El Papa Francisco: De mediador a fogonero

El Papa Francisco: De mediador a fogonero

El Sumo Pontífice se ha manifestado no sólo contrariamente a la doctrina cristiana, sino que sus declaraciones parecen las de cualquier bravucón barriotero

papa franciscoFILADELFIA, Estados Unidos. -Francamente, dan pena —sobre todo, pena— las más recientes declaraciones del Papa Francisco, en un fallido y poco menos que inexplicable intento justamente de “explicar” racionalmente las acciones de unos pandilleros criminales contra los caricaturistas y gacetilleros de Charlie Hebdo .

“Si alguien insulta a mi madre, le pego un porrazo”, dijo más o menos el Santo Pontífice romano, tratando de hacer luz. Al parecer el Pontífice pretende reconciliar mediante sus palabras, la razón con un acto de suprema barbarie. Dicho de otro modo, y sin darle muchas vueltas al asunto, el Papa declara que los burladores se buscaron ellos mismos lo que les cayó encima.

Desde un punto de vista teológico, en primer término, parece olvidar el Santo Padre el mensaje más importante del evangelio cristiano, cuando es el propio Cristo quien aconseja: “si te golpean una mejilla, pon la otra”. Al margen de lo que cada cual, especialmente los no cristianos, pueda pensar o hacer a propósito de semejante consejo, no parecería ser precisamente la cabeza de la iglesia católica y de una parte considerable de cristianos en el mundo, la más indicada para saltarse a la torera eso precisamente que respecto al amor, la tolerancia, y el respeto a la vida humana enseñan las escrituras, más precisamente el Nuevo Testamento de Jesús el Nazareno.

Desde el punto de vista de la lógica más elemental, y de la convivencia en libertad —por otra parte— no resisten semejantes presupuestos y declaraciones papales el menor examen. Valiéndose de un símil muy a tono seguramente con su educación, el Papa dice que está bien entrarse a trompadas con el primero que diga algo que pueda interpretarse como un insulto. Lo de “la madre” del Papa es sólo la guinda mediante la cual se apela a “la hombría” del hijo insultado en su madre. A pesar de este falso razonamiento del Papa, no obstante, es evidente que no podrían unas trompadas en defensa de la madre de cualquiera, compararse con el asesinato premeditado por parte de unos fanáticos, de quienes en opinión de estos insultan sus creencias. Los caricaturistas asesinados se han mofado también en numerosas ocasiones del Papa y de las convicciones cristianas. Gracias a Dios, ni Francisco ni ningún cristiano hasta el momento se ha tomado la justicia por su mano. Sin embargo, las palabras de Su Santidad pudieran tomarse por un “reconocimiento” hacia los terroristas islámicos. ¿Se sentiría justamente vengado por ellos? ¿O admite ahora haberse quedado corto antes?

Nadie podría negar que la publicación y las caricaturas en cuestión, tienen el único propósito de provocar. Todo vale, especialmente si no se comparten aquellos presupuestos y convicciones que se hacen objeto de burla. Ésta parece ser la razón de ser política de quienes hacen Charlie Hebdo y publicaciones semejantes, en una sociedad libre que los tolera o los aplaude, según su percepción del tema o sujeto de que se trate, pero sin infligir daño físico a las personas de los burladores. A mí, personalmente, me parecen a menudo groseros, e incluso infames algunos de esos dibujitos, pero no por ello voy a declarar que “se lo buscaron” como se transparenta de las declaraciones del Papa. Por otro lado, la caricatura y la ironía, entre otros recursos, pueden resultar una herramienta tremenda, de gran eficacia contra la corrupción y la hipocresía de los políticos y otras figuras públicas, en sociedades abiertas.

El Papa Francisco, en resumen, se ha manifestado no sólo contrariamente a la doctrina cristiana, sino que parecería hacerse eco con sus declaraciones de las bravuconadas de cualquier guapo de barrio, tan abundantes en el mundo llamado latinoamericano del que también procede Su Santidad. Lo lamentable es que desde su elevada posición eclesial, y valiéndose de una parábola rocambolesca, Francisco haga apología de unos felones y de paso instruya a sus ovejas, haciendo pasar sus declaraciones como doctrina cristiana. ¿Tendremos también ahora una encíclica de los puños? charlie-hebdo_01-patrick_hertzog-afp-676x450

Quizás no debería asombrarnos, constatar que sea éste el mismo Papa que se prestó hace poco a servir de conciliador entre los hermanos Castro, y la Administración de Barack Obama, propiciando un entendimiento amañado en el más tenebroso secreto, entre la más longeva de las tiranías que han sido en nuestro hemisferio, y posiblemente en la historia de la humanidad, y la mencionada Administración norteamericana. Propiciando el entendimiento con su mediación apostólica, y contradiciendo su declaración respecto a los asesinos de París, el Papa Francisco invita a los cubanos a perdonar y entendernos con nuestros victimarios, facilitando la permanencia del despotismo absoluto en el poder. A que arrimemos la otra mejilla, y ambas, cuantas veces se les antoje a los hermanitos Castro requerirnos este favor, somos invitados por él. Nada en este caso de defender a gaznatones, no ya la honra de la madre, sino su vida misma frente al poder arbitrario desentendido de límites. No. A los cubanos, el Papa Francisco nos aconseja mansedumbre, aceptación, contubernio con los poderosos en aras del “entendimiento”.

Es evidente que el Papa romano aplica un doble rasero según sea el caso. Desaprueba de la práctica de unos caricaturistas asesinados por militantes islamistas, diciendo que se lo buscaron ellos mismos, y concede al mismo tiempo, crédito y apoyo decidido a una tiranía de más de medio siglo, que entre otras acciones criminales encarceló y sigue encarcelando, asesinó y sigue asesinando a miles de personas, católicos muchos de ellos, por el sólo hecho de serlo; expulsó a cientos de monjas y sacerdotes enviándolos al destierro, y proscribió toda manifestación religiosa durante décadas, incluidas las celebraciones navideñas y los desfiles procesionales, y a día de hoy se mantiene intransigente en sus prerrogativas de poder y continúa con sus asesinatos. ¿No se habrá enterado aún, Su Santidad, del reciente atentado que costara la vida al líder opositor Oswaldo Payá Sardiñas, católico de siempre y fundador del Movimiento Cristiano Liberación? No será porque las víctimas no buscaran el modo de hacérselo saber.

Hay, definitivamente, algo incongruente en las posturas y declaraciones de este hombre, cabeza de la iglesia cristiana de Roma, que puede ir con facilidad de pronunciarse como lo ha hecho, a reconciliar en nombre de la fe lo irreconciliable.

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