Cuba: otra vez explota la burbuja financiera

Cuba: otra vez explota la burbuja financiera

Solo hay dos cosas peores que contemplar los artículos necesarios a la venta y no tener dinero para comprarlos: tener el dinero y no encontrar lo necesario, o, peor aún, no tener ni dinero ni artículos a la venta

Economía, Cuba; Venezuela; Dólar; Díaz-Canel
Tres tipos de monedas y tres formas de cambios que caotizan la economía cubana (Foto de archivo)

SASKATCHEWAN, Canadá. – Solo hay dos cosas peores que contemplar los artículos necesarios a la venta y no tener dinero para comprarlos: tener el dinero y no encontrar lo necesario, o, peor aún, no tener ni dinero ni artículos a la venta. Los cubanos se encuentran hoy en esos dos últimos grupos: quienes tienen pesos cubanos (CUP) o convertibles (CUC) y se desgastan en largas colas cuando surten un producto, y quienes luego de desgastarse para obtener el CUC también tienen que desgastarse para poderlo gastar. La burbuja monetaria ha estallado de nuevo.

Antes del llamado Período Especial, los soviéticos y el CAME subsidiaron la economía de la Isla exportando infinidad de productos que se vendían en pesos cubanos a precios bastante baratos y materias primas que les permitían fabricar otros cuyos precios eran fijados centralmente por el Estado también sobre lo bajo, y otorgándoles cuantiosos créditos y facilidades de pago. Ello permitió mantener la capacidad de pago de esa unidad monetaria inconvertible: el peso cubano, y los salarios prácticamente fijos durante casi cuatro décadas, ambos ajenos a las fluctuaciones del mercado mundial. Las tiendas en divisas eran sólo para diplomáticos y extranjeros, la tenencia de dólares por cubanos era penalizada con cárcel.

En 1987, cuando comenzaron a escasear los subsidios del CAME, el peso cubano se desvalorizaba y, casi agotadas las reservas de oro y divisas que debían respaldarlo, Fidel Castro creó las “casas del oro y la plata” para recaudar el oro en poder del pueblo a cambio de, básicamente, espejitos.

Con la caída del campo socialista hacia 1989, sus productos dejaron de llegar y las tiendas se vaciaron, el mercado interno colapsó. El peso cubano reveló su nulo valor de cambio/compra y estalló la burbuja monetaria por primera vez. El gobierno observó durante cuatro años la hecatombe sin hacer prácticamente nada. No podían comprar a precios de mercado internacional para vender a los mismos precios de antaño en un peso cubano que, a la sazón, estaba completamente devaluado. Se manejaron planes llamados “Opción Cero” para si cesaban del todo los suministros convertir a cada cuadra (CDR) en una especie de cocina comunitaria.

Las personas canjeaban sus ropas y propiedades por comida e inventaban nuevos productos comestibles, hasta que a principios de 1992 la desnutrición provocó una epidemia de neuritis óptica. El 13 de agosto de 1993 se despenalizó el dólar en Cuba y comenzaron a abrirse nuevas tiendas para vender en esta divisa, con precios ya compatibles a los del mercado mundial. Al año siguiente comenzó a circular el CUC como una moneda que valía teóricamente lo mismo que el dólar norteamericano y que estaba destinada a sustituirlo en el mercado interno, donde su circulación terminó nuevamente en 2004.

La tasa de cambio del peso cubano respecto al dólar (USD) y luego al CUC (primero en bolsa negra y luego en las casas de cambio oficial) inició en más de 120 CUP por dólar, y rápidamente bajó hasta 25 x 1, tasa que se ha mantenido durante un cuarto de siglo. Ello implica que, en esencia, el CUC reveló la verdadera inflación acumulada al multiplicar los precios de los productos por 25 (2500%) o más. Desde luego que la convertibilidad era limitada, pues ni el CUC vale nada fuera de Cuba, ni resulta fácil poder cambiarlo por monedas libremente convertibles (MLC) como el dólar estadounidense, canadiense, el euro o la libra esterlina.

En 25 años, los precios internacionales han variado y el CUC, originalmente respaldado totalmente en divisas gracias al equivalente obtenido de exportaciones, servicios turísticos, servicios médicos y remesas, se ha devaluado también, quizás en parte porque comenzaron a otorgarse como estímulo en pequeñas cantidades a numerosos obreros del devastadoramente improductivo sector empresarial y militar en Cuba. El emporio militar GAESA, dueño de las cadenas de tiendas, ha perdido su capacidad de reponer los inventarios vendidos y pagarles a proveedores. Otra vez las tiendas están vacías y cualquier producto surtido es arrasado de inmediato por colas y coleros, acaparadores y revendedores, empleados y directivos corruptos. Se ha querido culpar de ello a la caída del turismo a causa del COVID-19, pero quienes hemos viajado a Cuba, tenemos familiares en la Isla o seguimos sus noticias, sabemos que el desabastecimiento en dichas tiendas comenzó mucho antes del coronavirus. El socialismo jamás ha logrado poner la oferta por encima de la demanda de ningún producto.

