Dos caras de la injusta justicia

Dos caras de la injusta justicia

La excarcelación —aunque demorada— de Juliet Michelena se vio contrarrestada por la situación de Ramón Alejandro Muñoz, su esposa Sonia Garro y el activista Eugenio Hernández. El proceso contra ellos, señalado para el viernes pasado, fue suspendido por cuarta ocasión

injusticiaLA HABANA, Cuba. — A fines de la semana pasada trascendió una noticia grata: Tras siete meses de prisión, la periodista independiente Juliet Michelena fue exonerada de la acusación que pesaba sobre ella por un supuesto delito de atentado. El desenlace fue inesperado. En Cuba las sentencias absolutorias resultan insólitas en los casos de inculpados desafectos al régimen.

La imputación derivó de un presunto desafío formulado por Michelena a una integrante de las Brigadas de Respuesta Rápida, que empujó y escupió a la reportera mientras ésta permanecía esposada con las manos a la espalda. Pero la detención se produjo a raíz de haber fotografiado Juliet a policías azuzando sus perros contra ciudadanos indefensos. El Comité para la Protección de los Periodistas condenó de inmediato el encierro de Michelena.

La prensa alternativa se mantuvo al tanto del proceso. Los dos primeros defensores tuvieron que ser reemplazados por los familiares de la acusada. El tercero no tuvo acceso al expediente en un inicio, y cuando pudo solicitar el cambio de la medida cautelar, la respuesta negativa de la Fiscalía demoró un tiempo mucho mayor que el establecido. El recurso de queja tampoco prosperó.

Días más tarde, el esposo de la encarcelada supo que no seguiría representándola el mismo letrado, quien se declaró enfermo. Pero esto lo averiguó sólo porque fue a indagar, pues el Bufete Colectivo no se ocupó de informarle. Un cuarto jurista se negó a aceptar o proponer los testigos que justificaban la coartada de la imputada.

En vista de todo lo anterior, los familiares de Juliet optaron por no designar un abogado. El destino de la joven quedó en manos de un defensor de oficio, que es nombrado y cambiado por las autoridades. Conviene aclarar que, después de exonerada, la periodista no fue liberada de inmediato.

En las películas norteamericanas uno ve que los acusados absueltos salen a la calle desde la misma corte. En Cuba no; aquí se impone la burocracia. El reo es conducido de regreso a la cárcel, y es soltado sólo más tarde, después que en la secretaría del penal se tramita el papeleo correspondiente.

En el caso de Juliet Michelena, y de manera insólita, en la Prisión de Mujeres de Occidente —más conocida por el sugerente nombre de “Manto Negro”— anunciaron que la liberación tardaría “72 horas”. En definitiva la soltaron esa noche. ¡Una desvergüenza más de las autoridades, tal vez para evitar que hubiera muchas personas esperándola!

La excarcelación —aunque demorada— de Juliet se vio contrarrestada por la situación que confrontan Ramón Alejandro Muñoz, su esposa Sonia Garro y el activista Eugenio Hernández. El proceso contra ellos tres, que estaba señalado para el pasado viernes, fue suspendido por cuarta ocasión.

En este caso, Amnistía Internacional reclamó de las autoridades cubanas que “el juicio se ejecute de acuerdo con las normas internacionales, incluido el derecho de los acusados” a proponer “testigos de la defensa” y a “impugnar las pruebas en su contra”. Los activistas de la prestigiosa organización conocen cómo funcionan esas cosas en Cuba; por ello demandan también que “los cargos presentados contra los enjuiciados se basen en una evidencia clara”.

El reclamo no es gratuito. En esta causa existe —entre otras— una acusación por una supuesta tentativa de asesinato. Esta imputación —la más grave que se ventilará en el juicio— se basa en que, según la Fiscalía, se lanzó contra un agente policial el tubo de pantalla de un televisor. Como abogado debo plantear que, aun si ese objeto hubiera golpeado al gendarme (que no fue el caso) no habría podido ocasionarle la muerte. Por consiguiente, hablar de un presunto delito imperfecto contra la vida por esos hechos es un disparate jurídico que sólo puede ser explicado por el deseo de abrumar a los acusados.

Para colmo, un incondicional del régimen con título de bloguero, acaba de publicar un video en el que intenta presentar al matrimonio Muñoz¬-Garro como una pareja de matones que aterrorizan al vecindario. En el documental, los rostros de quienes se han prestado a sumarse al coro de detractores aparecen emborronados, como si sus deposiciones (aquí caben ambos sentidos del vocablo) estuvieran dirigidas contra capos mafiosos. Es así como la calumnia acude en apoyo de la infamia.

En el caso de estos tres opositores, ¡que llevan ya dos años y ocho meses en prisión!, será menester seguir esperando para saber cuál será el desenlace.

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