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Inflación en Cuba: un círculo vicioso

Cuba, Mercado agropecuario

MADRID, España. — En política económica es fundamental acertar con objetivos e instrumentos. El último dato de inflación en la economía cubana, correspondiente al pasado mes de febrero, un 23,03% en tasa interanual, ha sido una grata sorpresa comparado con el registro de final de año, que fue un 77,3%. En dos meses la tasa de inflación se ha reducido en más de 50 puntos porcentuales, alejándose de los niveles de espiral que había alcanzado en 2021 como consecuencia de los efectos devastadores de la Tarea Ordenamiento.

El ministro de economía del régimen, Alejandro Gil Fernández, no aludió a ello en la última reunión del Consejo de Ministros, probablemente porque no quiere lanzar campanas al vuelo. Sabe que con el cambio en el entorno internacional provocado por la guerra de Rusia en Ucrania, las tensiones inflacionistas volverán a golpear a la debilitada economía cubana.

El funcionario no habló de una cierta recuperación de la economía no exenta de “tensiones”. A tenor de los datos ofrecidos, no es posible confiar en perspectivas positivas para el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Lo más probable es que la economía cubana experimente, como el resto del mundo, una progresiva ralentización de la actividad por los efectos adversos de una coyuntura internacional que condicionará el crecimiento en los próximos meses.

Dicho en otras palabras: la tasa de crecimiento del PIB del 4% para 2022 en la que se basa el plan de la economía no se va a poder alcanzar y, una vez más, los restantes indicadores que se vinculan a este, tampoco. Las proyecciones volverán a fracasar y esa inercia de los dirigentes y el rechazo a realizar nuevas estimaciones del crecimiento más ajustadas a la realidad les hacen perder credibilidad y confianza.

Lo cierto es que todavía estamos a la espera de los datos del cuarto trimestre, que pueden condicionar el resultado del conjunto del año, pero es evidente que el turismo no funcionó, los motores internos de la economía están apagados, y tan solo se ha observado, a juzgar por lo dicho por el ministro, una cierta mejoría en las exportaciones clásicas (alcohol, tabaco, níquel) que no superan el 20% de un año normal.

En nuestro cálculo, el cuarto trimestre no habrá sido suficiente, en términos de crecimiento, para contrarrestar los resultados negativos de los tres primeros. Lo más probable es que la economía cierre el año cerca de la recesión. El segundo semestre dirá qué ha ocurrido, pero no hay un solo indicador de la economía cubana que anticipe alguna mejora. Los dirigentes deberían ir trabajando en revisar las previsiones antes de que la economía vuelva a entrar en un círculo vicioso del que no podrá salir si no se activan reformas estructurales de gran calado.

Y así, tras un ejercicio de responsabilidad, habrá que volver al principio. Y ese tiene que ver con el aumento de los precios, un 23,03% en febrero es una tasa elevada, pero en descenso con respecto a la registrada en diciembre. No sería bueno que esa tasa volviera a aumentar, e incluso, que se mantuviera a ese nivel durante 2022. Todas las previsiones de la economía mundial para los próximos meses indican que el escenario vendrá dominado por tensiones inflacionistas que van a golpear a todos los países en función de su grado de apertura. La economía cubana, muy abierta al exterior, puede verse afectada por lo que viene. Para ello hay que prepararse para evitar que la inflación vuelva a reducir el poder adquisitivo de la población y acabar por hundir el valor del peso en los mercados informales.

No son malos presagios, es un ejercicio de realismo y una llamada de atención a los dirigentes para que se acerquen a la realidad práctica de la economía. Los dirigentes comunistas a buen seguro no elevarán los salarios de los cubanos para afrontar los excesos de la inflación. Es lo que ocurre en los países donde la izquierda gobierna. Los trabajadores se resignan a reclamar aumentos salariales, pero esa moderación de salarios en Cuba tiene muy poco que ver con el aumento desmedido de salarios al comienzo de la Tarea Ordenamiento, que provocó la insolvencia de más de 500 empresas estatales.

Ya es conocido que las decisiones económicas en Cuba tienen poco que ver con la racionalidad económica. Dicho de otro modo: si las autoridades cambian la perspectiva y deciden aumentar los salarios y los costes de las empresas para compensar la inflación, lo que van a conseguir es una espiral de precios que puede acabar arrastrando a la economía cubana a un callejón sin salida. Los analistas lo tienen claro: si el entorno de la economía mundial es incierto, lo que pueda ocurrir en Cuba es mayor aún.

Menos crecimiento económico y una inflación elevada a niveles históricos obligan a los dirigentes comunistas cubanos a poner en marcha, de forma urgente, una política económica dirigida a controlar la inflación huyendo de las prácticas habituales de precios topados, controlados y centralizados, que acaban provocando un daño mayor en términos de abastecimiento de la oferta.

La economía cubana tiene por delante una ecuación en la que se combinan la crisis energética, los problemas de suministros y de fletes marítimos, de precios de las materias primas y de falta de divisas para asumir los compromisos internacionales de deuda. Al mismo tiempo, un déficit que impide al sector público ir más allá. Y un sector privado que no acaba de despuntar, porque el régimen comunista lo impide. Luego dirán que la culpa es del bloqueo y embargo, pero los cubanos ya saben que no es así. Otro 11 J es posible.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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