La ejecuciónes simuladas en prisiónes cubanas

La ejecuciónes simuladas en prisiónes cubanas

Los políticos cubanos debieran hacer una investigación como el Senado estadounidense sobre las torturas a prisioneros en las cárceles durante el “Periodo Especial” y, desde 1959: Ejecutaban a los prisioneros con balas de salva

CeldaLa Habana 11 de diciembre de 2014. La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) utilizó el ahogamiento simulado para obligar a hablar a los terroristas de Al Quaeda. La Dirección de Establecimientos penitenciarios de Cuba (DEP) también utilizó en su momento la tortura sicológica de la ejecución simulada para mantener la disciplina de los prisioneros en sus centros penitenciarios.

La convención contra la tortura no permite “circunstancias excepcionales” en las que se pueda vejar a detenidos. Así lo reconoció recientemente el senado de los EEUU en la difusión de su informe sobre las torturas de la CIA contra terroristas en la administración del presidente Bush, hijo.

En Cuba, también se tortura. En la tenebrosa cárcel de Kilo 7, los presos gritaban contra las golpizas a otros presos.  De tenebrosa memoria son las celdas de castigo. Los  fusilamientos fusilados llenan las memorias del presidio político cubano de las décadas del 60 y 70.

Cuando en el llamado “Periodo Especial” las carencias y el hambre dispararon los niveles de descontento en el pueblo, la Dirección de Establecimientos Penitenciarios implantó un régimen de terror sicológico y físico contra la población penal. Su objetivo era evitar posibles desordenes o amotinamientos en los centros penitenciarios debido a la escasez en los suministros de las prisiones.

Volvieron a utilizar las ejecuciones simuladas. Quienes estuvieron encarcelados a principios de los años 90 en la Prisión Especial de Camagüey (Kilo 8) sufrieron dicha práctica.

Se implementaba principalmente en los llamados días de la defensa (son los días en que se entrena militarmente al pueblo y a las instituciones del Estado a combatir a una supuesta invasión extranjera, y a la oposición).

La ejecución simulada empezaba temprano en la mañana. La guarnición de la prisión se ataviaba con sus uniformes antimotines, e irrumpía con marcha marcial en el penal con ametralladoras AK 47.

Frente a la reja de cada celda y galera se apostaban dos carceleros. Uno de ellos armado con la ametralladora. A la orden de un superior los carceleros primero celda 2cargaban el arma, después la apuntaban al techo del pasillo, y todas disparaban al unísono a la orden de fuego. El ruido era ensordecedor en cada una de las celdas.

Aunque las balas eran de salva, dicha práctica de intimidación era una cruel tortura sicológica, que hacía temblar por su vida a más de uno, y sembraba el pánico entre la población penal.

Cuando terminaba el ejercicio los carceleros se mofaban de las caras de miedo que ponían los prisioneros. Los guardias más radicales le decían a los reos más revoltosos que eso era lo que les iba a ocurrir a todos si se atrevían a amotinarse, en caso de que cayera el gobierno, o en caso de invasión.

No pocos reos sufrieron pesadillas mucho tiempo después de ser prohibida esta práctica, unida a otras prácticas de tortura física y sicológica, como palizas y privación de sueño a reclusos molestos o indisciplinados.

Los políticos cubanos debieran dejar a un lado su política de no lavar sus trapos sucios en la plaza pública. Debieran hacer una investigación y redactar también un informe como el senado norteamericano sobre las torturas a prisioneros en las cárceles en el llamado “Periodo Especial” en la década de los años 90 y, en décadas anteriores, desde 1959.

Porque si como se dice, la Convención contra la tortura no deja a nadie afuera, ni los mismos torturadores, ni los responsables políticos, ni los funcionarios que dan las órdenes, entonces el gobierno cubano llenaría varias salas de un juzgado.

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Julio Cesar Álvarez

Julio César Álvarez López (1968)

Graduado en 1990 de la Escuela Superior de Contrainteligencia Hermanos Martínez Tamayo. Detenido en 1992 por colaborar con los Grupos de Derechos Humanos y sancionado por un Tribunal Militar a 19 años, de los que cumplió 16, siete de ellos en la Prisión de Máxima Severidad de Camagüey.

Salió en libertad condicional en abril de 2008 y cursó estudios de computación y fotografía digital en la iglesia San Juan Bosco. Sabe Inglés y en la actualidad estudia Alemán. Reside en La Habana.

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