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El rayo de la desdicha o el castrismo contra la ciencia

Cuba, Rayo, Pararrayos

LA HABANA, Cuba. — Con frecuencia lamento la ausencia de mi hermano de causa y gran amigo personal, el profesor de Ingeniería Eléctrica Félix Antonio Bonne Carcassés, lamentablemente fallecido hace años. En asuntos de política, echo de menos sus brillantes análisis; en los de la vida cotidiana, sus atinados consejos. En temas de su especialidad, deploro verme privado de sus explicaciones, que convertían un complejo tema eléctrico en un asunto de fácil comprensión hasta para un lego ignorante como yo.

Ese recuerdo melancólico viene al caso a raíz de la más reciente calamidad producida dentro de una larga cadena de “accidentes”, “averías” y “mantenimientos” que, según la información oficial, han vuelto a poner a la orden del día el tema de los irritantes apagones. Se trata de algo que sufren de modo constante los cubanos de a pie, y hasta quienes no lo son, si juzgamos por lo dicho por la No-Primera Dama Lis Cuesta, quien afirmó tener su corazón “en modo estropajo” por esas fallas del fluido eléctrico.

Un sorprendente titular del diario Granma de este miércoles nos informa lo esencial de esa calamidad que es la más cercana en el tiempo: “Un «relámpago» interrumpió la generación eléctrica en la Antonio Guiteras”. Aquí me veo obligado a hacer una breve digresión y rememorar los ya lejanos tiempos en que yo cursaba la enseñanza primaria en el habanero “Candler College”.

Recuerdo que una de aquellas lecciones elementales versaba sobre la diferencia entre “rayo”, “trueno” y “relámpago”. Se trata de una sencillez: como casi todos sabemos, el primero es el fenómeno en sí, la descarga eléctrica que constituye su esencia. Los otros dos son sus manifestaciones colaterales; o sea: respectivamente, el intenso ruido y el destello de luz que acompañan al primero.

Parece ser que el redactor del flamante órgano oficial del único partido no atendió esa clase. Aunque también es cierto que lo del “relámpago” lo entrecomilló. ¿Será porque el titular bajó del Departamento Ideológico y en el Granma no se atrevieron a cambiar ni una sola palabra y sólo atinaron a usar las comillas para resaltar el vocablo inapropiado!

Pero vayamos a la información. En esta se invoca como fuente a Misbel Palmero Aguiar, “director general de la planta”. Este señor, empleando un lenguaje más standard, “explicó que un rayo impactó y destruyó uno de los tres pararrayos (el de la fase B) del sistema de protección del transformador principal de salida, lo cual sacó de línea al bloque unitario”.

Aquí no pude evitar que me asaltara el pensamiento de estar siendo objeto de una burla cruel. ¿Se trataría de una broma proveniente de especialistas y dirigida hacia los lectores legos, como yo mismo! ¡Una descarga eléctrica con capacidad para destruir un pararrayos? ¡Pero no se supone que este invento está destinado precisamente a evitar los efectos perjudiciales que pueda ocasionar la caída de un rayo!

¿Qué dice la ciencia?

Llegado a este punto, tuve que rememorar al gran científico norteamericano Benjamín Franklin, el inventor de tan útil adminículo. Con los años él llegó a convertirse en uno de los mayores patriotas de la gran república federal norteña. Pero en junio de 1752, empinando un papalote en medio de una tormenta eléctrica, lo que hizo fue atraer un rayo, logro científico que se convirtió en base de su nuevo invento.

Según mi amigo Bonne, al hacer su conocido experimento, Franklin corrió un serio riesgo de perecer electrocutado. Por fortuna no sucedió así. Al descubrimiento científico siguió de inmediato la fabricación del primer pararrayos. Se trató, en esencia, de una o más barras de metal terminadas en punta y unidas por el otro extremo con la tierra por medio de conductores también metálicos.

En lo fundamental, esa versión de más de dos siglos de antigüedad mantiene su plena validez. Aunque se han ideado nuevas variantes —como la concebida por el prolífico Nikola Tesla—, el antiguo invento de Ben Franklin continúa manteniendo su vigencia y efectividad. Entonces, ¿a qué se debe que, en Cuba, un pararrayos, lejos de evitar los efectos perniciosos de una descarga eléctrica natural, fuera destruido por esta!

Pensé que, durante la hora y media consagrada a la “Situación del Sistema Eléctrico Nacional” por la Mesa Redonda de este miércoles, habría ocasión para que alguno de los altos jefes asistentes explicara el nebuloso punto. Mis esperanzas fueron vanas.

La única alusión al asunto fue un mini-reportaje en el que, por una periodista matancera que prefirió mantener su anonimato, fue entrevistado el ya mencionado ingeniero Misbel Palmero. En esencia, el señor Director General de la “Antonio Guiteras” prefirió repetir lo que ya había declarado a la prensa plana.

Como los medios oficialistas de Cuba aportan más por lo que callan que por lo que dicen, me inclino a pensar que esto del “pararrayos fulminado por la caída de un rayo” es un nuevo aporte castrista al campo de la Ingeniería Eléctrica. Y sospecho que los cotorrones y plumíferos del régimen prefieren no ahondar en este turbio asunto.

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