Categorías: Opinión
| Publicado:
viernes, 21 de enero, 2022 4:14 pm

Cuba, una base militar rusa (I)

Triste, vejada, como un pedazo de suelo militar ocupado y no como una nación independiente, el nombre de Cuba otra vez resuena en el mundo
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LAS TUNAS, Cuba.  — Triste, vejada, como un pedazo de suelo militar ocupado y no como una nación independiente, el nombre de Cuba otra vez resuena en el mundo. Esta es una historia que tiene su origen en el ya lejano octubre de 1962, cuando, siendo una base de misiles soviéticos, en tierra cubana pudo estallar una guerra atómica de consecuencias nefastas para el mundo.

La dependencia del régimen castrocomunista de la extinta Unión de República Socialistas Soviética (URSS) llegó a ser tan absoluta que en el preámbulo de la Constitución de 1976 se lee: apoyados en “la ayuda y la cooperación de la Unión Soviética”. Ahora la historia parece repetirse sin ayuda notable rusa, pero sí con manifiesta mendicidad en Cuba.

El almirante Rob Bauer, presidente del Comité Militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), dijo en rueda de prensa el pasado jueves que es “preocupante” que Rusia pueda trasladar misiles a países como Venezuela y Cuba por sus implicaciones para la seguridad aliada.

“No es territorio de la OTAN, Venezuela y Cuba, pero puedo imaginar que hay países aliados que están preocupados por tal posibilidad”, dijo.

Las declaraciones del presidente del Comité Militar de la OTAN se produjeron luego de que el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Riabkov, dijera al canal de televisión ruso RTVi que su país no descarta un despliegue militar en Cuba y Venezuela si continúan creciendo las tensiones entre Rusia, Estados Unidos y los países que integran la OTAN.

“No confirmaría ni descartaría la posibilidad de que Rusia pueda enviar activos militares a estos países”, señaló Riabkov, arguyendo que “Rusia podría tomar medidas técnico-militares si Estados Unidos actúa para provocar la presión militar”.

Respondiendo a esas afirmaciones la administración Biden dijo a través de Jake Sullivan que no iba a responder a las “fanfarronadas”, pero que “si Rusia realmente comenzara a moverse en esa dirección, lo abordaríamos de manera decisiva”.

El pasado lunes el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, indicó en rueda de prensa que “en el contexto de la actual situación, Rusia piensa en cómo garantizar su propia seguridad”, reportó la Agencia EFE.

En una situación parecida a la de “cómo garantizar su propia seguridad”, a decir del portavoz del Kremlin, recién se cumplieron 60 años de que el entonces gobernante de la URSS, Nikita Jrushchov, procurando reducir la desventaja de la línea defensiva coheteril de la URSS —que, teóricamente, demoraba 25 minutos en hacer un impacto nuclear en suelo estadounidense, mientras los cohetes intercontinentales Júpiter de Estados Unidos situados en Turquía e Italia sólo demorarían 10 minutos en impactar en territorio soviético—, exclamara “… también les podemos crear a los norteamericanos una situación similar, cerca de la frontera de Estados Unidos si ubicamos cohetes en Cuba”, tal y como asegura el relato de Fedor M. Burlatsky, que era uno de los ayudantes personales del líder soviético.

Pero el convencimiento de Nikita Jruschov de poder instalar cohetes nucleares en Cuba, como si la isla caribeña fuera una “república” soviética bajo su mando, no partía de cero. El 4 de agosto de 1961 la URSS concedió al régimen de Fidel Castro un crédito, firmado en La Habana, para la compra de armas por 48 millones 500 mil dólares, de los cuales 30 millones 500 mil fueron entregados de forma gratuita, mientras que de los restantes 18 millones el régimen castrista solo pagaría seis millones a un dos porciento de interés. Un segundo convenio rubricado en Moscú el 30 de septiembre de 1961, también para la compra de armas, ascendía a la cifra de 149 millones 550 mil dólares.

Esos convenios Moscú-La Habana, entiéndase Jruschov-Castro, incluían armamento para las tropas terrestres (armas ligeras de infantería, artillería de diferentes tipos y calibres, tanques, carros blindados, medios de transporte, de comunicación y equipos de radiolocalización, etc.). La fuerza aérea fue dotada con aviones MIG 15 y 19, helicópteros MI-4, bombarderos ligeros IL-28 y todo lo requerido para los aeródromos. La marina de guerra recibió lanchas torpederas y buques caza submarinos, mientras que las armas de todas las fuerzas (aire, mar y tierra) fueron abastecidas con las municiones necesarias en la cadencia de caducidad y dotadas con talleres de reparación y mantenimiento.

Justo es aclarar que el 13 de julio de 1962, en ocasión de encontrarse el entonces comandante Raúl Castro en Moscú para ultimar los detalles del despliegue de los cohetes nucleares en Cuba, fue firmado un tercer convenio mediante el cual se cancelaban las deudas antes citadas, estableciéndose que por un período de dos años, y de forma gratuita, la URSS abastecería de armas y municiones a Cuba. Era un mecenazgo espléndido.

En Sociología de la literatura, Robert Escarpit cita al escritor egipcio Taha Hussein cuando dijo: “Si el mecenazgo es producto halagador de una civilización bien organizada, es también, no lo olvidemos, fruto a veces un poco ácido de una rivalidad entre las potencias de este mundo”.

Dada la rivalidad Este-Oeste (entiéndase el sistema democrático representado por Estados Unidos frente al totalitarismo de los países comunistas administrados por Moscú), no resulta extraño que el 16 de octubre de 1959, en el hotel Riviera —y no valiéndose de comunistas conocidos como Raúl Castro o el Che Guevara, sino del carismático comandante Camilo Cienfuegos—, haciéndose pasar por periodista de la agencia TASS, el coronel del KGB Alexander Alexeev —más tarde embajador de la URSS en Cuba— iniciaría su acercamiento a Fidel Castro para hacer de la Isla una base estratégica político-militar a sólo 90 millas de Estados Unidos.

Luego, con esa labor preliminar de influencia operativa, que concluyó con la total dependencia económica, política y militar del régimen castrista, se entiende cómo si fue en abril de 1962 que Nikita Jruschov expuso su idea al ministro de Defensa, mariscal Rodión Y. Malinovsky, acerca de ubicar cohetes en Cuba, ya sólo cuatro meses después, en los primeros días de agosto, comenzó a desembarcar en suelo cubano, y en secreto, un profuso contingente militar denominado Agrupación de Tropas Soviéticas (TAS), que se situaría en todo el territorio nacional bajo jurisdicción del Estado soviético y el mando del general de ejército Issá Aleksándrovich Plíyev, con órdenes secretas que ni Fidel Castro conocía.

En el próximo artículo concluiremos este tema relatando especificidades del despliegue militar soviético en Cuba en 1962, que hoy resulta inviable, pero como Díaz-Canel es heredero de Fidel y Raúl Castro, y la Federación Rusa es heredera de la URSS, sí podrían “tomar medidas técnico-militares”, a decir de Riabkov, y hacer de Cuba la base militar rusa que un día fue.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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