Elecciones libres vs. farsa electoral

Elecciones libres vs. farsa electoral

Tendremos nuevo dictador, al menos nominalmente, pues todo el poder continuará en manos de la familia Castro

Raúl Castro votando durante elecciones parciales (Foto: Granma)

CUBA.- Durante el 2018 se realizarán elecciones presidenciales en varios países del continente americano. México, Colombia, Brasil, Paraguay y Costa Rica elegirán sus respectivos presidentes en contiendas libres y democráticas. Venezuela también votará y Nicolás Maduro hará todo cuanto crea necesario, por antidemocrático que sea, para asegurarse seis años más en el Palacio de Miraflores.  En Cuba habrá nueva farsa electoral, nuestro país es el único en el hemisferio occidental donde no se celebran elecciones democráticas en más de medio siglo. Lo novedoso esta vez, será que tendremos nuevo dictador, al menos nominalmente, pues todo el poder continuará en manos de la familia Castro.

En toda nación verdaderamente democrática, con elecciones libres, pluripartidistas y justas, nadie puede estar seguro de, hasta tanto se anuncian los resultados, quien es el ganador. Por eso a la familia Castro le causa mucha preocupación y hasta dolores de cabeza, los resultados en procesos electorales de otras naciones, sobre todo cuando han invertido mucho en sus aliados políticos.  En casa, por ahora, no tienen de qué preocuparse. Los resultados de las votaciones del 11 de marzo para delegados provinciales y diputados y del 19 de abril para “presidente” y demás cargos del Consejo de Estado, serán los que ya planificaron. Para quienes muestren desacuerdo, están sus efectivas fuerzas represivas y sus tenebrosas prisiones.

Entre las prioridades del régimen castrista en los procesos electorales del 2018 en el continente, están: que Maduro consume el fraude que le asegure la reelección; que Lula Da Silva evite el juicio, o la condena, por corrupción, que le inhabilitaría para optar por la presidencia; que López Obrador resulte por fin electo presidente de México; y que se haga el milagro y el narcoterrorista, devenido político, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, se alce con el triunfo y comience la cubanización de Colombia, tal cual Chávez y Maduro hicieron en Venezuela.

Elecciones libres vs. farsa electoral

Si comparamos el proceso del cual saldrá el heredero de Raúl Castro en Cuba el próximo mes de abril con las elecciones libres y competitivas del 1 de julio en México, veremos la abismal diferencia que existe entre una nación democrática, con sus virtudes y defectos, y un régimen dictatorial donde se hace solo la voluntad de un hombre, una familia o de unos pocos individuos que se creen iluminados y con la misión de decidir por todos.

En Cuba solo existe, “legalmente”, un partido político: el Partido Comunista (PCC). Este persigue y encarcela a quienes intentan asociarse con la intención de participar en la vida política de la nación de manera independiente. El “presidente” en la mayor de las Antillas no es electo por el voto popular, lo “eligen” los diputados que integran la llamada Asamblea Nacional del Poder Popular. Todos estos (612 actualmente), sirvientes de los intereses del Partido Único, son nominados por comisiones de candidaturas integradas por funcionarios de organizaciones dirigidas por altos funcionarios del Partido Comunista. Se presenta a los electores una lista con los candidatos del régimen cuyo programa, según la propaganda oficial, es servir a la patria. En realidad, sirven a la dictadura. Presentan el mismo número de candidatos que escaños a ocupar. No existe competencia alguna.

En México, luego que en el año 2000 la Alianza por el Cambio (Partido Acción Nacional y Partido Verde), pusiese fin a la hegemonía que durante siete décadas ejerció el Partido Revolucionario Institucional (PRI), las elecciones presidenciales resultan bastante reñidas y se realizan y cambian alianzas según los intereses y proyectos de las diferentes fuerzas políticas: PRI, Partido Acción Nacional (PAN), Partido de la Revolución Democrática (PRD), Partido Verde Ecologista, Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), Partido del Trabajo (PT), Partido Nueva Alianza, Partido Encuentro Social, entre otros. “De los derechos y opiniones de sus hijos todos, está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos”, decía José Martí. Un pueblo debe tener cuantos partidos políticos sus ciudadanos quieran darse.

En México: libre albedrío. En Cuba: traición

Uno de los principales candidatos a la presidencia de la nación azteca en los comicios de este año, Andrés Manuel López Obrador, amigo del régimen cubano, fue primeramente miembro del PRI, luego del PRD, partido por el cual contendió, en alianza con otras formaciones, en los comicios de 2006 y 2012, quedando segundo en ambos procesos. Esta vez es el abanderado de su partido MORENA, del PT y de Encuentro Social, los dos primeros de izquierda, el último de derecha. Si López Obrador fuese cubano y, siendo militante del PCC, se le hubiese ocurrido salirse y formar o integrar otro partido de izquierda, le hubiesen declarado traidor y la prisión se habría encargado de “reeducarlo”. Nunca más hubiese mostrado interés por la política, como no lo muestran Carlos Lage, Felipe Pérez Roque o Roberto Robaina, por citar tres casos entre muchos. ¡Y a estos, ni los llegaron a encarcelar!

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