El “caso Coppelia”: puesta en escena de una economía fracasada

El “caso Coppelia”: puesta en escena de una economía fracasada

Los establecimientos y los productos en Cuba, incluyendo el helado, son propiedad del régimen castrista. A los efectos, no existe diferencia significativa entre las heladerías, llámense “Coppelia”, “Giselle” o “el Lago de los Cisnes”.

Heladería Coppelia, Cuba
Heladería Coppelia (Foto: EFE)

MIAMI, Estados Unidos. – Cuando a principios de año comencé a leer y escuchar reportes sobre Coppelia, pensé que se trataba del centenario del natalicio de la prima ballerina assoluta cubana Alicia Alonso (21 de diciembre de 1920 – 17 de octubre de 2019). Al mismo tiempo, pensé que se referían al 150 aniversario del debut del famoso ballet, estrenado en la Ópera de París el 25 de mayo de 1870 con la coreografía de Arthur Saint-Léon y la música de Léo Delibes.

Para mi sorpresa, las noticias no se referían a la afamada bailarina ni al clásico ballet. El tema en cuestión era la emblemática heladería habanera Coppelia. Resulta que la dictadura comunista de Cuba, “en su infinita sabiduría y astucia”, decidió celebrar el 62 aniversario del “triunfo” (para ellos) de la “revolución cubana” con un aumento del precio de los helados. Los helados que en pesos cubanos costaban 1,50, de repente subieron a siete. El alza de los precios se vio reflejado en el resto del menú.

Las quejas no se hicieron esperar. Tanto en las calles habaneras como en las redes sociales los cubanos hicieron eco de sus críticas ante el exorbitante precio de los helados, ahora incosteables para muchos.

En los primeros días del año, las críticas llegaron a tal punto que el Consejo de Defensa Provincial (órgano gubernamental comunista) tuvo que reunirse para realizar “un profundo análisis de los criterios de la población”…¡con respecto a los precios de los helados! Tras este “análisis”, el organismo “decidió reducir los precios de la heladería Coppelia”.

Es difícil decidir cuál aspecto de esta nota es más inverosímil. ¿Será el hecho de que el gobierno cubano sea dueño de la heladería Coppelia? ¿O que un órgano de la dictadura cubana esté a cargo de alzar y reducir los precios de los helados? ¿O quizás sea el hecho de que este órgano se llame el “Consejo de Defensa Provincial”? ¿Y qué decir del uso de la palabra “Defensa”? ¿Consideran que los helados de mantecado y mamey están al mismo nivel que las metralletas y los misiles? Vale recalcar que Coppélia es un ballet cómico.

Aún hay quienes le echan la culpa a factores extranjeros por los problemas de Cuba (sea al gobierno de los Estados Unidos, a los exiliados cubanos, a ambos, o a otros elementos que, según ellos, son siniestros e invisibles). Los problemas de Cuba radican en Cuba y, como Coppélia, reflejan un Grand Pas de deux de la letra “c”: castrismo y comunismo.

El tema de la economía cubana y sus fracasos se puede resumir de una manera sencilla. Siendo una economía comunista de estado, está destinada al fracaso. No importa si en Cuba existen una, dos, tres o diez monedas. El simple hecho de que una dictadura, en este caso la castrista, dicte que un dólar americano equivale a 24 pesos cubanos y determine los precios de todos los productos vendidos en el país (incluyendo el helado) hace eco de una economía basada en factores artificiales, y no en elementos del mercado (con sus altas, bajas y ajustes) como las economías capitalistas.

La economía comunista cubana también prohíbe la competencia, factor esencial para las economías capitalistas. Los establecimientos y los productos en Cuba, incluyendo el helado, son propiedad del régimen castrista. Para los efectos, no existe diferencia significativa entre las heladerías, llámense “Coppelia”, “Giselle” o “el Lago de los Cisnes”.

Lo triste del “caso Coppelia” es que le demuestra al mundo que poco ha cambiado en Cuba durante más de seis décadas de dictadura. El muy añorado “cambio” (también palabra con “c”) a veces se ve al doblar de la esquina antes de fugarse hacia el horizonte. Pero es alentador ver que cada día más y más personas critican a la dictadura abiertamente, aunque sea por el precio del refrescante helado.

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Autor y candidato a doctor en ciencias políticas en la Universidad Internacional de la Florida

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