Cómo fueron las primeras escaramuzas de la guerrilla castrista

Cómo fueron las primeras escaramuzas de la guerrilla castrista

Otro de los secretos bien guardados por el Gobierno

Crescencio Pérez, en esta imagen con camisa clara, al lado de Fidel y Raúl Castro en la Sierra Maestra (elmundo.es)

LA HABANA.- Otro de los secretos bien guardados de la dictadura castrista trata sobre el inicio del movimiento guerrillero en la Sierra Maestra, luego de quedar apenas doce hombres en el desembarco fracasado del yate Granma del 2 de diciembre de 1956.

Lo ocurrido a partir de aquel naufragio se ha contado tan mal, que las interpretaciones de los hechos, tanto de Fidel Castro y de sus hombres, como de las informaciones de Ecured, demuestran que hay mucho gato encerrado en toda una historia que aún no se conoce.

Puede decirse, sin lugar a dudas, que los primeros hombres que se incorporaron al reducido grupo de sobrevivientes de Fidel eran campesinos de la Sierra Maestra buscados por la Ley, miembros de una banda que traficaba con drogas y productos a sobreprecio y en los que recaían acusaciones de homicidio: Crescencio Pérez y sus hijos fueron de los primeros, en segundo lugar Guillermo García, arriero de mulas y quien se ocupaba de bajar de las montañas los cargamentos de droga hasta los camiones que iban a La Habana; Vitalio Acuña, Hermes Cordero y otros.

En aquellas circunstancias, era natural que aquellos hombres que vivían al margen de la sociedad se unieran a una guerrilla armada, hambrienta, que luchaba contra los militares.

Tanto Fidel como ellos se necesitaron mutuamente. Al principio, estos bandidos vieron en la guerrilla una fuerza a favor de sus labores ilegales; luego, es posible que se hayan identificado con los argumentos que escuchaban.

Finalizada la etapa guerrillera, tras la partida de Batista del país, tanto Crescencio como todos ellos obtuvieron grados de comandantes y pudieron disfrutar incluso de privilegios.

Sin embargo, tan confusa es la historia de este comienzo de la guerrilla, que todavía hoy, al cabo de más de medio siglo, ni siquiera Fidel Castro y su hermano Raúl se han puesto de acuerdo en contar la verdad de las dos escaramuzas que ocurrieron entre enero y mayo de 1957.

Aunque a los 45 días del desembarco Fidel pensara que sólo su deambular por las montañas sería suficiente para derrocar al régimen, los primeros días de enero vio la oportunidad de hacerse notar.

El 17 de ese mes dirigió el primer enfrentamiento de la guerrilla contra un grupo de militares que custodiaban el pequeño puesto militar de La Plata, una construcción hecha de madera y techo de zinc, asaltada de madrugada por 19 hombres armados.

Según dijo Fidel al periodista Ramonet: “Ese fue nuestro pequeño combate victorioso, donde murieron hasta las cotorras del cuartelito”.

Aun así, el Che se quejó de la baja moral de quienes integraban la guerrilla, de su falta de ideología y su mala preparación física, de que traían consigo cosas inútiles y de que sólo se comía una vez al día. También Celia Sánchez se oponía a la presencia de los campesinos, a lo que Fidel le respondía que era su única salida para sobrevivir.

Tres meses después, en abril, Fidel Castro y sus hombres subieron al Pico Turquino para hacer contacto con periodistas norteamericanos de la Radiodifusión de Columbia, a quienes dijo él era “opuesto al derramamiento de sangre y que sólo quería lograr un clima para que cayera Batista y restaurar así la Constitución de 1940”.

Días después, el 28 de mayo, atacó de madrugada el puesto militar de El Uvero, través de una sucia maniobra. Mandó a que un trabajador de la zona, repartiera bebida a los miembros de la tropa del cuartelito para emborracharlos. Estos, semiborrachos y aturdidos, se enfrentaron de madrugada a treinta guerrilleros armados. El resultado era de esperar: prácticamente todos los guardias resultaron muertos o heridos graves y Fidel obtuvo armas, alimentos, ropa y medicamentos.

A Ramonet, dijo sobre El Uvero: “Fue el más duro, riesgoso, audaz y nada conveniente, realizado sólo por solidaridad con unos cubanos que por esos días desembarcaban por el norte de la provincia”.

Y el Che la consideró como “la mayoría de edad de la guerrilla y el combate más sangriento”, precisamente donde él fue ascendido a comandante.

Al triunfo de la Revolución, cuando Celia supo que Crescencio continuaba traficando con droga, se opuso a que tanto él como el resto de ese grupo recibieran cargos políticos. Los apartó del poder y les regaló fincas en Oriente, para tenerlos lejos de La Habana.

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