Las embajadas deben mantenerse

Las embajadas deben mantenerse

Sería contraproducente para EEUU alejarse de Cuba justo ahora

Un manifestante con banderas de EEUU y Cuba durante la inauguración de la embajada de esta última en Washington (Getty Images)

LA HABANA, Cuba.- La embajada en La Habana, las conversaciones y los acuerdos tienen aún mayor pertinencia actualmente. Pocas voces claman en Estados Unidos por el retorno a la política de confrontación, pero la utilización de su influencia en muchos otros asuntos podría revertir los progresos alcanzados. Desde enero de 2017, la sensatez ha tenido que sortear muchas zancadillas para preservar la larga visión y el provecho para ambos países, apoyados por la mayoría de los ciudadanos de todos los sectores, incluyendo los cubanoamericanos.

El presidente Trump comenzó su discurso en la Asamblea General de ONU, el 19 de septiembre, agradeciendo a todos los líderes presentes su ofrecimiento de asistencia y ayuda a los millones de ciudadanos que continuaban sufriendo los efectos de los devastadores huracanes que azotaron su país. Estados Unidos, el país más rico y poderoso del mundo, había recibido esa solidaridad. Cuba se recuperaba del huracán Matthew de 2016 cuando la mayor parte de su pobre archipiélago fue arrasado por Irma, que embistió con igual furia la Florida y más allá. A ambos lados del Estrecho, los pueblos cubanos y norteamericanos tienen la voluntad de ayudarse a vencer los problemas y calamidades que los golpean sin distinción por las diferencias entre los gobiernos.

Precisamente para facilitar esos esfuerzos, en estos momentos muy difíciles para los isleños se requiere la embajada en La Habana, igualmente útil para la política de Estados Unidos. Los diplomáticos norteamericanos tienen la posibilidad de recorrer todo el país e interactuar con la población desde que se restablecieron las relaciones diplomáticas, lo cual facilita apreciar la realidad cubana y dar a conocer la propia. Igualmente provechosos son los viajes de norteamericanos y cubanos de todas las ramas. Si se cerrara la embajada y no se restableciera la Sección de Intereses, también los servicios consulares serían afectados.

Entre enero y mayo de 2017, un total 284 565 estadounidenses viajaron a Cuba, según el MINTUR. Casi tantos como los del año anterior, 281 706 según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información. Más de 300 000 cubanoamericanos han visitado en iguales períodos, con cifras similares de visitas anuales a Estados Unidos. Esto demuestra la avidez por conocer y el temor por las prohibiciones, cuando las compañías aéreas y de cruceros norteamericanas mantienen altas demandas de sus viajes regulares iniciados en 2016.

Los “incidentes” o problemas de salud de unos 21 diplomáticos en la capital cubana, ocurridos entre noviembre de 2016 y principios de 2017, conocidos a través de los medios de prensa desde agosto, han sido tomados como palanca contra las relaciones diplomáticas. En aquella época, el ambiente de concreción de acuerdos sufrió el shock resultado de las elecciones en Estados Unidos, por tanto era el momento menos propicio para cualquier incidente lesivo a su progreso. La administración Trump ha mantenido una actitud mesurada al reconocer que no posee evidencias concluyentes, mientras el gobierno de Raúl Castro niega la realización de agresiones y se han facilitado las investigaciones conjuntas. Incluso, la agencia AP publicó que Raúl Castro personalmente había expresado su sorpresa al embajador DeLaurentis, según una fuente diplomática norteamericana anónima.

Cinco senadores pidieron al secretario de Estado, Rex Tillerson, la expulsión de todos los diplomáticos cubanos y el cierre de la embajada en Cuba, el 15 de septiembre. Dos días después, en el programa Meet the Press, Tillerson reveló que el gobierno de Trump estaba considerando cerrar la embajada de Estados Unidos en La Habana debido a las misteriosas lesiones sufridas por los diplomáticos estadounidenses.

La VI Reunión de la Comisión Bilateral Cuba-Estados Unidos se efectuó en Washington el 19 de septiembre, el mismo día que el presidente Trump habló en la ONU. Presidieron John Creamer, subsecretario adjunto para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, y Josefina Vidal Ferreiro, directora general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores. Esta fue la primera reunión después de que el presidente emitió la nueva política hacia Cuba, que prohibió los viajes individuales de norteamericanos y las relaciones económicas con empresas militares cubanas, el 16 de junio del 2017.

Entonces, el acto y las palabras de Trump fueron más confrontacionales que la intervención en ONU, donde expresó que “en el Hemisferio Occidental, los Estados Unidos se han opuesto al corrupto régimen desestabilizador en Cuba y han abrazado el sueño perdurable del pueblo cubano de vivir en libertad. Mi Administración anunció recientemente que no levantaremos sanciones al Gobierno cubano hasta tanto (este) no haga reformas sustanciales”, según publicó el periódico Granma el 20 de septiembre. El presidente sintetizó las posiciones tradicionales, y priorizó Venezuela y otros temas.

El ministro Bruno Rodríguez aprovechó la tribuna mundial para argumentar a inocencia del Gobierno de Cuba en los supuestos ataques a la salud de los diplomáticos norteamericanos en La Habana. Aunque elevó la críticas a Estados Unidos, reiteró la posición de Raúl Castro de continuar negociando los asuntos bilaterales pendientes y proseguir el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés común. La complicada situación en el archipiélago aconseja a las autoridades isleñas fomentar todas las relaciones internacionales, principalmente las económicas y comerciales.

Otros huracanes podría embestir hasta fines de noviembre, coincidiendo con la nueva fecha de las elecciones municipales. En la sesión de la Asamblea Nacional de diciembre se presentaría el resultado de la economía en 2017, con el continuado decrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), y el plan de 2018 con fuertes restricciones. Las llamadas elecciones a diputados conformarán la Asamblea que el 24 de febrero de 2017 abandonaría Raúl Castro como presidente, modificaría la composición de los Consejos de Estado y de Ministros, así como anunciaría la política económica para afrontar la crisis agudizada. Durante este período sería contraproducente para Estados Unidos alejarse de los cubanos y Cuba.

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