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Cuba sin energía: la crisis que viene

Crisis, Cuba, Energía, Combustible,Termoeléctrica Antonio Guiteras, Matanzas, Cuba

LA HABANA, Cuba. — Es la última que ha llegado del régimen comunista cubano. Al parecer, las autoridades atribuyen la afectación reciente en la distribución de combustible en gasolineras del país a “un incremento en la demanda” y al mayor abastecimiento a equipos de generación de electricidad. La información procede de Granma y es, una vez más, un insulto a los cubanos y la demostración más evidente del profundo desprecio de los dirigentes comunistas hacia el pueblo cubano.

¿De qué aumento de la demanda están hablando los comunistas? Un país inmerso en una grave crisis económica, en el que, además, se presenta uno de los índices de motorización más bajos del mundo —ni siquiera se reportan datos de automóviles por habitantes—  y que ofrece a la población unos servicios muy deficientes de transporte público no puede alegar un consumo elevado de derivados de petróleo porque se pierde credibilidad.

El problema de la energía y los combustibles en Cuba es de oferta y no de demanda. En realidad, los aumentos de los precios del petróleo a nivel mundial están empezando a causar estragos en una economía que carece de financiación para acceder a los mercados mundiales y que depende al 100% de los donativos de Venezuela.

Pero esta dependencia puede cambiar en cualquier momento, sobre todo si los precios siguen subiendo y Venezuela normaliza su producción de crudo, lo que le podría reportar ingresos muy relevantes para dinamizar su economía. La preocupación por Cuba puede pasar, en tales condiciones, a un segundo plano de interés.

Ya se pudo ver en 2019, cuando Venezuela por sus problemas internos interrumpió las entregas de petróleo y en La Habana tuvieron que paralizar actividades productivas para evitar apagones. En aquel momento, los dirigentes comunistas culparon a Estados Unidos de bloquear a los tanqueros venezolanos, pero nada de ello era cierto. El mismo Ramiro Valdés tuvo que viajar a Caracas para defender los compromisos petroleros con Cuba, pero nada fue igual desde entonces.

Los cubanos están acostumbrados a la penuria angustiosa de un régimen que raciona continuamente la oferta de bienes y servicios, pero esta vez se puede haber pinchado en hueso. Las colas kilométricas de los automovilistas y transportistas en La Habana y otras ciudades del país, vistas por los turistas extranjeros en sus países, que hayan pensado en viajar a la Isla en el verano, pueden ser un estímulo muy poderoso para cambiar de destino. Estas colas han revelado la grave situación económica de la Isla, la actual y la que viene, su permanente crisis estructural y la falta de iniciativa del gobierno para respaldar el crecimiento.

La Unión Cuba-Petróleo (Cupet), el monopolio empresarial que se encarga de comercializar los combustibles —adscrita al Ministerio de Energía y Minas—, se limitó a informar “que la distribución de diésel y gasolina a los servicentros del país se ha visto afectada en los últimos días debido, entre otras causas, a un incremento de la demanda”. Y se quedaron tan tranquilos.

La culpa en el régimen castrista siempre es de otros. Si la economía funciona mal, es por culpa del embargo o bloqueo. Si no llegan turistas es por culpa de la COVID-19, y así sucesivamente. Nadie en la dirigencia comunista es capaz de entonar el mea culpa, a pesar de que es evidente que si no hay gasolina suficiente es porque escasea el petróleo, porque no hay dinero con qué comprarlo.

De nada sirve que Cupet diga que va a realizar “ingentes esfuerzos” para garantizar el suministro habitual de combustible, y que vuelva a responsabilizar al embargo de Estados Unidos del déficit de gasolina y diésel en las gasolineras. Esta situación puede haberse visto agravada por la crisis económica mundial y el incremento de los precios del petróleo, pero si ello es así, lo mejor que pueden hacer es ir preparándose porque la cosa acaba de empezar.

De momento, la prensa estatal señala que la escasez actual se debe a que Cupet no ha tenido reflejos suficientes para entregar más combustible del habitual a las estaciones. De otro lado, se ha producido un aumento del abastecimiento a los generadores eléctricos para disminuir afectaciones a una importante central termoeléctrica del país. En fin, los mismos problemas de siempre, que no acaban de tener solución porque recaen en manos del Estado. Las averías en las centrales eléctricas en Cuba exigen aumentar el uso de generadores, que son grandes consumidores de diésel y que, además, contaminan. Es el círculo vicioso de la economía cubana, una vez más.

¿Qué vendrá a continuación? Los cubanos lo saben. Están a las puertas de un racionamiento del combustible, que empezará teniendo carácter transitorio, pero que se acabará extendiendo en el tiempo, conforme la crisis mundial aumente su impacto. Una crisis derivada de la agresión de un amigo de Cuba, Rusia, a Ucrania, que ha alterado la geopolítica mundial.

Venezuela, que es el sostén energético del régimen cubano, puede estar en otra onda, y el pago por médicos, entrenadores, militares o agentes de la seguridad puede pasar a mejor vida, conforme el país incremente sus ingresos del petróleo, vendiendo a precios más altos sus cuantiosos recursos. Si este modelo llegara a su fin, el régimen cubano podría encontrarse con la desaparición de los negocios de la venta de profesionales o de actuar como maquila petrolera de Venezuela en el Caribe.

Conforme Venezuela ponga fin a la caída en la producción nacional de petróleo (un -20% desde 2010) y remonte la oferta, su interés en vender todo el petróleo en los mercados mundiales podría llevar a desatender a Cuba, e incluso, obligar a este país a pagar los precios de mercado. Este podría ser el fin de uno de los pocos negocios ideados por el régimen desde tiempos de Fidel Castro. Con ello, se agudizarían las debilidades estructurales de la economía.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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