¿El 10 de marzo o el 26 de julio?

¿El 10 de marzo o el 26 de julio?

El golpe de estado en 1952 abrió las puertas a la revolución. El padre del castrismo no es Fidel, sino Fulgencio Batista

Fidel-Batista
Fidel Castro y Fulgencio Batista

PUERTO PADRE, Cuba. – “Al violentar la Constitución de 1940, Batista abrió el portón a la violencia y a la guerra civil, propiciando lo que quizás ya no sea aventurado calificar como el poder vitalicio del castrismo en Cuba; ni Fidel, ni Raúl, (Castro) en lid democrática jamás hubieran ganado unas elecciones, fíjese que ni aún en el poder se atrevieron a someterse a las urnas, con todo y haber prometido elecciones libres a sus compañeros de lucha; luego, sí, Batista abrió el camino natural de ellos, el de las armas”, dijo un historiador entrevistado por este corresponsal.

Recurriendo a un profuso articulado del Código Penal de la época, el 24 de marzo de 1952, cierto abogado con pretensiones políticas y bufete en el número 57 de la calle Tejadillo en La Habana, se dirigió al Tribunal de Urgencia denunciando que “el señor Fulgencio Batista y Zaldívar ha incurrido en delitos cuya sanción lo hacen acreedor de más de cien años de cárcel”.

“La terrible realidad y la lógica me dice que si existen tribunales, Batista debe ser castigado”, decía el abogado de marras, impugnando los cargos de los que el ciudadano Batista se había hecho amo: “Presidente, primer ministro, senador, mayor general, jefe civil y militar, poder ejecutivo y legislativo”, imputó el letrado, que no era otro sino el Dr. Fidel Castro Ruz, quien, entre él y su hermano, ocupan esos mismo cargos desde hace ya cincuenta y cinco años.

“En las décadas del cuarenta y del cincuenta, antes de que Fidel (Castro) iniciara su carrera política, ya era una valoración de criterio prácticamente unánime, incluso, entre hombres de empresa, intelectuales, políticos y religiosos, la apremiante necesidad de cambios que había en Cuba, y tenga en cuenta que estamos hablando de una república que para esa fecha apenas si contaba con medio siglo de existencia”, aseguró el historiador.

Una encuesta realizada en 1957 entre la población campesina cubana por la Agrupación Católica Universitaria, reveló: casas sin inodoros ni letrinas, 63,96%; casas con una sola pieza para dormir, 41,64%; salario mensual promedio, 45,73 pesos.

Un hombre de negocios, el estadounidense Eric Johnston, publicó hace la friolera de sesenta y seis años un artículo en Fortune titulado Por qué fracasaron los capitalistas europeos. Decía Johnston: “Sobre los hombres de negocios europeos debe recaer la parte mayor de la culpa por la propagación del socialismo en toda Europa”.

Y añadía el articulista: “Cuando hace unos cuatro años el electorado británico favoreció con la mayoría de los votos al socialismo, no estaba escogiendo entre la empresa libre y el socialismo, porque la empresa libre, tal como se la conoce en los Estados Unidos, no existía en la Gran Bretaña. Los votantes tuvieron que escoger entre el monopolio y el socialismo, y optaron por este último”.

Y concluía el artículo de Johnston en Fortune allá por el año 1948: “La gran dificultad que hoy tiene por resolver el hombre de negocios norteamericano consiste en hallar nuevas vías para extender los beneficios del capitalismo entre mayor número de personas. No hablo de compartir la riqueza. Hablo de crear nueva riqueza para compartir”.

Y, precisamente, también este era el gran problema a resolver en Cuba durante la primera mitad del pasado siglo: la creación de nuevas riquezas para compartir con grandes núcleos de cubanos desposeídos.

Cuando en la madrugada del 10 de marzo de 1952 el general Batista se hizo del poder mediante un golpe de Estado, ciertamente, existía en Cuba más que la clase alta profusamente adinerada, una clase media pujante, y todavía más que esta, una clase de profesionales, técnicos, empleados y hasta de obreros bien pagados, que daban la solvencia a Cuba vista desde el exterior, digamos, desde el punto de vista de las exportaciones y las importaciones.

Pero otra cosa sucedía cuando adentrándose tierra adentro, se encontraba, como se encontraron los encuestadores de la Agrupación Católica Universitaria en 1957, una población campesina desatendida; y si el general Batista y los militares, con el golpe de Estado de marzo de 1952 propiciaron el móvil político para desatar la revolución devenida poco después en, “dictadura del proletariado”, serían los hombres de negocios operando en Cuba, tanto cubanos como extranjeros, y fundamentalmente en el sector agrario, quienes nutrirían de soldados al Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro.

Cincuenta y siete años después, la población campesina cubana, valga decir lo que queda de ella luego de la desaparición de decenas de comunidades rurales, no está, mejor de todo lo mal que en ella observaron los encuestadores de la Agrupación Católica Universitaria. Y, como en la época del general Batista, también ahora soldados y policías gozan de beneficios que ni soñarlos, puede no ya el hombre del campo y su familia, sino incluso, ni el médico ni del ingeniero civil. En consecuencia, y si damos por sentado que fue el general Batista y no otro el que prendió la mecha para que el castro-comunismo se hiciera del poder, o como dicen los marxistas, el creador de “una situación revolucionaria” muy bien los castristas podían declinar la celebración del 26 de julio para festejar el 10 de marzo.

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