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De Lydia Cabrera han borrado hasta el lugar donde vivió

Lydia Cabrera, Cuba

LA HABANA, Cuba. — El 20 de mayo es una fecha con doble significación para Cuba: el surgimiento de la República en 1902 y, tres años antes, en 1899, el nacimiento de una figura trascendental de la antropología y la etnología cubana, Lydia Cabrera.

Por los mismos motivos políticos que la República es denostada por el castrismo, Lydia Cabrera es prácticamente ignorada.

Ser hija de un prestigioso abogado y autor de varios libros, Raimundo Cabrera, y cuñada del famoso intelectual Fernando Ortiz, tuvo mucho que ver en el camino escogido por Lydia.

Gran conocedora de las prácticas religiosas, los rituales y los mitos afrocubanos, de los más de quince libros que escribió, los más importantes son Cuentos negros de Cuba (1936) y El Monte (1954), que es considerado la Biblia de las religiones afrocubanas.

La obra de Lydia Cabrera, pese a su importancia para la cultura nacional, fue proscrita luego de que partiera al exilio en 1961.

Al castrismo, furibundamente ateo en sus primeras décadas, no le importaba el estudio de las religiones afrocubanas, que consideraban “un atrasado rezago del pasado”.

Durante varias décadas El Monte no volvió a ser publicado en Cuba. No fue hasta finales de la década de 1980 que se reeditó por la Editorial Letras Cubanas, sin permiso ni pago de derecho de autor. El Monte se vende ahora en 350 pesos, el equivalente a 12,50 dólares.

Lydia Cabrera murió en Miami el 19 de septiembre de 1991.

Para la cultura oficial es casi como si no hubiese existido la más importante estudiosa de los cultos sincréticos y las tradiciones afrocubanas. En un intento por borrarla y hacer que sea olvidada, destruyeron hasta su casa, la Quinta San José, ubicada en la avenida 51 entre 92 y 94, en la barriada de Pogolotti, Marianao, donde escribió El Monte y otros de sus libros.

El área de la estancia, una de las construcciones más bellas de la zona, abarcaba unos 100 metros de frente por casi 250 metros de fondo y estaba rodeada por una alta verja.

El propietario de la quinta era el padre de María Teresa de Rojas (Titina), quien fuera la compañera sentimental de Lydia Cabrera.

La Quinta San José fue arrasada hasta los cimientos en 1962, pocos meses después de que Lydia Cabrera se exiliara, para edificar allí el Centro Deportivo “Jesús Menéndez”. Solo quedaron en pie las altas palmas que rodeaban el lugar.

La Quinta San José fue arrasada hasta los cimientos en 1962, pocos meses después de que Lydia Cabrera se exiliara, para edificar allí el Centro Deportivo “Jesús Menéndez” (Foto del autor)

Hoy, las áreas para la práctica del béisbol, el fútbol y la cancha de baloncesto están bastante deterioradas. Hay una piscina que no funciona desde hace muchos años, pues la bomba de agua del llenado está rota. Además, sería imposible usar tanta agua para la piscina, pues dejaría a los habitantes de la zona sin el preciado líquido.

El edificio de dos plantas, que cuenta con salones para la enseñanza de la danza, ensayos de grupos musicales, un pequeño teatro y una cafetería, fue reparado en parte, pues el deterioro sufrido por la falta de mantenimiento, acabó con la cristalería y la carpintería.

(Foto del autor)

Ni una tarja que recuerde que allí estuvo la casa de Lydia Cabrera

Hasta hace unos años, cuando llevaban turistas extranjeros a visitar el centro deportivo, les informaban de las actividades allí desarrolladas con niños y ancianos, pero sin decirles quien fue su antigua residente ni la trascendencia que tiene su obra para la cultura nacional.

Según el historiador Fernando Inclán Lavastida, Marianao se fundó en los alrededores de este lugar, en un punto que tuvo el mismo nombre de la estancia. Es posible que la Quinta San José sea el núcleo originario del territorio, y por tanto su valor patrimonial está multiplicado. Además, muy cerca de allí se halla el paraje en el cual el científico Carlos Juan Finlay hiciera las investigaciones que dieron por resultado el descubrimiento del mosquito Aedes Aegypti como trasmisor de la fiebre amarilla.

Estuve internado durante más de cinco años en el Hogar San Rafael, dirigido por la Orden Hermanos de San Juan de Dios, y me consta que la mayoría de los habitantes de la zona desconocen la historia de la Quinta San José y  quien fue Lydia Cabrera, excepto los practicantes de los cultos religiosos de origen africano que viven en la barriada.

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