Gracias por la pocilga

Gracias por la pocilga

El gobierno cubano ha comenzado a entregar casas en mal estado a albergados. ¿Ignoran que lo barato sale caro?

Albergue La Granjita (foto de Internet)
Albergue La Granjita (foto de Internet)

LA HABANA, Cuba. -“Está bueno, pero hay que hacerle sus cositas”, dice la dueña acerca del apartamento, adquirido hace no mucho tiempo, en una apartada comunidad de las afueras de La Habana. Luego de más de una década en un albergue, finalmente le asignaron esa propiedad a precios preferenciales, que irá pagando a plazos.

Las “cositas” a las que se refiere no son pocas, ni mucho menos fáciles de conseguir. La cocina y el baño no cuentan con un solo azulejo, las tuberías de desagüe están rotas y el inodoro no está fijado al suelo. Por otra parte, las paredes fueron malamente pintadas con cal, faltan interruptores y tomacorrientes, y las luminarias cuelgan de los cables que salen por un agujero en el techo. Tampoco hay un piso puesto; el estucado que existía al principio se ha ido levantando y dejado el relleno al descubierto.

En pocas palabras, a la mujer dieron una pocilga, aunque las autoridades del Ministerio de la Construcción (MICONS), así como las del Instituto de la Vivienda (INV), hayan otorgado a los apartamentos como el de ella el eufemístico nombre de “viviendas progresivas”, porque “se supone” que el propietario “puede ir mejorando (terminando) en un futuro”. Sobre ese tema versó una reciente transmisión del programa Cuba Dice, un show televisivo que, si no fuera por la tragedia humana que implica siempre, podría ser considerado humorístico dada la burla que supone para la audiencia.

Cámara en mano, los entusiastas periodistas del oficialismo llegaron a una “moderna comunidad”en donde no existe siquiera un policlínico o un teléfono público. “Estamos apartados del mundo”, se quejaba una joven residente; y parece que tenía razón, pues en todo el tiempo que duraba el reportaje no se veía ni un solo ómnibus o la mínima actividad en las polvorientas calles del lugar. Y eso que estaba editado…

El tema en cuestión era la mala calidad con que son entregadas “algunas” de las construcciones. Varios entrevistados se quejaban de que “ocurren filtraciones cada vez que llueve o si el vecino de arriba limpia”. Aunque también eran frecuentes las expresiones de agradecimiento a “la Revolución” por haberles “regalado” una casa.

Para dejar claro que “no se puede ser malagradecido”, incluso se filmó un albergue donde aún sobreviven quienes esperan por que el Estado les asigne al menos algo propio. “Si me lo dan así mismo, yo lo tomo”, confesaba un padre de familia, que además opinó que trabajando se podría conseguir lo necesario para terminar lo que fuera. Pero, ¿realmente se puede?

“Mi hija estaba reuniendo para los quince de la niña, y de ahí fue que pudimos sacar el dinero”, decía una abuela que vive ahora un poco mejor gracias al piso nuevo y a las reparaciones en su casa, donde obviamente cohabitan al menos tres generaciones. “A mi casa no le falta nada”, respondía triunfante otro entrevistado, y juzgaba luego a “los que no les importa y viven comoquiera”.

Sin embargo, resulta poco posible que algún cubano, con un empleo de menos de veinte dólares al mes, lograse completar su vivienda en un plazo razonable de tiempo. Necesitaría que un pariente o un amigo se compadeciera, o recurrir a la vía que utiliza todo el país: robar, traficar, arriesgarlo todo.

Según se clasifican oficialmente, lo que se entrega a los albergados son viviendas “económicas” porque se abaratan los costos y se agiliza la terminación. Pero, contando con que sus inquilinos luego deben gastarse una fortuna en materiales de construcción, y la poca durabilidad de una edificación cuando su acabado está defectuoso, no resulta nada ahorrativo. Aquí se cumple a cabalidad la máxima de que lo barato sale caro.

Roberto Vázquez, un funcionario del MICONS que conversó con los periodistas de Cuba Dice, apuntó que “se ha reforzado el proceso de control de la calidad” en las construcciones, si bien ello continúa como “asignatura pendiente”. Mientras, las malas prácticas afectan las entregas que se realizan cada año, del orden de las “dos mil y pico, tres mil” viviendas en La Habana, según Euclides Santos, director provincial del INV.

Cuando un edificio es entregado en semejantes condiciones, en breve los problemas de funcionamiento van deteriorando la terminación, de por sí pésima. Al cabo del tiempo, la misma estructura deja de ser segura. Y a largo plazo, el colapso de las comunidades mal hechas supondrá un problema adicional a los miles de albergados que todavía hoy esperan una solución.

[fbcomments]