El guagüero contra el Imperio

El guagüero contra el Imperio

Maduro sigue copiando a sus mentores. Le ha dado a EE UU 15 días, para que reduzca el personal de su embajada en Caracas: De 100 a 17. Le fue comunicado al encargado de negocios estadounidense durante un encuentro que la canciller venezolana calificó como “cordial y ameno”

DECENAS DE MILES DE CHAVISTAS COLAPSAN CARACAS EN CIERRE DE CAMPA—A DE MADUROLA HABANA, Cuba -Si por algo se ha caracterizado el régimen que durante decenio y medio ha hecho su voluntad en Venezuela, ha sido por imitar al de Cuba. Partiendo de la tendenciosa interpretación que dan a los hechos los “socialistas del siglo XXI”, esa copia se explica. Si el teniente coronel Hugo Chávez consideraba que la isla caribeña es “un océano de felicidad”, entonces parece bastante natural que él y sus seguidores hayan procurado calcar la labor de los castristas.

Los cubanos, que hemos sufrido las duras realidades por más de medio siglo, sabemos que toda esa concepción se basa en una tergiversación descomunal. En realidad, las recetas de los triunfadores de 1959 constituyen una guía segura hacia la involución y la ruina. Así lo demuestran los hechos, pero al multitudinario ejército de asesores provenientes de la Isla que ha invadido Venezuela, no le basta con haber hundido a la Patria de Martí en el desastre actual. Ahora están empeñados en hacer lo mismo con la de Bolívar.

Y a juzgar por las noticias más recientes que nos llegan desde Caracas, el éxito está coronando los esfuerzos que el ex guagüero Maduro y su equipo, mal aconsejados por los cubanos, realizan en ese sentido. Las penurias y escaseces de todo tipo —¡hasta de divisas!— se enseñorean de un país cuyo principal rubro exportable gozó durante más de un decenio de precios fabulosos que le aportaron ¡sobre un billón de dólares!

MADURO CHOFER real
Nicolás Maduro cuando era chofer de omnnibus en Caracas

Siguiendo el ejemplo sentado en su momento por Fidel Castro, el sucesor de Chávez intenta combatir la irritación popular y el descenso de su popularidad utilizando medios nada idóneos para ello. Huye hacia adelante y lanza todo género de acusaciones contra los demócratas que se le oponen, a quienes tilda de “agentes del imperialismo yanqui”.

Al igual que hacía el teniente coronel de Barinas, Maduro no desaprovecha ocasión para denostar al gobierno de Washington con el fin de fomentar el enemigo externo que necesita. Con tal de agitar en ese sentido, el actual inquilino de Miraflores no vacila en morder la mano que alimenta a su país. (No hay que olvidar que Estados Unidos es —con mucho— el principal comprador del petróleo venezolano.)

El más reciente capítulo en esta desaforada ofensiva antiyanqui es el ultimátum que el régimen chavista le ha dado al gran país del Norte para que éste, en un plazo de quince días, reduzca el personal de su embajada en Caracas: ¡De 100 a 17!, que es el número de los funcionarios que laboran en la representación diplomática del país sudamericano en Washington. Esto fue comunicado al Encargado de Negocios estadounidense durante un encuentro que la actual canciller venezolana tuvo la desfachatez de calificar como “cordial y ameno”.

Este episodio constituye una nueva imitación —con ribetes simiescos— del actuar de los mentores cubanos de Maduro: No debemos olvidar que, al comenzar enero de 1961, Fidel Castro también exigió la drástica reducción del número de los diplomáticos norteamericanos acreditados en Cuba. La demanda constituyó el prólogo a la ruptura de las relaciones entre ambos países, que dura hasta hoy, aunque ahora se negocie el restablecimiento de éstas.

Delcy Rodriguez, canciller venezolana

En aquella ocasión, el reclamo del “Máximo Líder”, formulado el 2 de enero de 1961, recibió una enérgica y rapidísima respuesta de la Casa Blanca: Al día siguiente se anunció la decisión estadounidense de romper las relaciones con la Isla caribeña. Ya sabemos que entonces corrían los últimos días de la Administración del general Eisenhower; hoy es Barack Obama quien despacha en la famosa Oficina Oval washingtoniana.

Por el momento, las autoridades norteamericanas sólo han expresado, con gran comedimiento, que darán su respuesta al gobierno venezolano “por vía diplomática después de la debida consideración de su petición”. La portavoz del Departamento de Estado, Marie Harf, no olvidó recalcar que disponen de una quincena para hacerlo.

¿Qué debemos esperar cuando se acerque el vencimiento del plazo? ¿Cabe suponer una respuesta fulminante como la dada por Eisenhower? No parece probable. ¿Debemos esperar una retaliación de los estadounidenses? ¿Que a su vez exijan que el límite de 17 funcionarios se aplique no sólo al personal de la Embajada en Washington, sino al de todas las oficinas diplomáticas que Venezuela tiene en Estados Unidos (incluyendo los ocho consulados)?

No será menester esperar mucho tiempo para conocer el desenlace de este nuevo capítulo de la serie “El guagüero contra el Imperio”.

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