Cuba: Dictadura, Oposición, Representatividad y Términos Medios

Tengo la certeza –casi matem√°tica– de que el castrismo est√° en sus finales

BELEM, Brasil, junio, 173.203.82.38 -La Cuba socialista actual se debate en un drama sin precedentes: la dictadura de m√°s de medio siglo, despu√©s de haber escenificado un proceso de sucesi√≥n de su figura principal –y de pr√°cticamente todo el equipo gobernante– sin ning√ļn sobresalto, enfrenta ahora el proceso de transici√≥n, m√°s complejo y profundo, desde una sociedad deficitaria, colectivista y paternalista, hacia una sociedad de mercado capitalista, te√≥ricamente m√°s tolerante con el individuo.

Esto siempre fue el anhelo de la oposici√≥n pol√≠tica cubana, pero revestido de un marco de apertura pol√≠tica democr√°tica, con libertad individual para su pueblo y perspectivas de respeto a las diferencias, la valorizaci√≥n de los derechos humanos, multipartidismo y elecciones libres. Y es en este punto donde se han frenado en Cuba las iniciativas del dictador Ra√ļl Castro, sucesor (din√°stico) de Fidel Castro, responsable por el desastre nacional que padecemos hace 53 a√Īos.

Hay indicios de que los hombres (y mujeres) de Ra√ļl han detenido su caminada reformista en dos puntos √°lgidos: primero, estar√≠an temerosos (y no quisieran) que sus reformas econ√≥micas pudieran conducir a ‚Äúaperturas pol√≠ticas‚ÄĚ, como en paralelo les exigen (en conversaciones reservadas) sus pares de Latinoam√©rica, EUA y Europa; y segundo, estar√≠an detenidos en la apertura econ√≥mica por haber chocado (o temen chocar) con los criterios del anciano dictador, en las consultas que se le hacen antes de anunciar las medidas de este tipo a ser tomadas.

En paralelo hay un ambiente social diferente en la isla, relacionado a los criterios que se exponen p√ļblicamente (aunque no se reflejan en la prensa cubana controlada) por una poblaci√≥n cansada de promesas socialistas sobre el ‚Äúfuturo luminoso‚ÄĚ que nunca llega. Las personas critican abiertamente el r√©gimen y una encuesta cre√≠ble ha arrojado le existencia de una mayor√≠a aplastante de la poblaci√≥n cubana (70%) que quiere cambios del sistema pol√≠tico.

Desde el a√Īo 2010, el estado de cosas en la isla ‚Äúcamina‚ÄĚ solamente por el uso de la represi√≥n de intensidad variable como √ļnica v√≠a de controlar a la oposici√≥n pol√≠tica interna. La muerte del patriota cubano Orlando Zapata Tamayo fue un marco que defini√≥ el calendario pol√≠tico cubano con un antes y un despu√©s de su martirologio. Esta muerte innecesaria propuls√≥ a Guillermo Fari√Īas en su famosa y prolongada huelga de hambre ‚Äúhasta las √ļltimas consecuencias‚ÄĚ (o hasta que fueran liberados sus hermanos injustamente encarcelados) y provoc√≥ un torrente de manifestaciones p√ļblicas –diarias durante una semana– de las Damas de Blanco (reprimidas por turbas cada vez m√°s violentas) que colocaron a los hermanos Castro en la disyuntiva de negociar una salida ‚Äúhonrosa‚ÄĚ a tan lamentable estado de cosas contra su r√©gimen de opresi√≥n.

Como sabemos, la dictadura estudi√≥ detenidamente el panorama adverso que se le presentaba y decidi√≥ utilizar una carta que internacionalmente podr√≠a resultar interesante: negociar con la Iglesia Cat√≥lica como supuesto representante ‚Äėneutral‚Äô de la sociedad cubana. As√≠ las cosas, Ra√ļl llam√≥ a negociar al Cardenal Ortega, a trav√©s del cual mand√≥ ‚Äúrecados‚ÄĚ para calmar a las Damas de Blanco, a Fari√Īas y a los presos pol√≠ticos de la Primavera Negra, todo obligado por la valiente actuaci√≥n y la presi√≥n de la oposici√≥n pol√≠tica interna cubana, que brill√≥ como nunca en el escenario nacional e internacional, gan√°ndole al r√©gimen una batalla decisiva ‚Äúpor la fuerza‚ÄĚ.

