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Viernes, 18 de agosto 2017

El nieto de general mambí que luchó contra el castrismo

A la memoria del gran amigo y patriota Félix Antonio Bonne

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Félix Bonne (Foto: Diario Las Américas)

Félix Bonne (Foto: Diario Las Américas)

Félix Bonne (Foto: Diario Las Américas)

LA HABANA, Cuba.- Este 6 de enero, mientras disfrutábamos en familia de la inocencia con que mis sobrinitos-nietos, de 9 y 3 años, se divertían con los juguetes traídos para ellos por los Reyes Magos, estaba lejos de imaginar la triste noticia que habría de recibir a la caída de la tarde: Ese día falleció en La Habana un gran amigo mío y un prominente patriota cubano.

Recuerdo que Félix Antonio Bonne Carcassés siempre comentaba que, cuando muriera, deseaba que fuera yo quien despidiera su duelo. Pero también expresó su preferencia por ser incinerado. De acuerdo con las prácticas establecidas en la Cuba de hoy, esas dos aspiraciones no resultan compatibles entre sí, y la respetable voluntad de su viuda de dar a los despojos de su marido el destino deseado por él, me determina a escribir ahora este trabajo, como modesto homenaje al hermano caído.

Ese cubano descollante, de quien con el tiempo tuve el honor de llamarme amigo, nació en Santiago de Cuba en 1939. Se enorgullecía de ser nieto de uno de los poquísimos generales que luchó en nuestras tres guerras por la independencia: Luis Bonne Bonne. La posición económica relativamente holgada de su familia le permitió dedicarse al estudio. Fue lo que hizo en su ciudad natal durante su niñez y adolescencia. Con la llegada de 1959, él, como tantos otros cubanos, depositó grandes esperanzas en la triunfante Revolución.

Al surgir la posibilidad de recibir una beca para estudiar en una universidad, viajó a la capital, donde con el tiempo se convirtió en habanero por adopción. Sentía una gran pasión por la Historia, pero su mamá lo convenció de cursar una carrera que brindara mayores posibilidades concretas de obtener empleo. “Después puedes dedicarte a lo que quieras”, le dijo de manera premonitoria. Fue así que matriculó Ingeniería Eléctrica.

Tras graduarse, la excelencia académica demostrada en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE) le permitió obtener una beca para cursar estudios de posgrado en el extranjero. A diferencia de casi todos los cubanos coetáneos suyos, esto no lo hizo en alguno de los países socialistas de entonces sino en Italia, en el Instituto Galileo Ferrari, de Turín.

Ya de regreso en Cuba, comenzó a impartir clases en donde mismo se había graduado como ingeniero electricista. Con el tiempo alcanzó allí la máxima categoría docente, Profesor Titular, que ostentó durante decenios. También fue miembro del tribunal que otorgaba los títulos de posgrado. Dos de sus obras continúan usándose como libros de texto en el ISPJAE. “Es que no hay papel para publicar otros”, solía bromear Bonne.

Esa actividad docente la simultaneaba con el ejercicio práctico de su profesión en diversos campos. Recuerdo ahora las anécdotas que mi amigo solía hacer sobre su estancia en distintos centrales azucareros, la Planta Termoeléctrica del Mariel, la Flota Cubana de Pesca, los talleres de reparación de locomotoras.

Con ocasión de su estancia en estos últimos, realizó innovaciones que la parte cubana sometió a la consideración de sus socios canadienses. El empresario del país norteño, al planteársele el negocio, pagó sin chistar la irrisoria suma de varias decenas de miles de dólares pedida por su contraparte cubana. No es que Bonne fuera a obtener algún beneficio personal (ya se sabe que en nuestra Cuba, sobre todo en aquella época, tal cosa era inconcebible), pero le dolía que los burócratas vendieran el fruto de su inventiva a precio de liquidación.

Al arribar la década de los noventa e iniciarse el llamado “Período Especial”, se hizo del todo evidente la inviabilidad del modelo imperante en el país. Con este motivo, un nutrido grupo de profesores universitarios (sobre todo del ISPJAE), firmaron una carta abierta en la que expresaban su preocupación por la ruinosa situación imperante y proponían modestas reformas para mejorarla. A su cabeza figuraba el ahora fallecido.

Al cabo de los años, Félix Antonio me comentaba: “Releo ahora ese documento y me doy cuenta de que nuestros planteamientos eran muy moderados”. Pero el régimen de Fidel Castro ni siquiera por ese motivo transigió con los firmantes. Sobre ellos cayó la furia orquestada desde las altas esferas. Todos fueron expulsados de sus cátedras.

Como parte de esa represión, no faltaron los bochornosos “actos de repudio”. Para recoger su baja, citaron a Bonne para determinado día y hora. Al llegar, encontró reunidos a todos sus estudiantes y compañeros de trabajo, quienes le lanzaron gritos de rechazo. “Pero lo que más me dolió”, comentaba él, “es que, al ir a marcharme, un grupito de esos mismos alumnos se me acercó y uno de ellos me dijo en voz baja: ‘Profe, no se moleste por eso que pasó. Teníamos que hacerlo; si no, hubiéramos tenido problemas por gusto’”.

Una vez adoptada su decisión de vivir en la verdad, se incrementó la labor prodemocrática de Félix Antonio. Junto con sus compañeros de infortunio fundó la Corriente Cívica Cubana (CCC), al frente de la cual se mantuvo hasta su muerte. “No es una organización elitista”, comentaba Bonne, “pero como casi todos éramos profesores universitarios, es natural que fuéramos mayoría”.

