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Martes, 21 de noviembre 2017

El ciudadano clon

La papilla apologética del socialismo del siglo XXI tiene un comensal predilecto

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Sala de navegación por Internet, una de las pocas posibilidades de conexión que tienen los cubanos (tourepublic.com)

LA HABANA, Cuba.- Tal vez una pócima de Moringa y Siete Potencias, bien cargada de ron Cubay y tomada frente a una Mesa Redonda de la televisión cubana o un Dossier de Telesur, sea el estímulo ideal para detener el desánimo y frenar las malas ideas de algunos participantes del XV encuentro de la Red de Redes en Defensa de la Humanidad, celebrado en Caracas entre los días 6 y 7 del presente mes

Esta especie de telaraña ideológica, integrada por intelectuales, movimientos sociales, escritores y artistas que eructan patria y pobreza luego de cada atracón de caviar —pese a que se autodefinen como pensadores y progresistas de izquierda—, luchan por mantener el monopolio informático de sus gobiernos sin importar si tienen que apresar a periodistas y cerrar los medios radiales y televisivos que no repitan como cacatúas sus ideas sobre un ciudadano clon en su modelo de país.

Según expresó Abel Prieto  —el reciclado Ministro de Cultura de Cuba—, en unas declaraciones al diario Granma publicadas el día 9 de marzo: “La situación es terrible”. Añadió que “los grandes medios han formado una masa de personas —sobre todo de jóvenes que están muy pendientes de lo que se mueve en las redes—, que son muy crédulas”, y esta situación insostenible es la que se necesita revertir.

Para ello, señala el desanimado pero insurrecto y reciclado ministro, “es necesario que haya una vigilancia ética sobre los medios de comunicación”, “articular los núcleos de resistencia cultural”, “y formar guerrillas digitales” para que asalten, digo yo, las trincheras de informaciones subversivas a nivel internacional, y así romper el cerco mediático impuesto por la “reacción”.

El ciudadano clon

Sin lugar a dudas, toda esta parafernalia guerrerista contra el acceso a los medios de información global tiene el marcado propósito de controlar cuánto se diga en Davos, la lanchita de Regla o en los retretes públicos del Kurdistán para, mezclados con un discurso coral tomado de las ideas extintas de Bolívar, Martí, Chávez y Fidel, hacer una papilla apologética del socialismo del Siglo XXI, donde no exista otra forma de pensar y vivir que no sea atrapado en esta zurda y siniestra Red.

Quienes vivimos bajo el bombardeo ideológico de dictaduras “progresistas”, que sobreviven por el control absoluto de los medios de comunicación y las fuerzas del poder, sabemos en qué se traducen estas supuestas buenas intenciones de quienes hablan en nombre del pueblo, aunque de espaldas a sus necesidades y anhelos de cambiar: La creación a nivel de país de un ciudadano clon.

Es decir, que ya exiliado y extinto el “hombre nuevo” del Che, quien con rostro de matriuska barbuda emprendería el camino hacia el paraíso del comunismo mundial con el mismo paso y una sola voz, se necesita formar un ciudadano clon más sofisticado, al menos en su forma de vestir, pues se le permitiría andar con trajes Armani, zapatos Gucci y gorras de los Yanquis de Nueva York, y vender papas rellenas, tener dos paladares, dirigir una cochiquera, pero pensar y sentir de forma similar.

De lograrse un control casi absoluto de la información a nivel continental, como sucede en Cuba hasta hoy, “la vigilancia ética sobre los medios de comunicación” no será otra cosa que la intromisión, monitoreo y regulación de cuanto vean o escuchen los ciudadanos de un país; “articular los núcleos de resistencia cultural” es prohibir el acceso a los espacios bajo control estatal o la difusión de voces y proyectos que no respondan a los patrones del ciudadano clon.

Además, “las guerrillas digitales” a las que se refiere Abel —¿o Caín? — no son otra cosa que el asalto gansteril de chivatos populares que, aliados con agentes de policía y de la Seguridad del Estado, suben por escaleras, brincan azoteas y destapan cisternas para desmantelar las antenas de  quienes consumen, de forma clandestina, materiales subversivos que atentan contra la tranquilidad del país, como Caso Cerrado, El último Mariachi, Chávez, El paquete semanal o TNT.

También estas guerrillas digitales y sus encumbrados fuera de peligros combatientes, disparan sus manipulaciones y mentiras desde Cubadebate, descalifican e insultan a través de La Pupila Insomne del ciberguerrillero Iroel Sánchez, o atacan en zafarrancho —de un combate del sí pero, no— desde una Segunda Cita que “metratrovea” Silvio Rodríguez, quien asegura vivir en libertad.

Pero el ciudadano clon nunca será un hecho en este país. Bastante ha tenido que fingir y se le ha obligado a gritar “¡seremos como el Che!” para venir a caer en una clonalización nacional. El cubano está ávido de información y nada lo detendrá. Ni las razias anti antenas satelitales, ni los elevados precios para conectarse a Internet, ni las humillaciones que significan acceder a través de un wifi, tirado en una acera o arriba de un árbol, rodeado de borrachos, timadores y vaya usted a saber.

vicmadomingues55@gmail.com

Acerca del Autor

Víctor Manuel Domínguez
Víctor Manuel Domínguez

Periodista independiente. Reside en Centro Habana. vicmadominguez55@gmail.com

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