El escritor en su laberinto

El escritor en su laberinto

García Márquez fue un hombre contradictorio, repudiaba a las dictaduras militares, y admiraba a Fidel Castro. Para juzgarlo, habría que separar al escritor del hombre. El ganador del Nobel de Literatura, terminaría diciendo: “Ningún dirigente político, ningún jefe de Estado oye absolutamente a nadie… “

Gabriel-Garcia-Marquez-fallecio-jueves_LNCIMA20140417_0091_28MIAMI, Florida -A Gabriel García Márquez, el diario El País, de Madrid, lo llamó “genio de la literatura universal”, El Washington Post lo describió como “el gigante de la literatura moderna”, en su natal Colombia, el presidente Santos declaró: “Mil años de soledad y tristeza por la muerte del más grande colombiano de todos los tiempos”, mientras, Cubadebate, sitio oficial del gobierno cubano, destacó que el escritor era un “entrañable amigo de Fidel Castro”.

El Gabo –como le llamaban sus amigos–, nació en el poblado de Aracataca, en 1927. Publicó su primer cuento, La tercera resignación, en 1947; la fama le llegó en 1967 con su cuarta novela Cien años de soledad, y su consagración en 1982 con el Nobel de Literatura. En total publicó 42 libros, entre novelas, cuentos y crónicas periodísticas. Vendió más de 40 millones de ejemplares, en 36 idiomas.

En enero de 1959 viajó a Cuba. Integró el núcleo de periodistas que fundaron la agencia de noticias Prensa Latina. Conoció a Fidel Castro en el aeropuerto de Camagüey. Su amistad duró toda la vida. Solía dialogar con Castro durante toda la noche y la madrugada. Seguramente, de mucho más que literatura.

Desde los años 60, la contrainteligencia mexicana vigiló de cerca las actividades extraliterarias del novelista de Aracataca por sus ideas de izquierda y su activismo en favor del régimen cubano. Esa información fue analizada cuando García Márquez pidió asilo político en México, en marzo de 1981

castro-y-gaboEn diciembre de 1985, Castro le comunica su idea de crear la Fundación Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, de la que García Márquez fue su primer director. Al año siguiente, el escritor colombiano participa en la fundación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión, de San Antonio de los Baños, donde impartió, durante varios años, el curso “Cómo se cuenta un cuento”.

Aunque sus relaciones privilegiadas le permitieron mediar ante Castro para las cosas más disímiles, desde sacar de la isla al escritor Norberto Fuentes —amigo de los fusilados Tony La Guardia y Arnaldo Ochoa—, y al periodista independiente, Raúl Rivero, miembro del grupo de los 75, muchos exiliados cubanos y opositores en la Isla, no le perdonan su estrecha amistad con Castro.

Y el escritor terminaría diciendo: “Ningún dirigente político, ningún jefe de Estado oye absolutamente a nadie. De manera que tener influencia en un jefe de Estado es lo más difícil que hay en este mundo, y finalmente ellos terminan teniendo mucha influencia sobre uno”. (“Juventud Rebelde”, Cuba, 1988)

gabriel-garcia-marquez-cien-anos-de-soledad_113167.jpg_19222.670x503Durante la IV Cumbre Iberoamericana de Cartagena de Indias, en 1994, Gabo paseó junto a su amigo Fidel en coche de caballos por las calles pese a la amenaza de atentado que había contra el líder cubano, y cuatro años más tarde, al visitar la isla el Papa Juan Pablo II, Castro lo invitó a sentarse a su lado durante la misa que el Pontífice ofició en la Plaza de la Revolución.

También realizó discretas gestiones ante Bill Clinton durante la crisis de los balseros, y en 1997, tras los atentados con bomba contra varios hoteles de La Habana, sirvió de correo a Castro para enviar un mensaje a Clinton que posibilitó que ambos países establecieran intercambios secretos de cooperación antiterrorista durante algún tiempo.

García Márquez fue un hombre contradictorio, repudiaba a las dictaduras militares, y admiraba a Fidel Castro. Para juzgarlo, habría que separar al escritor del hombre. O calificarlo, según una de sus novelas populares, como el escritor en su laberinto. Otro escritor de izquierda, Mario Benedettí, escribió: la mala conducta de un hombre no invalida la obra de un hombre.

El también ganador del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, llamó a Gabriel García Márquez ¨lacayo de Fidel Castro, pero afirmó del creador la saga de Aureliano Buendía: “sus obras le sobrevivirán”.

Al Gabo se ajusta perfectamente aquella frase de León Tolstoi: “pinta tu aldea y serás universal”. García Márquez, pintó de magia su pueblo natal, lo convirtió en Macondo, lo hizo universal.

 

 

Nota de la Redacción: David Canela es un periodista independiente, colaborador habitual de Cubanet, que se encuentra de visita en Estados Unidos.

 

 

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