Cuba y Venezuela: presente y destinos comunes

Cuba y Venezuela: presente y destinos comunes

En Washington se celebrará en unos días una importante reunión de activistas cubanos y venezolanos

(EFE)

SAN JUAN, Puerto Rico.- Son conocidos los versos de doña Lola Rodríguez de Tio: Cuba y Puerto Rico son / de un pájaro las dos alas… Era con ese lenguaje poético que la destacada intelectual boricua reflejaba la situación que a fines de la centuria decimonónica confrontaban ambas antillas, identificadas entre sí en la circunstancia de ser las últimas colonias de España en América.

Si salvamos las distancias, pudiéramos parafrasear esas dos estrofas para comparar a Venezuela y a Cuba, únicos dos países de nuestro hemisferio que, en pleno siglo XXI, sufren regímenes dictatoriales ineficientes que han sumido a sus respectivos pueblos en la arbitrariedad, la miseria y la pérdida de cualquier esperanza. Y en tan gran medida, que una y otra, que antes de la entronización de sus actuales sistemas eran países de inmigración, hoy ven a sus hijos dispuestos a huir en masa hacia cualquier sitio que les dé una visa.

Esas similitudes que, para su desgracia, sufren hoy las patrias de Bolívar y Martí, determinan que saludemos la feliz iniciativa de la Escuela Elliott de Asuntos Internacionales, anunciada en CubaNet y otros medios de prensa, de celebrar en la capital estadounidense un encuentro entre ciudadanos de ambos países que o bien han recibido el prestigioso Premio Sájarov de Derechos Humanos o representan a los así galardonados.

En esa reunión, auspiciada por Freedom House, la Universidad George Washington y el Parlamento Europeo, se espera que participen por Venezuela Julio Borges, actual presidente de la Asamblea Nacional, y la activista Patricia Gutiérrez, esposa del encarcelado alcalde Daniel Ceballos. Por Cuba asistirán el licenciado Guillermo Fariñas Hernández, una representante de las dignas Damas de Blanco y la hija del ingeniero Oswaldo Payá Sardiñas, Rosa María.

En vista de la inminencia de este importante encuentro, parece conveniente analizar las características de los compatriotas que deberán representar en ese acto a los premios Sájarov de la Isla. Y lo primero que resulta conveniente destacar en ese contexto es que todos ellos —al igual que sus homólogos venezolanos— son, sin excepción, personas comprometidas con la causa del restablecimiento de la democracia. Pero junto con esa importante coincidencia, existen también diferencias de cierto relieve, las cuales resulta oportuno señalar.

En primer lugar, conviene mencionar las asimetrías entre Guillermo Fariñas y las Damas de Blanco, por una parte, y Rosa María Payá, de la otra. Los dos primeros asistirán al acto por derecho propio: en el caso de la organización femenina, ganado por el admirable desafío que ellas han presentado al régimen cada semana; en el del fraterno Coco (Fariñas), por la abnegada huelga de hambre y sed que mantuvo durante meses, y que condujo a la excarcelación de los presos políticos de entonces. La joven hija de don Oswaldo, por su parte, ejercerá una especie de representación simbólica de su difunto padre.

En segundo lugar, también existen diferencias en las organizaciones por las que unos y otra hablarán: Las Damas de Blanco siguen siendo la misma entidad que ganó el premio en 2005. Por desgracia, entre nosotros ya no está Laura Pollán, pero la actividad continúa sin claudicaciones bajo el liderazgo indiscutible de otra patriota: su gran amiga y sucesora Berta Soler.

Por su parte, Fariñas sigue a la cabeza del Frente Antitotalitario Unido (FANTU), que tan destacada labor desarrolla en toda la República. Rosa María, por el contrario, ya no pertenece al Movimiento Cristiano Liberación (que el fallecido ingeniero organizó y dirigió hasta el día de su muerte), pues fue separada de él. No obstante, ambos participan de manera destacada en el Encuentro Nacional Cubano, la coalición que ha alcanzado notables éxitos en el propósito de juntar a todas las organizaciones prodemocráticas de la Isla.

En tercer y último lugar (pero no por ello menos importante), existe otra diferencia que merece ser destacada: Berta y sus amigas, así como el licenciado Fariñas, han renunciado a su indiscutible derecho a emigrar, y encabezan la lucha por la libertad —cuyo principal campo de batalla es Cuba—, desde el territorio nacional. La joven Payá no, pues optó por radicarse en el extranjero.

Pero insisto en que esas divergencias, aunque poseen relevancia, no son lo más significativo. Lo verdaderamente importante —repito— es que todos rechazan el régimen castrista que impera en la Isla y aspiran a un país democrático en que quepamos todos los hijos de la Gran Antilla. En ese contexto, la inminente reunión de Washington promete tener gran trascendencia.

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