmente malanga y plátano. Finalmente, la libreta permite obtener un  pequeño balón de gas cada cuarenta días para cocinar. Este período se acorta en dependencia de la cantidad de personas que están inscritas en la libreta. Hay que hacer maravillas para estirarlo, o se deberá convenir con el dependiente para obtener otro “por la izquierda”, que oscila entre los 60 y los 100 pesos (entre un 20 y un 25 % del salario medio mensual de un cubano) en dependencia del municipio de que se trate.

Cuando un ser humano viene al mundo, rápidamente es inscrito en la OFICODA, una oficina que se encarga de la administración de todo lo concerniente a la susodicha libreta. Hasta que cumpla los 2 años, el niño tiene derecho, además de los productos mentados, a 13 jugos de alguna fruta, y a seis paquetes de leche en polvo cada uno de los cuales debe rendir para 5 días, a un litro diario; de estos productos sólo la leche se mantiene hasta los siete años de vida, momento en que es reemplazada por yogurt de soya. Un niño recibe mensualmente una pequeña ración de picadillo de carne de res  que puede ser sustituida en ocasiones por un pedacito sin moler. No puedo dejar de apuntar que cierta vez intenté comer el picadillo que nos vendieron para nuestro bebé y tuve que botarlo debido al fuerte olor y sabor a cebo que desprendía. En otra ocasión la gente fue a darle un escándalo al pobre carnicero porque se había superado la habitual mala calidad de la carne que llegó. Yo estaba tan indignado y me sentía tan impotente que le tomé una foto, que usted verá ilustrando este post. La cucharita de postre al costado sirve para dar una idea del tamaño de la porción.

Lo cierto es que si todos los productos mencionados se manejan con extrema racionalidad familiar, veremos que el arroz alcanza para 14 días, el aceite y el café para una semana, el paquete de espaguetis y los chícharos para un día y todos los productos de la carnicería sumados pueden durar hasta tres días, con excepción de los diez huevos que uno los distribuye a conveniencia. Está claro  que si se le ocurre hacer una panetela, por ejemplo, la duración de los huevos y el azúcar se acorta considerablemente. Eso sí, la harina deberá comprarla “por la izquierda” en una panadería, a cuatro o cinco pesos la libra.

Se ha dicho que esto representa un enorme gasto para el gobierno, que, por tanto, ha decidido aliviar su peso sacudiendo la capa que le cuelga en las espaldas, pues está repleta de gente agarrada, cuyo peso le impide volar hacia mejores estadios económicos. Lo cierto es que, al parecer, una vez que la libreta se extinga de entre las posibilidades de adquisición de alimentos, la “supermánica” capa estará tan liviana como los estómagos de los cubanos, que tendrán que enfrentarse a una situación aun más difícil.

Ningún cubano quisiera tener que depender del gobierno (mucho menos de uno tan venático, mediocre, arrogante y megalómano como el que existe en la isla) para llegar a fin de mes. Todos deseamos vivir en un país donde con nuestro salario, por mínimo que éste sea, tengamos lo suficiente para alimentarnos dignamente. Pero hay que convenir en que, a pesar del mal estado en que suelen encontrarse los productos normados, el pueblo encuentra en la libreta de abastecimiento una ayuda a su precaria economía.

Es por ello que yo quisiera proponerle al gobierno cubano, cuyo olfato es realmente aguzado cuando se trata de escuchar propuestas que perjudican al pueblo, en aras de bienes superiores que nunca se perciben, que antes de eliminar esta “ayuda” a la gente, elimine el enorme presupuesto que se gasta en vigilar, reprimir y controlar al pueblo cubano; que elimine el presupuesto del que dispone para llenar las calles de carteles políticos, pues éste es un gasto mucho más “irracional”, dado que ni siquiera cumple los objetivos que se propone; que elimine el enorme presupuesto que emplea en las marchas a las que obliga a ir a trabajadores y estudiantes, proporcionándoles cientos de miles de pulóveres con consignas patrióticas,  transporte, y gigantescas pancartas con consignas comunistas.

Yo quisiera proponerle al gobierno cubano que prescinda de los recursos con los que costea el mantenimiento de faraónicos inmuebles y campañas para su estúpida e inútil “batalla de ideas”; y también de aquellos con los que sufraga la pintura y los pintores que llenan los muros de la ciudad con frases políticas infantiles; que borre para siempre de su lista de desembolsos pecuniarios aquellos con que mantiene encerrados en deplorables y mugrientas cárceles a personas decentes cuyo único delito ha sido expresarse libremente.

Yo quisiera proponerle al gobierno cubano que elimine las gratuidades que se ofrecen en las lujosas villas donde descansan los militares; que elimine las tres buenas comidas diarias que se ofrecen a los trabajadores del comité central del partido; que desaparezca toda la gasolina gratuita con la que subvenciona los relucientes automóviles en que se pasean generales y oficiales del ministerio de las fuerzas armadas, y que les haga abandonar a los que las tienen sus suntuosas casas con piscina en el reparto Siboney.

Yo quisiera proponerle al gobierno cubano les retire autos y beneficios a los dirigentes, a los latosos charlatanes que lideran la hitleriana Unión de Jóvenes Comunistas, y a ese cínico presidente de la asamblea del poder popular, para que aprendan todos cómo se vive entre la gente del pueblo.

Quisiera proponerle que reduzca las decenas de viajes al exterior que dan al año los ministros y dirigentes, los gobernantes y sus hijos, mientras una gran parte de la población morirá sin saber lo que es pisar otra tierra que la de esta arruinada isla.

Y si el gobierno comunista cubano no fuera capaz de tomar estas necesarias medidas, en favor de reducir gratuidades y presupuestos sin afectar en lo más mínimo al pueblo, quisiera proponerle, en especial, que abandone el poder y deje el camino libre a quienes sean más competentes y menos caprichosos; o, al menos, a quienes sean capaces de crear tales condiciones económicas de vida a la gente, que hagan que el abandono de la libreta de abastecimiento tenga lugar por lo innecesario de la misma; no porque constituye una “gratuidad” que pesa en las espaldas del  Estado, sino por ser obsoleta en un país donde por fin los salarios alcanzan y la gente es libre y feliz.

Tomado de http://www.cubacotidiana.blogspot.com/

Acerca del Autor

Envíe su Comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no reflejan la opinión de Cubanet Noticias. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario que viole alguno de los términos y condiciones del reglamento será inhabilitado para volver a comentar. Pedimos a los usuarios abstenerse de utilizar palabras obscenas u ofensas de tipo personal. Enviar un comentario implica la aceptacion del reglamento. Servicio proporcionado por DISQUS.


comments powered by Disqus

Coméntalo en Facebook: