Un desembarco poco conocido en Cuba

Un desembarco poco conocido en Cuba

Se pueden ocultar sucesos históricos en función de una ideología, aunque no por siempre

Un grupo de ‘rough riders’ durante la guerra contra España en Cuba. Al centro y con gafas está Teddy Roosevelt, quien años depués fuera presidente de EEUU (Wikipedia)

GUANTÁNAMO.- La historia de las tres guerras independentistas cubanas durante el siglo XIX ofrece un corolario de heroicidades, sucesos extraordinarios y caracteres que provocan una admiración sin límites.

Desgraciadamente la historia que se enseña en nuestras escuelas está marcada por el lastre ideológico. Por ello en ocasiones se silencian nombres y acciones y en otras su enseñanza se manipula según el interés de quienes confeccionan los planes de estudio.

A ello se suman las limitaciones que impiden que cualquier ciudadano con interés en profundizar en el estudio de la historia patria pueda acceder a un archivo o biblioteca para consultar fuentes documentales, lo cual es una violación del artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Este 2 de mayo se cumplieron 120 años del desembarco del remolcador Leyden, un suceso desconocido por muchos cubanos, protagonizado por Baldomero Acosta Acosta, coronel del Ejército Libertador (EL) y que tuvo gran importancia para que la lucha de los mambises —unidos a las fuerzas norteamericanas— alcanzara rápidamente la derrota de España.

Aunque no fue una expedición naval que trasladó gran cantidad de hombres y pertrechos, el desembarco del Leyden por la playa El Salado, en la antigua provincia de La Habana —quizás la primera acción coordinada entre los mambises y el ejército norteamericano—, tuvo un efecto decisivo en el ulterior desarrollo de la guerra.

Quien consulte el Diccionario Enciclopédico de la Historia Militar de Cuba, publicado por la Editorial Verdeolivo en tres tomos —del cual nos hemos valido para redactar este artículo— constatará que los investigadores no han podido ponerse de acuerdo acerca de la cantidad de expedicionarios que venían en el remolcador norteamericano, ni en cuanto a la cantidad de pertrechos que trajeron, pero en lo que sí hay acuerdo es en que esta primera expedición del Leyden —pues luego hubo otra— tenía como misión fundamental entregar al General José María (Mayía) Rodríguez varios documentos, para sincronizar a partir de entonces las acciones militares de los patriotas cubanos con las que ejecutarían las fuerzas interventoras norteñas que pretendían entrar a esa parte del país por el puerto de Mariel.

Los historiadores castristas señalan que esa coordinación militar no contó con el apoyo del gobierno de la República en Armas ni con el del General en Jefe del Ejército Libertador. Aunque se tratara de algo indubitable, tal afirmación quiere desconocer la ola de simpatía que el apoyo del gobierno y el pueblo norteño había despertado en la gran mayoría de las fuerzas mambisas atendiendo a la incidencia que esa ayuda iba a tener en la búsqueda expedita de nuestra libertad. Sí, es cierto, como afirmó el insigne historiador Emilio Roig de Leuchsenrig, que Cuba no debe su independencia a los EEUU, pero también lo es que de no haber sido por la intervención norteamericana la guerra se habría extendido mucho más, con el aumento de los daños en la economía y un mayor número de víctimas.

Pretender enlodar el nombre de los generales que apoyaron esas acciones coordinadas, entre ellos el del insigne Mayía Rodríguez constituye una acción miserable, mucho más tratándose de un patriota que, al decir de nuestro Apóstol José Martí, era el más virtuoso de los compañeros.

Acerca del protagonista del suceso

El coronel Baldomero Acosta Acosta nació en Bauta el 5 de marzo de 1866 y se hizo mambí en enero de 1896.

Desde la posición de soldado fue ascendiendo debido a su valentía en los combates. Durante gran parte de la “guerra necesaria” combatió bajo las órdenes del General Antonio Maceo, de cuyas huestes formaba parte cuando se produjo la muerte del Titán de Bronce.

Recibió heridas graves en el combate de Las Taironas, provincia de Pinar del Río, el 17 de enero de 1896. También resultó herido el infausto día de la muerte del General Antonio, en el combate de Salinas el 14 de marzo de 1897 y el 27 de junio de 1897 en el combate de Maurín.

Una vez firmada la paz con España recibió la orden de ocupar el poblado de Marianao, lugar que atacó exitosamente en dos ocasiones durante la guerra.

Cuando se licenció como oficial del EL fue designado jefe de policía de ese poblado y luego fue ascendido a General de Brigada del Ejército Nacional.

Fue electo alcalde de ese lugar en más de cuatro ocasiones gracias a la votación libre de los ciudadanos y contendiendo con otros aspirantes. Desempeñó ese cargo hasta que en 1931 el General Presidente Gerardo Machado lo suspendió de sus funciones.

Murió en Marianao el 3 de diciembre de 1943 a la edad de 77 años, después de haber dedicado lo mejor de su vida a la libertad y el progreso de la patria.

Alguna vez la historia de Cuba habrá de escribirse sin que sobre ella pendan como una blasfemia los ucases ideológicos. Entonces, cuando sólo la verdad estrictamente documentada sea la única base de los historiadores, quizás contemos con estudios más documentados donde podamos constatar la trascendencia de la expedición del Leyden, la simpatía que provocó entre las huestes mambisas la intervención norteamericana y hasta dónde llegó realmente el presunto rechazo a esa muestra de solidaridad indubitable.

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