El desprecio de Raúl Castro al diálogo

El desprecio de Raúl Castro al diálogo

Su ausencia en Veracruz reafirma la estrategia castrista de minimizar la importancia de estas reuniones, donde los mandatarios comparten puntos de vista y acuerdan iniciativas

raul castroLA HABANA, Cuba. -Nada tiene de significativo, a primera vista, que el gobernante cubano Raúl Castro no haya asistido a la Cumbre Iberoamericana celebrada en la ciudad mexicana de Veracruz. El mismo día en que comenzaba esa cita, se inauguraba en La Habana la V reunión cumbre Cuba-Caricom, y era lógico que el General-Presidente, en su calidad de anfitrión, optara por quedarse con sus colegas caribeños.

Sin embargo, para cualquier analista de la actualidad cubana queda claro que la ausencia del menor de los Castro trasciende la esfera de lo coyuntural. Se trata de la continuación de una política tendiente a disminuir la importancia de estos cónclaves iberoamericanos; una estrategia en la que Cuba ha logrado arrastrar a sus aliados de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de las Américas (ALBA).

La última vez que un mandatario cubano participó en estas Cumbres fue en la de Panamá en el año 2000, ocasión en la que Fidel Castro, a propósito, quedó muy mal parado. Porque cuando Castro acusó a El Salvador de proteger al anticastrista Luis Posada Carriles, el entonces presidente de esa nación centroamericana, Francisco Flores, le recordó al gobernante cubano la responsabilidad de su país en la guerra civil que desangró al pueblo salvadoreño.

En lo adelante las delegaciones cubanas a las Cumbres Iberoamericanas serían encabezadas por un Vicepresidente o el Ministro de Relaciones Exteriores. Incluso, en varias de las últimas citas, fue algún que otro funcionario de menor rango en la Cancillería quien desempeñó semejante responsabilidad.

Por otra parte, la no presencia de Raúl Castro en Veracruz puede haber confirmado el fracaso del ministro de Relaciones Exteriores de España, José Manuel García-Margallo, en su reciente visita a Cuba. Se dice que el funcionario español, además de hablarles a los estudiantes cubanos acerca de la transición española a la democracia, y de sugerir que los expresos enviados a España puedan regresar a la isla, vino a Cuba con el objetivo de convencer a Raúl Castro para que asistiera a la Cumbre de Veracruz; una reunión particularmente importante para España al ser la primera bajo el reinado del nuevo monarca Felipe VI. Y, como sabemos, el General-Presidente ni se molestó en recibir al visitante.

Ahora en Veracruz volvió a manifestarse la ausencia de varios jefes de Estado, sobre todo de los países miembros del ALBA. No estuvieron presentes Nicolás Maduro, Evo Morales ni Daniel Ortega. Tampoco asistieron la argentina Cristina Fernández ni la brasileña Dilma Roussett. El gobernante cubano, por su parte, y quizás en un intento por no desairar totalmente al anfitrión Enrique Peña Nieto, decidió a última hora enviar a Veracruz a su vicepresidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez. En resumidas cuentas, había sido este el interlocutor de García-Margallo.

En 1991, cuando comenzaron las Cumbres Iberoamericanas en Guadalajara, Cuba se hallaba aislada debido a la debacle de la Unión Soviética y sus satélites europeos, así como la no irrupción aún del chavismo en América Latina. Entonces Fidel Castro encontró en ese foro al único sitio dispuesto a acogerlo, no obstante las diferencias ideológicas que mantenía con el resto de los participantes. Veintitrés años después, en cambio, las nuevas alianzas de Cuba hacen que sus gobernantes desdeñen a esa misma comunidad iberoamericana. De un modo parecido Judas le pagó a Jesucristo.

Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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