El castrismo sigue comprando voluntades

El castrismo sigue comprando voluntades

El régimen se dedica a comprar a periodistas, artistas e intelectuales con el objetivo de ganarlos para la oposición al castrismo

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Foto archivo

LA HABANA, Cuba.- Los gobernantes cubanos repiten una y otra vez el argumento de que el enemigo —por supuesto, “el imperialismo yanqui”— se dedica a  comprar a periodistas, artistas e intelectuales con el objetivo de ganarlos para la oposición al castrismo.

Sin embargo, cualquier observador medianamente informado de la realidad cubana sabe que semejante eslogan oficia como cortina de humo para encubrir su propia manera de actuar, ya que la compra de voluntades es una de las armas predilectas en el arsenal de las autoridades de la Isla.

Dos vertientes de la vida nacional pueden dar fe de lo anterior: el deporte y la cultura. Acerca del primero de esos sectores sobresale la denominada “Comisión de Atención a Atletas”, creada por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) en aras de otorgar prebendas a deportistas en activo y jubilados para mantenerlos del lado del gobierno. En el caso de los atletas en activo, evidentemente, la labor de la referida Comisión trata de evitar la deserción de esos deportistas y su enrolamiento en ligas foráneas al  margen de la contratación auspiciada por el INDER.

Mas, resulta indudable que es en la cultura donde con más ahínco funciona esta especie de proselitismo gubernamental. Y ello es así debido a la influencia que sobre la opinión pública tienen los criterios de la intelectualidad. El Ministerio de Cultura cuenta con un Departamento de Atención a Personalidades, encargado de mantener “contentos” a los escritores y artistas que el castrismo desea conservar para sí.

Asignación de viviendas y automóviles, financiamiento de viajes al exterior, así como la concesión de becas de creación en el caso de los artistas jóvenes, son algunos de los regalitos con que la cultura castrista premia a sus intelectuales. A  lo que se agregan las pensiones vitalicias a las “vacas sagradas” de la cultura oficialista, las que pueden llegar hasta los 300 CUC mensuales (equivalentes a 300 dólares), una suma al alcance de muy pocos en la Cuba actual.

Esa compra de voluntades ha obrado metamorfosis que cada día nos sorprenden. Por ejemplo, pasar de ser un escritor incómodo para la cultura oficial, para terminar como colaborador habitual del periódico Granma.

Y, claro está, los dirigentes cubanos no iban a perder la costumbre de practicar esa especie de mecenazgo —en el peor sentido del término— en estos tiempos de coronavirus. Ahora los principales beneficiados son el personal médico y paramédico, y las personas con acceso a los métodos de difusión. Todos ellos están siendo estimulados con jabas —que entregan a domicilio o en sus centros de trabajo— contentivas de artículos de primera necesidad.

Ha trascendido, por ejemplo, que a los trabajadores de la Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE), BioCubaFarma, entidad que dirige la producción y distribución de medicamentos en el país, la generosa jaba les ha incluido pollo, jabones, desodorantes, champú, detergentes, latas de atún y sardinas, pasta dental, refrescos, maltas, cervezas, y algún que otro artículo por los cuales los ciudadanos de a pie tienen que soportar colas que en ocasiones comienzan un día y terminan al siguiente.

¿Y qué tienen que hacer esos privilegiados para quedar bien con su patrocinador?  Pues muy sencillo. Cada vez que tengan la oportunidad de presentarse ante las cámaras de la televisión, repetir como un papagayo la consigna que le conviene al castrismo: “Quédese en casa”.

Claro, quédense en casa y no vayan para las colas. No vaya a ser que algún periodista —extranjero o independiente— continúe reportando la desesperación de los cubanos.

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Acerca del Autor

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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