¿Elecciones para qué?

¿Elecciones para qué?

Cuba es el único país de América Latina que en vez de contar con un sistema electoral democrático para la provisión de cargos políticos, con elecciones libres, honestas e imparciales, donde el pueblo pueda escoger entre varios partidos políticos, asume sin pena alguna una hábil mascarada electoral desde 1976

fidel-votando LA HABANA, Cuba. — Por estos días, la prensa castrista ha destacado con lujo de detalles las elecciones ocurridas en varios países latinoamericanos. Cualquiera pudiera preguntarse por qué Fidel Castro no hace una Reflexión, con su vieja consigna de ¨ ¿Elecciones para qué?¨

Podría explicar por qué Cuba es el único país de América Latina que en vez de contar con un sistema electoral verdaderamente democrático para la provisión de cargos políticos, con elecciones generales directas, libres, honestas e imparciales, donde el pueblo pueda escoger entre varios partidos políticos, asume sin pena alguna una hábil mascarada electoral desde 1976.

Si hay quienes se preguntan por qué en Cuba no hay elecciones como Dios manda, sino como manda Fidel, es bueno conocer que en los comienzos de su carrera política, el asunto de las elecciones le ocasionó una fuerte perturbación emocional, o como se dice en términos médicos, un shock traumático.

Por los años cuarenta, en varias ocasiones, resultó derrotado como aspirante a la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria –FEU-. Luego, cuando se postuló para la Cámara de Representantes por el Partido Ortodoxo, en las elecciones de 1952, también sus ansias de poder se vieron frustradas. A sólo 50 días de las elecciones generales, Batista dio un golpe de estado. Seguramente se lamentó por no haberlo logrado él un poco antes, cuando intentó llevar a Palacio el cadáver de Chibás: ¨Lo que no podrá olvidarse nunca¨. Así dijo o se le fue, en su última Reflexión, el pasado 14 de octubre.

Con ese pasado suyo tan borrascoso, tan lleno de magulladuras, ¿cómo iba a pensar en elecciones libres, confiar en un pueblo acostumbrado a la libertad política durante más de medio siglo de República, voluble, chancero, burlón, apático, con su buena dosis de pesimismo y su doble moral?

Mantuvo un gobierno sin sufragio durante diecisiete años. Según muchos que lo conocen bien, tal vez cautivado aún por los escritos de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, una rama española del fascismo.

No confiaba en el pueblo para hacer unas elecciones a la manera tradicional y democrática.

Los dos primeros años de su gobierno, fue un tormento para Fidel el asunto de las elecciones, una espina de pescado atravesada en su garganta. El 22 de enero de 1959, durante un discurso en Venezuela, acribillado a preguntas por los periodistas, aclaró que en dos años realizaría las elecciones. Más tarde, el 9 de abril, las pospone hasta eliminar el desempleo y el analfabetismo, un pretexto en el que muy pocos creyeron. Y el 1ro de mayo de 1960, en otro de sus discursos, lanza al fin la consigna definitiva de ¿Elecciones para qué?

Experiencias comenzó a tener y muchas, cuando el 24 de mayo de 1959, el Frente Obrero Humanista venció a los comunistas en las elecciones sindicales de la Confederación de Trabajadores de Cuba –CTC- y también cuando tuvo que hacer una maniobra para apartar a Pedro Luis Boitel como dirigente estudiantil de la FEU –muerto más tarde en prisión- y nombrar a Rolando Cubela.

El caudillo tropical siempre ha tenido presente los ¨plebiscitos¨ espontáneos que han ocurrido bajo su gobierno: Entre los años 1960 y 1965, miles de campesinos se alzaron en la zona del Escambray, para luchar en una guerra de guerrillas contra el castrismo. En 1965, más de treinta mil personas salieron en un mes hacia Estados Unidos durante el éxodo de Camarioca. Los miles de presos políticos plantados en sus cárceles. Lo ocurrido en 1980, cuando entraron diez mil personas a la embajada del Perú en una semana y luego partieron por el puerto del Mariel, hacia Miami, más de 125 mil en pocos días. Por último, en 1994, durante la Crisis de los Balseros, cuando 37 mil llegaron a Estados Unidos por mar.

El 6 de noviembre de 1989, por primera vez en Cuba, un nutrido grupo de opositores pacíficos del Partido Pro Derechos Humanos –PPDH-, desde el mismo corazón de La Habana, pidió públicamente un Plebiscito para Cuba, al estilo del ocurrido en Chile ese año, para decidir si el pueblo quería o no mantener la dictadura de Fidel. La rápida reacción del caudillo fue llamar ¨cucarachas ¨ a los miembros del PPDHC y enviarlos a prisión al día siguiente. Algo propio de un gobierno terrorista.

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