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En medio del coronavirus, el castrismo garantiza sus dólares

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Parada de ómnibus. foto del autor

LA HABANA, Cuba.- La paralización del transporte público y privado en toda la Isla ha sido calificada por muchos como una medida excesiva del gobierno en su lucha contra el coronavirus. Máxime si consideramos que fue adoptada cuando aún el país no ha entrado en la fase más crítica de la pandemia. Pudieron haber limitado la cantidad de pasajeros por ómnibus, y no llegar al cierre total. No faltan voces que apuntan que, por carambola, las autoridades aspiran a lograr un ahorro sustancial de combustible, uno de los elementos neurálgicos de la economía cubana. O como decimos los cubanos: matar dos pájaros de un tiro.

Pero esa no sería la única mala noticia que recibirían los cubanos esa tarde durante la celebración de la Mesa Redonda de la televisión. También la ministra de Comercio Interior dio a conocer decisiones controversiales con el objetivo declarado de disminuir las colas y aglomeraciones de la población en los establecimientos comerciales.

Dijo la Ministra que en lo adelante los centros comerciales solo venderán alimentos y artículos de aseo, o sea, que si alguien necesita una camisa o un par de zapatos, deberá esperar. Los restaurantes y cafeterías, tanto estatales como privados, solo ofertarán comida para llevar

Además, se confeccionarán módulos de aseo y alimentos para “dinamizar” las ventas. Una dinamización que no agrada a ningún consumidor, pues esos módulos se prestan para incluir artículos de dudosa calidad que no han sido seleccionados previamente por los consumidores.

Por otra parte, se cierran centros comerciales de gran afluencia de público, como la Plaza de Carlos III, la Puntilla, Cuatro Caminos y la Época, entre otros.

Sin embargo, hay un tipo de actividad comercial para la cual no hay restricciones en medio del coronavirus, y al parecer donde no importa que haya colas o aglomeraciones. Se trata de las ventas en moneda libremente convertible (MLC). Esos departamentos se mantienen prestando servicio, aun si el resto de la tienda se cierra.

Claro, el gobierno desea que las personas continúen yendo a los bancos —que casualmente tampoco se cierran— para depositar sus dólares, que les permiten comprar los Split, frezers, bicicletas eléctricas, partes y piezas de motocicletas, y otros bienes que solo pueden adquirirse con la moneda del “enemigo”. Y, por supuesto, si se cierran las tiendas que venden esos artículos, las personas no depositarán más dólares en los bancos.

Estamos en presencia, sin dudas, de una jugada muy bien estudiada por el equipo gubernamental que enfrenta la pandemia del coronavirus, y que dirige el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil.

La pretendida cifra de cinco millones de turistas en este año ya no se alcanzará, con la consiguiente afectación de los ingresos en moneda libremente convertible. Una afectación que seguramente no será compensada ni con el rápido envío de brigadas médicas a naciones de varios continentes.

En esas condiciones ya la orden está dada: ¡que los ciudadanos se pongan sus nasobucos, y que mantengan la separación de un metro en las colas que puedan formarse, pero que vayan a esas tiendas especiales, y gasten sus dólares!

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