Categorías: Opinión
| Publicado:
sábado, 28 de mayo, 2022 2:54 pm

La encrucijada colombiana

 ¿Se expandirá la izquierda, como sueñan los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua? Incluso, como desearían los gobiernos de México y Argentina.
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MIAMI, Estados Unidos. – Leo en una investigación sobre Colombia que la pobreza y la falta de oportunidades aumentan las posibilidades de Petro entre los jóvenes. Hay que decirles a los colombianos que por el camino elegido por Petro no hay redención posible, salvo emigrar, como han hecho seis millones de venezolanos, dos millones de cubanos y un millón de nicaragüenses.

No hay un tema más delicado en América Latina que Colombia. Es la única gran nación de Sudamérica que tiene acceso a los océanos Atlántico y Pacífico. Posee una población, más o menos similar, en números, a la española: Colombia 52 millones, España 48. Pero duplica el territorio español: Colombia, un millón 100 000 kilómetros cuadrados, incluidas las paradisíacas islas del archipiélago San Andrés; España, medio millón, sin exceptuar las Baleares, las Canarias y las ciudades de Ceuta y Melilla, vinculadas por la geografía (y no por la historia) al reino marroquí.

Colombia es un país de desarrollo medio con todos los climas y todos los ambientes. Tiene decenas de universidades, pero solo dos están incluidas en los informes de los tres rankings más prestigiosos de cuantos existen: la Universidad de los Andes y la Universidad Nacional. El resto gradúa profesionales muy competentes, pero hacen poca investigación. Colombia elabora unos 60 000 objetos de los que el país consume habitualmente. Desde palillos de dientes y desodorantes, hasta las vacunas muy complejas, conseguidas por el inmunólogo Manuel Elkin Patarrollo, como las que ha desarrollado contra las variantes del COVID-19 y su ya antigua (y controvertida) vacuna contra la malaria. 

 ¿Se expandirá la izquierda, como sueñan los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua? Incluso, los gobiernos de México (AMLO) y Argentina (Cristina Fernández, la vicepresidenta, quien allí manda porque tiene los votos). No lo creo. La izquierda debe conformarse con Chile, donde reina Gabriel Boric. Pero no lo creo del país que eligió a Uribe. 

En esa época se pensaba que Santos iba a ser una especie de Uribe 2.0, pero le salió la criada respondona, y luego regresó el uribismo con Iván Duque. No creo ―insisto― en que la mayoría seleccionaría a Petro. La pregunta que se hace el New York Times (“¿Está lista Colombia para elegir a un gobernante de izquierda?”) tendrá una respuesta contundente. Será alguien de la centroderecha como Fico Gutiérrez, Sergio Fajardo o Rodolfo Hernández, siempre que no se maten entre ellos. 

Habrá que esperar al ballotage, a la “segunda vuelta”, para decidir, finalmente, quién será el ganador. Yo apuesto por Fico. Estuvo muy bien en los debates. Fue brillante. No acudir a ese ejercicio es un grave pecado. No quiere decir que el hecho de que un candidato no haya participado de los debates no sabrá cómo gobernar, pero es evidente que existe una limitación mayúscula en no poder verbalizar los planes de gobierno y el ataque a las otras opciones. 

Eso acaso quiere decir que no se ha pensado lo suficiente en los demás. Las personas que no pueden anticipar los problemas tienen una tremenda falta de imaginación, y la imaginación es necesaria para gobernar bien. Los romanos creían que la facultad de expresarse bien era sinónimo de talento. Por lo menos esa era la postura de Quintiliano, el gran pedagogo de Roma, maestro de Retórica, nacido en el siglo I de nuestra era. Hoy sabemos que no necesariamente es así, pero existe un vínculo entre los dos rasgos. 

¿Qué es gobernar bien en la Colombia actual? Sin duda, ceñirse a la ley. Si se jura la Constitución es porque se piensa cumplir. Eso es fundamental. Además, hay que cobrar pocos impuestos, atraer cuantiosas inversiones y ser muy cuidadoso con el gasto público. Las economías abiertas, y Colombia lo es, no dejan mucho espacio para la planificación. Por eso es importante que al frente del Estado y del Gobierno no quede un “planificador”, sino una persona que sea capaz de ver las cosas positivas que se ofrecen y las asuma. Es el momento de la imaginación y de convertirlo todo en oportunidades. 

Incluso, es una oportunidad de reducir la inmensa corrupción que existe en Colombia a todos los niveles de gobierno. ¿Cómo se combate la corrupción? Sin duda, con el código penal en la mano. Hay que meter en la cárcel a los corruptos, pero evitando que los actos de gobierno se conviertan en una vendetta. Tal vez recuperando parte del dinero mal habido sea suficiente. Es decir, el ganador de la “segunda vuelta” debe pensar en el futuro y no dedicarse como un obseso a salvar el pasado, que ya sabemos que es insalvable. 

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Reside en Madrid desde 1970. Ha sido profesor universitario en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es escritor y periodista. Varias decenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos recogen desde hace más de treinta años su columna semanal. La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más influyentes en lengua española. Se calcula en seis millones de lectores semanales quienes tienen acceso a sus artículos en español, inglés y portugués. Montaner ha publicado una veintena de libros. Varios han sido traducidos al inglés, al portugués, el ruso y el italiano. Entre los mas conocidos y reeditados están Viaje al corazón de Cuba, Cómo y por qué desapareció el comunismo, Libertad: la clave de la prosperidad, y las novelas Perromundo y 1898: La Trama.

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