El hambre: un tema feminista inaplazable

El hambre: un tema feminista inaplazable

En Cuba muy pocas mujeres se han enterado de que gobernar con conciencia es un tema feminista, que no puede lograrse con tanto caudillo suelto y sin vacunar.

Cola en un agromercado
Cola en un agromercado (Foto 14ymedio)

MIAMI, Estados UNidos. – Las croquetas de Fefa: sin carne, ni jamón, ni chorizo, ni pollo. Engrudo frito de harina y huevo. La gente hambrienta hace cola. El desayuno, sin leche, apenas un pan duro, cuando alcanza. Mal café de café mezclado con chícharo. Si se tiene suerte, un huevo o un yogur. Agua con azúcar la mayoría de las veces.

No te quejes y sal pa’ la calle a lucharla. Sigue siendo como el Che, pionera por el comunismo hasta que el comunismo te tumbe. La cosa no cambia.

Mientras tanto, en casa de los comandantes, en los yates de sus hijos y de sus nietos, en las residencias de los “macetas” y en las de toda la camarilla explotadora del pueblo, se come cangrejo y langosta fresca, costillas de puerco y filete mignon, bacalao a la vizcaína con los más aromáticos arroces. Se comen flanes y pudines, quesos franceses con casquitos de guayaba, majarete, torrejas y boniatillo, piña, mamey y zapote.

En otros tiempos fueron las hamburguesas de “pavo de altura” –léase, tiñosa-, los pan con bistec de frazada de piso bien aliñada, y las pizzas con simulacro de queso –léase condones derretidos. Hubo hasta muertos, no de hambre sino de envenenamiento. El cuartico está igualito, pero con variaciones. La cosa no cambia. El machangato no cambia. Sí, eso: el machangato, el poder y desgobierno de los machangos disfrazados de uniforme y botas militares, tabacones exclusivos, armas largas –de seguro, penes cortos-, barrigas llenas, paladar satisfecho, bolsillos repletos. Así sí se puede ser socialista, comunista, trotskista, maoista, guevarista. Revolucionarios de tribuna, grandes burgueses en la práctica. Mientras, el pueblo… el pueblo se muere de nada.

En casa de Juana la cubana se come por la libreta –hoy la canasta básica, ¡qué burla!- hasta donde alcance. Según se reporta, la libreta no da ni para una semana de consumo en un hogar normal.  Y no solo los alimentos, tampoco alcanzan las medicinas, que hace meses –¿años?- brillan por su ausencia, excepto en bolsa negra, lo que confirma que se roba y se roba a todo nivel, porque ladrón que roba ladrón tiene cien años de perdón.

En Cuba, muy pocas mujeres y apenas un par de hombres se han enterado de que gobernar con conciencia es un tema feminista, que no puede lograrse con tanto macho-militarismo testérico y tanto caudillo suelto y sin vacunar. Eliminar el hambre es un tema feminista. Respetar al trabajador es un tema feminista. Acabar con la prostitución, la violencia de género, y la trata de personas es un tema feminista. Alimentar a los niños y a los viejos es un tema feminista. Atender a los enfermos es un tema feminista. Cuidar el medioambiente, la flora y la fauna es un tema feminista. Mantener la paz es un tema feminista. Fomentar el progreso personal y el colectivo es un tema feminista. La autodeterminación de los pueblos es un tema feminista. La democracia representativa es un tema feminista. El desarrollo sostenible es un tema feminista.

Fíjense que no digo “es un tema de mujeres, o para mujeres, o entre mujeres”. Se puede ser mujer y no saber absolutamente nada de feminismo, ni entender el mundo y plantearse la vida desde esa óptica específica. Cuba ha tenido una buena ración de mujeres patriarcales desde el principio de esta pesadilla: Vilma Espín Guillois, castrista y burguesa empedernida que hasta su muerte gritó a nombre de cinco millones de mujeres y niñas aquello de “¡Comandante en Jefe: Ordene!”; Celia Sánchez Manduley, que se conformó con manipular agendas tras bambalinas y se dejó tener por la amante del primerísimo; Haydee Santamaría, que se dejó apabullar por el mediocre de su marido, Armando Hart, y terminó en el suicidio, para mayor –si bien estruendoso- silencio; Melba Hernández, desprovista de poder a pesar de su historial combatiente; Pastorita Núñez, borrada de las esferas de mando.

Y las sigue teniendo: Mariela Castro Espín, por solo mencionar una, lejos de ser feminista practicante, promulga los posibles beneficios laborales que puede brindar la prostitución a la holandesa. Es la abanderada de los gays, pero no de la población lésbica cubana.

¿Cómo es esto posible? Muy sencillo. En Cuba se tiene el feminismo por ideología del imperialismo. La revolución borró décadas de progreso feminista cuando anuló las más de 900 organizaciones independientes de mujeres que se forjaron durante la República y creó la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización de masas supeditada a la jerarquía fálica y al Partido. De lo que se desprende que no ha habido educación feminista alguna en 70 años, y quizás solo un centenar de cubanas –y un puñado de hombres- conocen el tema.

Nadie parla feminismo en la jerarquía. Ni las ministras de Industria Alimenticia, Trabajo y Seguridad Social, Educación o Finanzas y Precios. Ni la única vicepresidenta –de seis- del Consejo de Estado y de Ministros. Ni aquellos ministros que podrían mejorar la vida del cubano de a pie, como los de Industria, Agricultura, Economía y Planificación, o Salud Pública.

Las académicas australianas Christine Chinkin y Shelley Wright señalaban hace varios años: “El derecho a la autodeterminación es lo que garantiza el derecho a no pasar hambre, aunque nadie lo vincula al derecho humano a la subsistencia.”  Y como bien señala la rapera Hefzi-Ba: “Cuba es un país machista, con un discurso machista, con una plataforma machista, con una postura machista, donde las mujeres somos violentadas física y verbalmente…” ¿Se quiere mayor violentación que el hambre?

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