En el mundo, el comercio interior o “retailing” obtiene pequeños márgenes de ganancia por cada producto vendido, y si los dueños de Walmart, Costco, Lidl, Carrefour o Zara son tan ricos es porque sus productos satisfacen necesidades esenciales y se venden en grandes cantidades en miles de tiendas de todo el mundo. Las tiendas cubanas venden con márgenes de ganancia muy superiores a la media, pero en una moneda devaluada, y con ganancias que son fácilmente desviadas hacia otros sectores por el Estado centralizado. Es necesario aclarar que las prioridades del Partido-Estado-Gobierno cubano son político-ideológicas antes que económicas o sociales: puede faltar el combustible para las ambulancias, pero no para los autos y motos de la Seguridad del Estado (policía política); puede faltar el dinero para adquirir inventario de productos destinados al mercado interno, pero no para costear actos políticos, tribunas abiertas y apoyo a gobiernos, grupos (para)militares o candidatos presidenciales afines.

Una vez más, la solución más fácil al desabastecimiento sería mejorar la cadena de suministros y adquirir más productos; pero ausente el dinero y la voluntad no queda otra que “soltar” la inflación acumulada y artificialmente sostenida generada por la devaluación del CUC, aumentando los precios o simplemente vendiendo al mismo precio, pero en una moneda más valiosa y difícil de conseguir, que en la práctica es lo mismo que aumentarlos. Ya desde octubre del 2019 el USD se cambiaba en el mercado negro cubano por $1,30 CUC, coincidiendo con el anuncio de que se abrirían tiendas para vender electrodomésticos y los cubanos podrían importar productos en esa moneda. Por estos días el dólar se vende a unos 33 CUP, pero aumentará sin dudas a 40 o 50 x 1 con el anuncio de que los comestibles y ropas comenzarán a venderse en tiendas en USD (milagrosamente bien surtidas como lo estaban las tiendas en CUC al inicio).

Los cubanos deberán crearse cuentas en MLC, las que emitirán tarjetas magnéticas que pueden ser usadas para comprar en estas tiendas. El dinero puede entrar a la cuenta en efectivo, pero no extraerse excepto para compras con la tarjeta. Por supuesto, que haya unos pocos millones de cubanos que no tienen MLC, sobre todo aquellos que no tienen familiares en el extranjero (FE) que se los manden, es sólo un pequeño daño colateral a los ojos del gobierno, comparado con las patéticas imágenes en redes sociales de cubanos golpeándose y empujándose en las interminables colas para comprar un pedazo de pollo o un paquete de detergente. Por ello creo que, para el gobierno cubano, contener los efectos de la explosión de esta burbuja ha sido tan importante como obtener más dólares de la emigración.

La historia se repite. No se requiere una bola de cristal para anticipar las consecuencias de esta medida: las colas en las tiendas de MLC serán más pequeñas; la gente podrá comprar menos cantidad y por ende los productos durarán un poquito más tiempo en los anaqueles; muchos de los compradores en MLC revenderán estos productos por un margen en cualquiera de las tres monedas; los cuentapropistas comenzarán a aceptar USD en pago de sus servicios y los trabajadores estatales demandarán estimulación en dólares; los trabajadores y directivos de estas tiendas comenzarán a desviar productos hacia el mercado negro; los “gusanos” emigrantes incrementarán los envíos a sus familiares de la “moneda del enemigo”; buena parte de la divisa recaudada se usará para fines políticos alejados de la reposición de los inventarios vendidos y por ende tras algún tiempo estas tiendas comenzarán a lucir anaqueles vacíos; y el interminable ciclo de crisis comenzará de nuevo. Tal vez la próxima burbuja financiera no tarde 25 años.

Tranquilos, el gobernante Miguel Díaz Canel dijo que la “unificación de la moneda se hará en el menor tiempo posible”, lo cual, en el tiempo de Cuba, donde todo se hace “sin prisa”, puede significar que no será posible hasta dentro de 50 años. Sabemos que era una prioridad en los Lineamientos del Partido desde el 2011, y que nueve años después las dos monedas oficiales de entonces se han multiplicado. Si el proceso se acelera ahora terminaremos con la unión conyugal entre el vapuleado peso cubano y el dólar estadounidense, sería fascinante conocer a la prole de ese matrimonio.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.

Roberto Camba Baldomar

Nací el 7 de Diciembre de 1973. Me gradué en 1999 como licenciado en Derecho por la Universidad de Camagüey y desde entonces laboré por 11 años como Asesor y Consultor Jurídico en varias entidades. Tuve el privilegio de impartir clases a estudiantes de Derecho y graduarme como Master en Ciencias de la Educación con mención en Derecho. En 2011 emigré a Canadá, donde también obtuve un Diplomado de Administración de Empresas con honores. Actualmente trabajo como Jefe Regulador en una compañía de inspección al sector del petróleo y gas natural, y operador de cámaras de seguridad en un Casino. Soy un orgulloso miembro de Somos+ y desde el 2012 publico mis ideas sobre Cuba en un modesto blog bajo el seudónimo Palma Escrita. Llevo a Cuba en el corazón y no dejo de pensar en mi patria ni un solo día.

[fbcomments]