Fue por esas fechas que lo conocí. A la empatía personal se unió la realización de actividades contestatarias conjuntas. Por ejemplo, al constituirse el Grupo Gestor Provisional de Concilio Cubano, Félix Antonio Bonne Carcassés fue uno de los seis compatriotas que nos encontramos en mi domicilio particular con ese fin. A partir de ese momento, coincidimos en las reuniones que celebró ese órgano. Así empezamos a intimar.

Poco tiempo después, ambos nos pusimos de acuerdo con Martha Beatriz Roque Cabello y Vladimiro Roca Antúnez para crear el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, que por el número de sus integrantes fue más conocido como “Grupo de los cuatro”. La actividad que desplegamos en conjunto fue diversa, pero lo que más se recuerda —creo que con justicia— es el manifiesto “La Patria es de todos”, que publicamos en 1997.

Ese mismo año comenzó la cárcel política de Bonne y de los otros tres firmantes. En el caso del ahora fallecido, ese injusto encierro se prolongó hasta el 2000. De inmediato fue reconocido como preso de conciencia, y con el tiempo recibió galardones internacionales, como el otorgado por la Fundación Hispano Cubana y el Gran Premio por la Libertad de Prensa de la SIP.

Al salir todos en libertad (excepto Vladimiro, que debió permanecer encarcelado por un par de años más), Bonne continuó su actividad opositora en el seno de la Corriente Cívica Cubana y en el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna (que pasó a contar entonces con sólo tres miembros, debido al continuado encierro del hijo de Blas Roca).

Años más tarde, Martha Beatriz Roque, Bonne y yo decidimos crear la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, cuyo Secretariado integramos. Ese empeño llegó a agrupar a 365 organizaciones independientes cubanas. Muchas eran pequeñas, pero otras no tanto. En cualquier caso, la cifra da una medida de la magnitud del esfuerzo realizado, en particular por mi buen amigo santiaguero.

Fue precisamente Félix Antonio quien hizo el mayor aporte para la celebración, en mayo de 2005, de la reunión general de la organización. A esos efectos (y con el pleno respaldo de quien entonces era su suegra y dueña de la casa), puso a disposición de todos el amplio patio de esa vivienda (enclavada en el reparto Río Verde, municipio de Boyeros). En ese lugar, durante dos días, pudimos congregarnos dos centenares de opositores cubanos. Ha sido la mayor reunión de la disidencia.

Con el paso de los años, mermaron las facultades físicas de mi hermano de causa. La diabetes hizo sus estragos. El glaucoma limitó en gran medida su visión, aunque por fortuna pudo seguir leyendo, y precisamente a eso dedicaba la mayor parte de su tiempo. De este modo enriqueció su ya vasta cultura, en especial en temas de la historia patria, en los que llegó a ser un gran erudito. También confrontó dificultades para la locomoción.

Pero esos problemas no impidieron que mantuviera sin claudicaciones su postura de firme enfrentamiento al régimen. No escatimó su apoyo a cualquier iniciativa encaminada a concertar esfuerzos de los opositores. Esto lo materializó en la Alianza Democrática Cubana (ALDECU), la Agenda para la Transición Cubana y, más recientemente, en el Encuentro Nacional Cubano, de cuyo órgano superior —la Mesa de Coordinación— ostentaba al morir la condición de miembro.

Su actividad intelectual quedó plasmada también en artículos que publicaba de tiempo en tiempo en CubaNet y otros órganos. Asimismo en el documento “Cuba es lo primero”, en el que se hace una crítica frontal de los “Lineamientos”, que por entonces constituían un proyecto destinado a ser aprobado en el inminente congreso del partido único. Ese nuevo manifiesto anticastrista lo firmó junto con el licenciado Guillermo Fariñas y el autor de estas líneas.

Hay un hecho, relacionado con el recién mentado líder opositor villareño, que retrata de cuerpo entero a Félix Antonio Bonne Carcassés. Ocurrió con ocasión de la larguísima huelga de hambre y sed escenificada por Fariñas que condujo a la excarcelación de los miembros del Grupo de los 75 y otros presos políticos. En aquella ocasión, todos temíamos —¡y con razón!— por la vida del fraterno “Coco”. Pero eso no impidió que el exprofesor anunciara públicamente que, si fallecía el sicólogo santaclareño, él, Bonne, continuaría la huelga, también hasta las últimas consecuencias…

Ése es el patriota íntegro, brillante, culto, enamorado, que acaba de fallecer. También era en ocasiones algo terco y machista. Él mismo era el primero en reconocer que no era perfecto. Pero aquí viene al caso rememorar uno de sus comentarios sarcásticos preferidos: “Estoy de acuerdo con que esta lucha por la libertad sea encabezada por hombres ejemplares, que van a misa todos los días y no han conocido otra mujer que su primera novia, convertida en su esposa”. Y tras una significativa pausa: “El único problema es que esos señores están en la Marcha del Pueblo Combatiente”.

Recordemos también las hermosas palabras sobre su raza: “¡Mi piel no es negra! ¡Es blanca, roja y azul, que son los colores de mi bandera!”

¡Honremos la memoria de este ilustre cubano!

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Acerca del Autor

René Gómez Manzano
René Gómez Manzano

(La Habana, 1943). Graduado en Derecho (Moscú y La Habana). Abogado de bufetes colectivos y del Tribunal Supremo. Presidente de la Corriente Agramontista. Coordinador de Concilio Cubano. Miembro del Grupo de los Cuatro. Preso de conciencia (1997-2000 y 2005-2007). Dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Ha recibido premios de la SIP, Concilio Cubano, la Fundación HispanoCubana y la Asociación de Abogados Norteamericanos (ABA), así como el Premio Ludovic Trarieux.

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