El victimismo de las FARC lleva el sello del castrismo

El victimismo de las FARC lleva el sello del castrismo

Las negociaciones que se llevan a cabo en La Habana entre el gobierno colombiano y el grupo guerrillero viven un momento crítico

Raúl castro y el presidente de Colombia Juan Manuel Santos (foto tomada de Internet)
Raúl Castro y el presidente de Colombia Juan Manuel Santos (foto tomada de Internet)

LA HABANA, Cuba. -Este jueves, el diario castrista Granma, refiriéndose al actual proceso de paz colombiano, publica una información de título impactante: “Garantes preocupados por escalamiento del conflicto armado”. Según ese trabajo, los representantes de Cuba y Noruega, en conferencia de prensa conjunta, expresaron que su inquietud al respecto es “profunda”.

En efecto, hace unos días se confirmó la muerte de no menos de 26 subversivos de las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) en un bombardeo de la aviación nacional. Se trata del golpe más mortífero asestado a esa organización desde el de marzo de 2012 en Arauca, cuando perecieron 30 alzados. Ahora se ha revelado que, entre las bajas recientes, figuran dos de los jefes más destacados del grupo insurgente.

Refiriéndose al ametrallamiento realizado la semana pasada en la zona de Guapi, la organización sediciosa, en un comunicado, planteó que “el compañero Jairo Martínez, integrante de la Delegación de Paz de las FARC en La Habana, quien estaba en misión de pedagogía de paz en dicho frente, se encuentra entre los guerrilleros asesinados”. En otra acción separada, en el departamento del Chocó, cayó Román Ruiz, jefe de otro bloque de la guerrilla.

Los insurrectos, en sus declaraciones, no se limitaron a calificar el bombardeo exitoso como un “asesinato”. Con el mayor desparpajo plantean también que la acción se realizó “con uso excesivo de la fuerza” (¿pero no es una guerra!) y la califican como “una masacre”. Una información brindada por el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana, señalaba en tono crítico que, entre los occisos, se encontraba al menos “un menor de edad”. ¡Como si ellos mismos no lo hubieran convertido en un uniformado más de las FARC!

El presidente Juan Manuel Santos formuló declaraciones. Según Noticias Caracol, el Jefe del Estado, rodeado por su Ministro de Defensa y altos mandos militares, calificó el sucedido como “una acción legítima del Estado”. También resaltó que la operación constituyó un golpe contra “el narcotráfico, minería ilegal y la extorsión”, actividades en las que —según el mandatario— se destacaba el grupo aniquilado. Recordó Santos que él, al comenzar los diálogos de paz, señaló que “las operaciones (militares) no se detendrían y no se detendrán”.

Precisamente esto último constituye la diferencia más notable entre las negociaciones que desde hace dos años y medio se vienen sosteniendo en La Habana y otras realizadas con anterioridad. En las más antiguas no sólo se interrumpieron las hostilidades, sino que incluso, bajo la presidencia de Andrés Pastrana, se otorgó a los facciosos un verdadero santuario como el del enorme municipio de San Vicente del Caguán, en el que aquéllos campearon por sus respetos entre 1998 y 2002.

Como se sabe, nada útil salió de esos otros esfuerzos pacificadores. Parece ser que el hecho mismo de contar con plenas garantías y total impunidad coadyuvaba a minimizar el interés de los subversivos por llegar a un arreglo con las autoridades constituidas. Si aplicamos el mismo razonamiento en sentido inverso, entonces el mantenimiento de las hostilidades —que Santos planteó como una condición sine qua non para el inicio de los actuales diálogos de paz— constituiría un permanente acicate para inclinar a los jefes de las FARC hacia la moderación, el espíritu conciliador y la comprensión del adversario. En este contexto, ¿se justifica la “profunda preocupación” de los garantes?

En verdad, no es la primera vez que en los últimos años la narcoguerrilla sufre golpes demoledores que se han personificado en la muerte de altos dirigentes. El ejemplo más destacado lo constituye el alias Jorge Briceño Suárez, eliminado el 22 de septiembre de 2010. Este personaje era más conocido como “Mono Jojoy”.

Mientras tanto, las negociaciones en la capital cubana siguen adelante. Esperemos que en ellas se continúe avanzando y que, más temprano que tarde, se llegue a soluciones justas que permitan el restablecimiento de la paz en la fraterna Colombia.

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