Papagayos del poder

Papagayos del poder

Para triunfar, tanto en las guerras convencionales como en la batalla contra una pandemia, es tan importante la calidad de la técnica como la moral del personal que la maneja

Cuba, Coronavirus
Los nasobucos son parte de la cotidianidad en Cuba (Foto: Cubadebate)

SANTIAGO, Cuba. – No son pocos los que cuestionan la capacidad del régimen cubano de hacer frente con eficiencia y éxito a la pandemia del coronavirus, pues son muchos los indicadores que apuntan a que la Isla no posee las condiciones necesarias. Entre los agravantes de la situación del país están la crisis económica, la deteriorada infraestructura de la salud pública y el déficit de capital humano. Este último es, sin dudas, uno de los que más preocupaciones genera.

Desde antes de esta nueva crisis, una de las principales quejas del pueblo sobre los servicios de salud es la falta cuantitativa y cualitativa de personal de la salud en consultorios, policlínicos y hospitales a causa de que los médicos, entre ellos los de mayor experiencia, son parte de las llamadas “misiones” en otros países, en detrimento de la calidad de la atención médica al interior del país.

Pero existe otro problema que hace muy cuestionable la situación del capital humano, y es la falta de capacidad en primer lugar y de voluntad en segundo, de los funcionarios a todos los niveles y en todos los ámbitos de la vida nacional para cuestionar al poder ejecutivo.

Durante más de una semana a través de las redes sociales y medios de prensa independientes muchos ciudadanos objetaron y sugirieron a La Habana, la implementación de medidas realmente serias y proporcionales a la gravedad de la amenaza del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, que el 11 de marzo fue declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud.

En esa misma fecha se hizo pública la existencia de tres casos positivos en Cuba, pero el régimen cubano, en demostración de irresponsabilidad e histeria autonomista, hizo caso omiso a estas críticas y manifestó prepotencia, falta de humanidad, abuso de poder y desidia administrativa, personificada por decenas de funcionarios papagayos tratando de justificar una posición injustificable con argumentos absurdos.

Ejemplo de ello, fue la Ministra de Educación Ana Elsa Velázquez Cobiella quien tildó de medidas extremas, el uso del nasobuco en las escuelas y enfatizó en que no había ninguna orientación de cerrar los centros educativos porque se detectase algún que otro caso.

Las redes sociales se inundaron de cientos de denuncias, porque maestros impedían a sus estudiantes usar mascarillas dentro de las escuelas, como fue el caso de “La Diosa”, cantante cubana residente en la capital.

Esta artista también se dirigió al policlínico de su área de salud en busca de respuestas y una médica del lugar trató de convencerla de que la prohibición de usar la mascarilla era una medida razonable del MINSAP. También se hizo viral un video filtrado de una reunión donde la rectora de la Facultad de Medicina de la provincia Holguín obligaba a los estudiantes a quitarse el nasobuco o abandonar el recinto.

Otros escolares les comunicaron a sus familiares que aquellos padres que en respuesta a la prohibición de uso de nasobuco no enviaran a sus hijos a las escuelas serían vistos como contrarrevolucionarios y sus hijos perderían el año escolar.

Varios padres de alumnos de la enseñanza primaria en Santiago de Cuba que contactaron con CubaNet denunciaron que las autoridades no pretendían aislar a los niños de padres extranjeros que recién llegasen del exterior, ni aunque procediesen de países con los más altos niveles de infectados.

Asimismo, escuchamos a Bárbara Cruz Rodríguez, directora general de Mercadotecnia del Ministerio del Turismo decir “seguiremos recibiendo a los turistas, los clientes que deseen venir a Cuba serán bien recibidos, le daremos todos los servicios y mostraremos que Cuba es un país seguro en todos los aspectos”.  Mientras, las propias autoridades se daban cuenta de que los casos de contagios identificados en el país, habían sido importados.

Ante tanta irresponsabilidad a muchos nos surge la siguiente pregunta: ¿si el gobierno hubiese tomado antes las medidas de cuarentena y cierre de fronteras, cuán baja fuese la cifra de personas infectadas?

Aún más triste que acatar estas orientaciones fue la postura indigna de quienes fueron más allá y las defendieron con argumentos. Muchos funcionarios públicos no tuvieron, al menos, la decencia de sencillamente decir que cumplían órdenes, sino que trataron de convencer de lo absurdo a los ciudadanos inconformes. Así lo muestran las imágenes del video que acompaña este escrito donde la directora de una escuela primaria en La Habana trata de justificar ante estudiantes y padres la prohibición de uso de nasobuco en el centro. También vimos periodistas oficialistas que defendieron la decisión del Gobierno de recibir en la Isla un crucero con personas infectadas con el nuevo coronavirus.

Pero tan solo unos días después, todos estos voceros del régimen quedaron en ridículo. El 20 de marzo el Gobierno se vio obligado a comenzar a tomar las medidas que venía demandando el pueblo. Más allá de permitir nasobucos en los centros de enseñanza, estos fueron cerrados. Fueron cerradas las fronteras para evitar o disminuir la entrada de infectados a la Isla, lo cual contradice la lógica de permitir atracar en la isla el crucero británico.

Estos funcionarios demuestran falta de sentido común y de compromiso con el pueblo al que dicen servir. Solo repiten sin pensar todo cuanto se les orienta que digan desde instancias superiores. Se comportan como papagayos: aves, según el diccionario “…del orden de las trepadoras… propias de los países tropicales… que aprenden a repetir frases enteras por lo que se les aprecia mucho”. La única capacidad eficiente que podemos reconocerle a estos funcionarios es la de la sumisión.

Sí mañana las directrices del Gobierno fuesen que en nombre de la “igualdad socialista y el internacionalismo proletario” todos los cubanos deberían infectarse de coronavirus. Valdría la pena preguntarle a estos miméticos sí por su temor, falta de amor propio e ignorancia humana acatarían la orientación y la defenderían con argumentos espurios ante cualquier cuestionamiento.

Lo más triste es que muchos de ellos ni siquiera son consecuentes con sus opiniones propias, muchos dicen y defienden lo que no creen y expresan todo lo contrario a lo que creen. Lamentablemente, como dijo Václav Havel, los regímenes comunistas no necesitan que sus ciudadanos les crean, les basta con que lo finjan.

Hoy, que según cifras oficiales se han detectado 80 casos de personas infectadas, debemos ser conscientes de que para triunfar, tanto en las guerras convencionales como en la batalla contra una pandemia, es tan importante la calidad de la técnica como la moral del personal que la maneja. Los niveles de calidad profesional en Cuba, pese a que pueden verse sujetos a muchos cuestionamientos, no son algo que se pueda rectificar en los próximos días, pero corregir una conducta inmoral que puede salvar vidas es una necesidad imperiosa para enfrentar al nuevo coronavirus en La Mayor de las Antillas.

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Acerca del Autor

Carlos Amel Oliva Torres

Carlos Amel Oliva Torres

Portavoz y miembro de la directiva de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), líder de su Frente Juvenil. Reside en Santiago de Cuba

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