La Habana, realidad y memoria

La Habana, realidad y memoria

Quienes la quieren de verdad no se ven obligados a mirarla o a tratar de verla desde una ventanilla, sino a sentirla en la cercanía de los patios y los portales

MIAMI.- Las ciudades no tienen edad, ni son el rostro único y formal que le imponen los historiadores y los expertos nacionales o extranjeros. Una ciudad es un conjunto de recuerdos, una ensoñación privada, íntima, que guardan de ella la gente que la habitó y que la habita y que va con las personas para todas partes como van el pulso y la respiración. A ese mismo ritmo, a ese compás imprescindible. La Habana va a cumplir 500 años y está ahí, en el puerto, sin fechas ni definiciones oficiales.

La Habana es esa realidad o ese recuerdo para los habaneros y para los cubanos. Intemporal y primorosa, tranquila y estable, a pesar de los sesenta años de socialismo, del abandono y del maquillaje, porque quienes la quieren de verdad no se ven obligados a mirarla o a tratar de verla desde una ventanilla, sino a sentirla en la cercanía de los patios y los portales de las casas familiares que persiguen por siempre a casi todo el mundo.

La Habana… quienes la quieren de verdad no se ven obligados a mirarla o a tratar de verla desde una ventanilla, sino a sentirla en la cercanía de los patios y los portales de las casas familiares que persiguen por siempre a casi todo el mundo.

Hasta hace poco tiempo, el zar de la zona más significativa de la ciudad, La Habana Vieja, era el historiador Eusebio Leal, pero en estos momentos la administración de esa parte clave de La Habana está dirigida por un consorcio militar, el Grupo de Administración de Empresas (GAESA), que trabajo bajo el control de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Ya en la lejanía, el señor Leal, tiene nociones muy interesantes sobre el desarrollo de la ciudad como un ente cultural y no como la residencia, el lugar de trabajo, el espacio vital de miles de ciudadanos que tienen que padecer, como el resto del país, los avatares de la ausencia de mantenimiento y el deterioro natural de la arquitectura de sus casas y edificios.

Leal ve ahora a la Habana Vieja “muy dañada y en decadencia” y reconoce que “cuando uno la recorre observa la ciudad muy dañada y cubierta por un velo decadente.” Eso sí, menos mal, “paradójicamente esto ha servido para que esté intacta urbanísticamente. No se han construido en la ciudad nuevos puentes, nuevas avenidas colgantes. No hay presión de tránsito, no hay demoliciones como ha ocurrido en otras ciudades latinoamericanas.”

En estos momentos la administración de esa parte clave de La Habana está dirigida por un consorcio militar, el Grupo de Administración de Empresas (GAESA), que trabajo bajo el control de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Es una ciudad maravillosa, lo que es que tener ojos para ver la maravilla, dijo Leal que añadió este comentario: “La visión que tenemos de una ciudad viva pro tranquila, de un país en paz, sin crímenes colosales es un atractivo interesante.” Leal, evidentemente, ve venir o sabe de nuevas y graves transformaciones en el país y en la ciudad porque de pronto se apresura para aclarar que la gente quiere conocer La Habana, “antes que todo cambie.”

La ciudad que ellos manejan como una empresa o un carrusel podrá moverse de un lado a otro en los papeles. La Habana que no cambia es la que tienen los cubanos cuando abren la puerta de su casa o en la memoria.

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