Díaz-Canel, la UNEAC, Morlote y la mala memoria (I)

Díaz-Canel, la UNEAC, Morlote y la mala memoria (I)

Durante su intervención en la clausura del Congreso de la UNEAC, Díaz-Canel convocó a defender la vigencia de Fidel Castro

Miguel Díaz-Canel y Luis Morlote
Miguel Díaz-Canel y Luis Morlote (Foto: ACN)

MIAMI, Estados Unidos. – La mala memoria es muy mala, tanto para el individuo como para la sociedad. Es particularmente destructiva para creadores e intelectuales. Causa estragos en cualquier país que padezca los avatares del totalitarismo.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez cree que ha pronunciado un discurso brillante el pasado 30 de junio en la clausura del IX Congreso de la UNEAC. Ha citado un montón de veces a su maestro, su líder, su gurú, el Comandante en Jefe, “el indiscutible intelectual y guía de la generación histórica que… creó poderosas instituciones culturales y en los momentos más difíciles nos enseñó que ‘la cultura es lo primero que hay que salvar”. ¿En serio? ¿Fidel, que dijo una y mil veces que nada ni nadie podía coartar el derecho supremo de la Revolución a existir?

Y más. Citó a Miguel Barnet -otro súbdito aborrecible- para llamarle al Máximo “iluminado”. ¿Hasta dónde puede llegar la abyección de este ingeniero electrónico convertido en figura política?  Díaz-Canel no perdió oportunidad de referirse con fervorosa convicción a “Palabras a los Intelectuales” -12,100 palabras en una hora y treinta y tres minutos, sin contar los aplausos-, que pronunciara el capo-censor en 1961: “¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ¡ningún derecho!”

Inaudito el llamamiento que hizo el presidente del Consejo de Estado y de Ministros a los 9 000 miembros de la UNEAC: “Hoy tenemos el deber de traer sus conceptos (los de Fidel) a nuestros días y defender su indiscutible vigencia (…) Hay que hacer lecturas nuevas y enriquecedoras de aquellas palabras. Hacer crecer y fortalecer la política cultural”.

¿Y cuál era – y es- esa política cultural? Oigámosla de los propios labios del difunto: “El revolucionario pone algo por encima aun de su propio espíritu creador, es decir: pone la Revolución por encima de todo lo demás.  Y el artista más revolucionario sería aquel que estuviera dispuesto a sacrificar hasta su propia vocación artística por la Revolución (…) Quien sea más artista que revolucionario no puede pensar exactamente igual que nosotros. Esto significa que contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie (…) nadie puede alegar con razón un derecho contra ella”.

¿Son esas las palabras sobre las que deben los creadores cubanos hacer “lecturas nuevas y enriquecedoras?” Las lecturas nuevas y enriquecedoras las hizo el propio régimen en febrero de 1999 cuando se aprobó la Ley No. 88 – la llamada Ley Mordaza-, de Protección a la Independencia Nacional y la Economía de Cuba con la que se justificó el arresto y encarcelamiento en abril 2003 de setenta y cinco intelectuales disidentes durante la Primavera Negra de La Habana. Y se acaba de hacer otra “lectura nueva y enriquecedora” mediante el Decreto 349, dado “en el Palacio de la Revolución, en La Habana, a los 20 días del mes de abril de 2018” bajo la firma de Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Una observación necesaria sobre la UNEAC. Entre los siete objetivos que aparecen en la página oficial del organismo, el tercero reza, y cito: “Rechazar y combatir toda actividad contraria a los principios de la Revolución”. ¿Pueden la plástica, el teatro, un poemario, una novela, una colección de cuentos, una sinfonía o un filme ser, o considerarse, “actividad contraria a los principios de la Revolución”? Claro que sí, no faltaba más. Para que no quedase duda, el propio Fidel lo explicó hasta la saciedad en sus Palabras… En ellas afirma que hay artistas revolucionarios, y esos son los buenos y útiles; hay artistas no revolucionarios, y esos podrían ser buenos y útiles si se les educa y convence sobre su papel en la Revolución; y, por último, hay artistas contrarrevolucionarios –léase, malos-  que son irrescatables, a quienes hay que erradicar cual plaga contagiosa –léase desterrar, encarcelar, difamar, destruir, borrar.

A estas alturas, Miguel Díaz-Canel ha convocado a defender la vigencia de Fidel Castro. ¿Podríamos buscar un mago que haga desaparecer de la presidencia a este “mensajero del General del Ejército” (según él mismo se describe en su discurso) y hacerlo reaparecer en su cátedra de la Universidad Central de Las Villas para que continúe enseñando electrónica?

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