Jesús muere en su natalicio

Jesús muere en su natalicio

La Navidad es fiesta para más de mil millones de cristianos en el mundo, menos para los cubanos

Navidad-en-La-HabanaLA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -Siempre es buena la Nochebuena para más de mil millones de cristianos en el mundo, menos para los cubanos. Pero esta vez, más que mala, se perfila atroz. Es como si Jesús estuviese muriendo aquí en vísperas de su natalicio.

Mientras las máximas autoridades del cristianismo guardan silencio ante las palizas que la policía política propina a las Damas de Blanco, cristianas devotas, mujeres indefensas, defensoras de la paz, el amor, la concordia; y mientras el régimen cocina nuevas prohibiciones contra el trabajo por cuenta propia y sigue amarrando corto toda expresión de libertad ciudadana, resulta ostensible que nuestra gente de a pie no ha estado este año para arbolitos de navidad, y que aun cuando jamás despreciaríamos la profana ocasión de empinar el codo y de caerle en masa a la carne de puerco, los frijoles negros y la yuca con mojo, parecen ser demasiados los que esta vez han debido dejarla correr.

Incluso, a diferencia de años anteriores, los carniceros no escondieron sus piezas hasta los últimos días, con la intención de poder aumentarle el valor. No hizo falta, pues los precios ya estaban demasiado altos, y la demanda siguió en picada.

Es que la liquidez continúa escalando las nubes. En tanto las remesas se estriñen. Y no acaba de tocar puerto cubano el barco que trae la máquina de hacer dinero para los pobres. Así, pues, cada día son menos los que pueden acceder no digamos ya a un modesto adornito navideño, sino al clásico puerco asado.

Si bien en los últimos tiempos la gente se mostró dispuesta a entrar en el juego de un presunto renacimiento de la fe católica -al menos en lo que respecta a conmemoraciones y festejos-, es revelador el hecho de que la actual navidad está pasando por La Habana si saber que pasó, especialmente para los humildes.

Ahora mismo es posible caminar a todo lo largo de las calles Carlos III, Reina, Infanta, Belascoaín, Galiano o San Rafael, entre otras conocidas arterias capitalinas, sin que encuentres una sola casa particular ni un negocio de cuentapropistas donde haya arbolitos u otros emblemas que son propios de la ocasión. Eso por no hablar de los barrios marginales, ni de la periferia. Sólo en alguno que otro hogar de copete se aprecian asomos de celebración. Igual que sólo algunos bien posesionados van repartiendo sus felicitaciones entre el público.

Tampoco el régimen se ha tomado a pecho estas navidades. Decretó receso escolar hasta el 6 de enero, pero es obvio que le conviene como medida de ahorro, mientras para las familias de los estudiantes no significa sino un nuevo dolor de cabeza, ya que tendrán a los niños a tiempo completo en casa, con los consecuentes gastos extras en alimentación y con el compromiso, siempre costoso y complicado, de asegurarles algunas mínimas distracciones vacacionales.

Por lo demás, los establecimientos comerciales del Estado no le han dado calor este año al ambiente navideño. Uno no sabe si reír o llorar ante las escasas, torpes, pobres, ridículas alusiones que muestran los que venden en moneda nacional. Pero no queda lejos en pobreza y mediocridad la ambientación navideña en las vidrieras de tiendas y otras entidades que comercializan en divisas. En el inmenso mercado de Carlos III hay sólo una leve alusión cerca de la puerta de entrada, por cierto, custodiada por un vigilante que prohíbe fotografiarla.

En suma, después de un largo recorrido, el más efusivo homenaje al Hijo de Dios en estas nuevas festividades por su natalicio, terminé hallándolo en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, de la calle Reina, donde además de un modesto pero hermoso arbolito, se exhibe una de las únicas proclamas de “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo” que es posible encontrar ahora mismo en La Habana. Lástima que el arbolito haya sido bloqueado con bancos y cordeles para que el público no pueda acercarse mucho a sus adornos. Por si las moscas, digo yo.

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José Hugo Fernández

José Hugo Fernández es autor, entre otras obras, de las novelas El clan de los suicidas, Los crímenes de Aurika, Las mariposas no aletean los sábados y Parábola de Belén con los Pastores, así como de los libros de cuentos La isla de los mirlos negros y Yo que fui tranvía del deseo, y del libro de crónicas Siluetas contra el muro.

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