De “liberador” de un país a dueño de una revolución

De “liberador” de un país a dueño de una revolución

Para Fidel Castro lo más importante era el protagonismo

Fidel Castro (AFP)

LA HABANA.- La historiografía oficialista escrita después de 1959 presenta los hechos relacionados con la lucha contra el gobierno de Fulgencio Batista de un modo simplificado, de forma tal de mostrar a Fidel Castro como la única figura que lideró esa contienda. Primero fue el asalto al cuartel Moncada, después el desembarco del Granma, y por último la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, Una especie de hilo conductor que marcaría la trayectoria del hijo de Birán.

Sin embargo, se mencionan muy poco a otros grupos que se opusieron activamente a Batista, entre ellos al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) —a esa agrupación pertenecían los asaltantes al cuartel Goicuría, en Matanzas, en abril de 1956—, e incluso se pasa por alto que no siempre Castro dirigió omnipotentemente a su Movimiento 26 de Julio.

Lo que sí resulta incuestionable es que Fidel Castro fue favorecido por la providencia en su afán de convertirse en el amo de Cuba. En primer término, le vino a las mil maravillas que el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957 fuera un fracaso. De haber triunfado esa acción, difícilmente Castro hubiese emergido de las montañas orientales como el máximo líder de la revolución, máxime si consideramos que en ese momento su núcleo guerrillero era embrionario.

Después le convino —aunque dijera lo contrario— la muerte de Frank País. Se quitó de encima a un líder más carismático que él —sobre todo en la provincia de Oriente—, así como a un hombre de fe cristiana que probablemente no hubiese admitido el ateísmo científico que Castro le impuso a la sociedad cumpliendo las indicciones del Kremlin.

Por último, le “cayó del cielo” que la huelga general del 9 de abril de 1958 no lograra su objetivo. Precisamente, el fracaso de esa acción fue el pretexto utilizado por Fidel Castro para adueñarse del liderazgo de la lucha contra el gobierno de Batista.

Unos días después de la malograda huelga, el 3 de mayo, Castro citó a las principales figuras del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) a una reunión en Altos de Mompié, un paraje de la Sierra Maestra. Participaron, entre otros, Haydée Santamaría, Vilma Espín, Celia Sánchez, René Ramos Latour, Faustino Pérez, y David Salvador, este último en su condición de jefe de la sección obrera del M-26-7.

En la cita se acordó que, en lo adelante, y debido a los errores que Castro les señaló a los que organizaron la huelga en las ciudades, el Comandante asumiría la dirección única, tanto en el llano como en la Sierra, de la lucha contra Batista. La emisora Radio Rebelde, desde la Comandancia General de la Sierra Maestra, sería el órgano oficial de información del M-26-7. Para dirigir la emisora fue designado Carlos Franqui. Además, se ratificó que Manuel Urrutia Lleó sería el presidente de la República cuando la revolución tomara el poder.

Y una vez más se iba a cumplir aquello de que “la revolución devora a sus hijos”. Porque Manuel Urrutia Lleó solo duró cinco meses en la presidencia debido a sus contradicciones con Fidel Castro. Por su parte, Carlos Franqui terminó rompiendo con el castrismo. Por último David Salvador fue obligado a abandonar la dirigencia de la entonces Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) tras su X Congreso efectuado en noviembre de 1959, cuando Fidel Castro, obviando el parecer de muchos delegados de su propio M-26-7, les abrió a los comunistas las puertas del movimiento sindical cubano.

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