Juraguá, ¿nuestra bomba nuclear truncada?

Juraguá, ¿nuestra bomba nuclear truncada?

Las ruinas de lo que pretendía ser la primera electronuclear de Cuba, fueron alguna vez mi centro de trabajo

fideljuraguaGUANTÁNAMO, Cuba.- Al graduarme en abril de 1981 como Licenciado en Derecho en la Universidad de La Habana, fui el primer jurista destinado a cumplir su servicio social en la Unidad Presupuestada Inversionista Primera Central Electronuclear de Cuba, (U.P.I. CEN) ubicada en las cercanías del poblado de Juraguá, municipio de Abreus, provincia de Cienfuegos. De ahí que la reciente información del sitio oficial Cubadebate sobre la conversión de los vestigios de la CEN en un vertedero químico ha resucitado en mí varios recuerdos.

A pesar de la traumática experiencia de los sucesos de la embajada del Mariel, que viví en La Habana, creía profundamente en los líderes del proceso cubano, era disciplinado y, además, militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Así que cuando Zorayda Rodríguez, jefa de Recursos Humanos de la CEN, se presentó en mi casa a finales de agosto de 1981 y me informó que si no me incorporaba al trabajo iban a anular mi título (yo deseaba ser abogado y no asesor jurídico) opté por cumplir su mandato.

¿Nuestra bomba nuclear truncada?

Después de haber pasado por la Central, he pensado varias veces sobre cuál sería el verdadero objetivo de un proyecto como ése. El programa nuclear de Corea del Norte y lo ocurrido en Irán me han convencido de que el enriquecimiento de uranio y hasta la obtención de una bomba nuclear no son simples fantasías conociendo la beligerancia y el ego de quien fue el primer mandante de la nación.

Cuando llegué a la Central junto con otros profesionales destinados a cumplir el servicio social, un ingeniero nuclear nos impartió una conferencia. Según él una Central Termoenergética era más eficiente que una electronuclear pues aprovechaba más el combustible. Y el costo de éste para esta última era mayor comparado con el del petróleo usado en una termoenergética.

En lo único que la electronuclear aventajaba a las termoenergéticas era en el abaratamiento de la producción de energía. Pero teniendo en cuenta que la Unión Soviética (URSS) mantenía un suministro estable de petróleo a Cuba, a precios subsidiados, mi sospecha no es absolutamente infundada, mucho más cuando la electronuclear de Juraguá era la primera de un plan de tres que pensaban construirse en el país.

Las electronucleares soviéticas fueron presentadas por el ingeniero como las más seguras del mundo y la de Juraguá sería una de las de última generación, a prueba de terremotos, tsunamis y hasta preparada para resistir el impacto de un avión.

Otro dato me llamó la atención y fue la distancia a la que estaría situada la electronuclear de Cienfuegos, sólo 11 kilómetros, cuando las normas internacionales sugerían que la distancia mínima de un núcleo poblacional debía ser al menos de 32 km. Todavía no había ocurrido el desastre de Chernóbil, precisamente una electronuclear de similares características a la que se iba a construir en Juraguá.

De revolucionario a conflictivo, de conflictivo a contrarrevolucionario

Cuando llegué a la Central, mi romanticismo juvenil me impedía creer que cumplir fielmente lo que decían Fidel y Raúl en sus discursos podía traerme problemas. Por entonces el General de Ejército había iniciado una campaña por la exigencia y yo había colocado en mi oficina varias frases suyas convocando a la crítica y contra el oportunismo. Intenté cumplir con tales orientaciones y la Central me enseñó las dobleces del castrismo, algo que me confirmó el ejercicio de la abogacía.

Todo comenzó cuando detecté irregularidades en el pago de salarios que no se correspondían con lo establecido, lo cual hice saber a Julio César Castro Palomino,   director de la inversión, fallecido en 1982 en un lamentable accidente. A esa denuncia se unieron otras sobre el uso del transporte por parte de los dirigentes, el otorgamiento indebido de dietas y el derroche de combustible y materiales de trabajo. Muchos miembros del consejo de dirección se enemistaron conmigo.

Mis denuncias coincidieron con mi matrimonio con una colombiana. Enterado, el oficial de la Seguridad del Estado que atendía la inversión me citó a sus oficinas y me dijo que no podía continuar trabajando allí por estar casado con una extranjera. Al alegar que muchos cubanos casados con soviéticas, checas, alemanas y búlgaras también trabajaban allí me respondió que esas mujeres eran del campo socialista.

En abril de 1983 salí de la Central sancionado por la UJC y con un cartelito de conflictivo que en aquélla época acarreaba no pocas consecuencias desagradables, entre ellas la de no hallar trabajo en ningún lugar por la labor de zapa que me hicieron desde la Central y desde el Departamento de Asuntos Jurídicos del Comité Provincial del Partido.

Pensé que trasladándome de provincia todo cambiaría pero la vida me enseñó que en una dictadura defender la verdad y los más elementales derechos humanos siempre trae problemas. Definitivamente creo que la Licenciatura en Derecho no era la carrera indicada para mí, al menos en un país como éste.

Ya no soy conflictivo. Ahora, según los que me discriminan y persiguen, soy contrarrevolucionario. Viniendo de ellos, más que una ofensa es un elogio.

Nada se ha informado sobre el tipo de desechos que recibirá la que un día fue catalogada como la Obra del Siglo. También se desconoce si esa parte de nuestro país se convertirá en un reservorio internacional de desechos nucleares, algo que, sin dudas, ofrecería pingües dividendos al castrismo aunque las ruinas de la Central se conviertan en una peligrosa espada de Damocles sobre Cienfuegos, desde cuyo malecón puede divisarse su cúpula gris, huella indeleble de otro de los sueños defenestrados del Comandante.

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