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El instinto de propiedad y la negación del socialismo

Cuba, Socialismo, Política

MONTANA, Estados Unidos. — Los seres humanos nacemos con una comprensión innata de la propiedad. Esta idea ha sido recientemente validada por el trabajo del economista experimental Bart Wilson. En su libro The Property Species: Mine, Yours, and the Human Mind (La especie propietaria: lo mío, lo tuyo y la mente humana), el profesor Wilson sostiene que el instinto de propiedad humano evolucionó junto al razonamiento abstracto y la producción de herramientas compuestas, aquellas fabricadas mediante la combinación de diferentes elementos.

Los primeros humanos utilizaron el pensamiento abstracto no sólo para crear herramientas compuestas, sino también para dotarlas del concepto “mía” (o “no mía). Así, una lanza primitiva se convirtió en una extensión de las manos y de la mente que la crearon. La gran relevancia filosófica de esta afirmación es que el concepto de propiedad surgió, no como un derecho, sino como un atributo de la herramienta compuesta creada.

Dicho de otro modo, la propiedad reside en el objeto (la herramienta compuesta) y no se origina fuera del objeto. Aunque la idea de lo mío (o no mío) puede variar algo entre culturas, el concepto de propiedad aparece innato y universal. El concepto de propiedad forma parte de la manera en que entendemos el mundo y no puede ser manipulado con éxito, como pretenden los socialistas.

Como argumenta Robert E. Wright en su artículo The Property Instinct and the Utter Futility of Socialism (El instinto de propiedad y la absoluta futilidad del socialismo), el socialismo es inhumano porque no tiene en cuenta el instinto humano de propiedad.

Del mismo modo, Ludwig von Mises, economista, historiador, logista y sociólogo, que ha sido llamado “el mayor pensador social del siglo XX”, concluyó que la única política económica viable para los seres humanos es una de mercados libres sin restricciones y de ejercicio sin trabas del derecho de propiedad privada.

Von Mises es famoso por su estudio de elección y acción humanas (praxeología), y por su argumentación de la imposibilidad del cálculo económico racional del socialismo: “Si la historia pudiera enseñarnos algo, sería que la propiedad privada está indisolublemente vinculada a la civilización”.

Sin embargo, nuestro instinto de propiedad es ampliamente ignorado hoy en día en equivocados debates de igualdad versus equidad. La igualdad es un valor central de la democracia. La igualdad encarna la justicia y el principio de nuestra Declaración de Independencia de que “todos los hombres son creados iguales”.

La equidad, en cambio, se refiere a la igualdad de resultados. La equidad sólo puede lograrse quitando a la fuerza a unos para darle a otros. Los defensores de la “equidad” sostienen que la “igualdad” no es suficiente para lograr una sociedad justa, y que la “equidad” es el principio más importante para guiar nuestra formulación de políticas. Están dispuestos a prescindir de la igualdad para imponer la equidad.

Esta preferencia por la “equidad” ignora que la injerencia gubernamental forzosa en nuestra vida económica, necesaria para obtener resultados equitativos, conduce a la destrucción de la vida económica. O, como dijo von Mises, “La propiedad privada crea para el individuo una esfera libre del Estado… La existencia continuada de la sociedad depende de la propiedad privada… Todo socialista es un dictador disfrazado”.

El concepto de propiedad privada ha sido parte integrante de la civilización occidental desde la antigua Atenas que, como señala el historiador Richard Pipes, tenía “un sistema muy desarrollado de propiedad privada”. Aristóteles aceptó la propiedad privada como una fuerza positiva afirmando que las personas que poseen cosas individualmente tienden a pelearse menos que las que poseen cosas en común.

Tomás de Aquino también señaló que “las peleas surgen con más frecuencia donde no hay división de las cosas que se poseen”. Aquino subrayó que la posesión de la propiedad privada no sólo era lícita, sino también necesaria para la paz y el orden.

Más cerca de nosotros, John Adams creía que la propiedad “implica libertad, porque la propiedad no puede ser asegurada a menos que el hombre esté en libertad de adquirirla, usarla o desprenderse de ella, a su discreción”. Los Padres de la Patria rechazaron con clarividencia la concentración de poder gubernamental que ahora llamamos socialismo. Entendieron que rechazar la propiedad privada o imponer su distribución equitativa sería una negación de la libertad.

Desde la fundación, los estadounidenses han buscado una sociedad que limite el gobierno. Y nada lo restringe más que nuestro deseo de poseer el fruto de nuestro trabajo. Nuestro instinto de propiedad no es codicia. Fomenta la toma de decisiones sabias y recompensa la industria, el ahorro, la honestidad y el ingenio. Es el instinto que hace inviable al socialismo.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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