Cuba: entre el exceso de coronavirus y la falta de alimentos

Cuba: entre el exceso de coronavirus y la falta de alimentos

La epidemia de coronavirus empezó en diciembre de 2019 y hace más de un año que la escasez mantiene a la población cubana deambulando de un lugar a otro

Cuba coronavirus
Cola en un centro comercial de Holguín (Foto de archivo)

LA HABANA, Cuba. – Antes de declararse la presencia del SARS-CoV-2 y la COVID-19 en Cuba (11 de marzo de 2020) el gobierno ofrecía la Isla como un lugar seguro para viajar. La postura gubernamental: “Sin cerrar el turismo, pero a cuatro ojos”. Afirmaban, además, que “los clientes que decidan venir a Cuba serán bien recibidos”.

¿Es posible que influenciados por esta propaganda muchas personas infectadas con el virus decidieran visitar Cuba, entre ellos los tres turistas italianos reportados como los primeros casos en nuestro país?

Aunque se informaba que se había capacitado a un gran número de trabajadores del sector del turismo (incluyendo médicos) para no tener que cesar en esta actividad, y que no había peligro de transmisión en el país, hoy el nuevo coronavirus se propaga ya entre cubanos sin vínculo conocido con viajeros. Esta nueva fase ha sido nombrada impúdicamente de “transmisión autóctona limitada”.

Así pues, la realidad demostró que la tan vociferada seguridad para la población era otra gran mentira de los facinerosos comunistas cubanos. Mentira de la que también se hizo eco la prensa oficialista sin la menor compasión por su pueblo hundido en la miseria a la que nos ha llevado la incompetencia gubernamental. Ahora, además de enfrentar largas colas para conseguir comida, nos enfrentamos también a la propagación del coronavirus en todo el país.

Mientras, con una inigualable dosis de cinismo por la pandemia de coronavirus que nos golpea, los dirigentes del gobierno recomiendan a la población asumir con responsabilidad el aislamiento social como una de las acciones más importantes para evitar el riesgo de trasmisión del virus. En respuesta a esto, la frase que más se escucha es: “Si no nos mata el coronavirus, nos matan ellos de hambre”.

“Esta sí que es una batalla dura de verdad, porque hay que salir a la calle a buscar comida a pesar de ser muy arriesgado”, comenta una mujer en la cola para comprar frijoles liberados. Y es que, aunque las autoridades recomiendan quedarse en casa y evitar aglomeraciones, debido a la escasez de comida eso no es posible.

Constantemente escuchamos a la ministra de Comercio Interior (MINCIN), Betsy Díaz Velázquez, comunicar que van acercar los alimentos y artículos de primera necesidad a las personas, pero hasta ahora no lo han hecho. Aunque también el 3 de junio de 2019, en conferencia de prensa, anunció que en las bodegas y carnicerías se venderían (de manera controlada pero no subsidiada), 10 onzas de chícharos mensuales por persona, y trimestralmente un paquete de salchichas de importación según la composición del núcleo familiar (de una a tres, 1 paquete, de cuatro a seis, 2 paquetes, de siete o más, 3 paquetes), y no fue hasta diez meses después, en este mes de abril, que nos vendieron las primeras diez onzas de chícharos, y todavía esperamos por las salchichas. También anunció la venta regulada de pescado y harina de trigo.

Otro alimento fundamental que por estos días se hace muy difícil conseguir es la carne de cerdo. Me contaba Purita que el esposo le dio dinero para que comprara unas libras, pero, aunque ha hecho cola dos veces desde las 2:00 a.m., no ha alcanzado, porque la gente marca desde días antes.

“Uno de los problemas que tenemos en Lawton es que hay muy pocas shopping y no las abastecen, por eso tengo que salir del barrio para conseguir aceite, pollo o detergente”, me dice Maribel, una vecina, “y ahora, para rematar, quitaron el transporte público”. Jorge por su parte afirma: “Tengo que montear el pollo para el puré de mi mamá, que tiene 92 años y esta encamada. Hoy lo compré en el mercado de Vía Blanca, que fue donde sacaron, pero tuve que ir caminando”.

“Si en la panadería siempre hubiera pan, se evitaban las aglomeraciones”, razona una de las personas que esperan en la larga y demorada cola a que comiencen a vender dicho producto. “¿Pero no te das cuenta de que lo sacan ‘a buchitos’ porque no tienen harina ni manteca para hacer más?” En ese momento llega una mujer que de forma autoritaria ordena separarse un metro, pero enseguida sigue calle abajo y la gente vuelve a aglomerarse alrededor de la sombra de un pequeño portal.

En el noticiero televisivo señalaron que como consecuencia de la COVID-19 habrá en el mundo una crisis alimentaria. Pero es que la epidemia de coronavirus empezó en diciembre de 2019 y hace más de un año que esta crisis de desabastecimiento mantenía a la población cubana deambulando de un lugar a otro en busca de comida y productos de aseo personal.

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Acerca del Autor

Gladys Linares

Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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