Pero, ¬Ņqu√© representatividad nacional ‚Äúde peso‚ÄĚ tiene el Cardenal Ortega dentro de la isla? Muy limitada, por no decir pr√°cticamente ninguna, desde el punto de vista pol√≠tico. Desde el punto de vista religioso, el √ļnico Cardenal cat√≥lico cubano posee el prestigio asociado a su alta investidura, pero desde el punto de vista interno –incluso religiosamente hablando– tiene una representaci√≥n verdaderamente pobre, si se tiene en cuenta que Cuba no es un pa√≠s practicante del catolicismo, porque su pueblo lo que realmente practica mayoritariamente es un sincretismo que mezcla cristianismo con ritos africanos, no aceptados por el catolicismo.

De manera que Ra√ļl quiso ‚Äúnegociar‚ÄĚ con alguien ‚Äúde peso‚ÄĚ pero sin representaci√≥n pol√≠tica nacional, lo que hab√≠a sido decidido previamente por el equipo gobernante, como siendo lo m√°s conveniente para los intereses de la dictadura: cortar de plano la huelga de hambre de Guillermo Fari√Īas y sus repercusiones internacionales, evitar nuevas manifestaciones tumultuosas de las Damas de Blanco y enviar al destierro a la mayor cantidad posible de presos pol√≠ticos de la Primavera Negra, revirtiendo el estado de cosas y escenificando una ‚Äúlimpieza‚ÄĚ.

Pero Ra√ļl y sus hombres quieren tirar nuevos frutos de aquel episodio del 2010 e insisten en presentar al Cardenal Ortega como la persona que ‚Äúoblig√≥‚ÄĚ a la dictadura a negociar la libertad de los presos de la Primavera Negra. Esta fama de ‚Äúintermediario-negociador con Ra√ļl‚ÄĚ, le ha servido al Cardenal Ortega para ‚Äúdignarse a recibir en audiencia‚ÄĚ una comisi√≥n representativa de las Damas de Blanco en estos d√≠as, las que han puesto en sus manos la soluci√≥n de un problema artificial que la dictadura cre√≥, s√≥lo para ‚Äėvenderles‚Äô soluciones a trav√©s de Ortega.

Respetando la alta investidura del Cardenal Ortega y sus responsabilidades religiosas al frente del Arzobispado de la Habana, todo lo cual reconocemos como m√©ritos extraordinarios que el Vaticano le ha otorgado desde el punto de vista religioso, tenemos que decir que Ortega no representa –pol√≠ticamente hablando– ni siquiera la opini√≥n mayoritaria (pol√≠ticamente hablando, repito) de los fieles cat√≥licos dentro y fuera de la isla. Siendo esto as√≠, ¬Ņpor qu√© ha de ir la oposici√≥n cubana a procurar a un personaje carente de representatividad en el tema pol√≠tico para que le sirva de intermediario? La oposici√≥n cubana no necesita intermediarios y su voz clara y democr√°tica debe escucharse con la misma fuerza que se escuch√≥ en el 2010.

En realidad, la oposici√≥n pol√≠tica cubana ha sufrido una nueva divisi√≥n, entre las muchas que ya tiene. A partir de la intenci√≥n de Ra√ļl Castro y sus generales de realizar cambios radicales en la econom√≠a socialista, tan profundos que lo califican como una transici√≥n al capitalismo de estado, algunos opositores de dentro y fuera de la isla, a los que se suman Ortega y sus ayudantes, han pasado a engrosar las filas de los que apoyan los planes sucesorios de Ra√ļl. Creemos que estos cubanos, de dentro y fuera de la isla, tienen derecho a tomar esa posici√≥n, como el resto de la oposici√≥n tiene derecho a continuar su camino de lucha por la libertad total.

Desde el punto de vista personal, veo esta actitud como algo a medio camino entre la oposición política tradicional a la dictadura y el apoyo radical a la continuación del castrismo en la isla. Piensan que siendo estos cambios encaminados a implantar un sistema de mercado en Cuba, tarde o temprano (creen) tendrá que haber apertura política en la isla, lo cual ellos pretenden conseguir a largo-medio plazo. Es una actitud que razono, pero no comparto.

Ahora, lo verdaderamente condenable de algunos de los que han adoptado esta posici√≥n, es comenzar a atacar los postulados de la oposici√≥n pol√≠tica directa al castrismo, retomando las versiones de la dictadura que detractan a la oposici√≥n pac√≠fica cubana de dentro y fuera de la isla. El hecho de que algunos antiguos opositores hayan adoptado una posici√≥n intermedia sobre el castrismo, no los autoriza para denigrar a quienes contin√ļan actuando para la derrota del equipo que ha destruido a la Naci√≥n Cubana, por incompetente, dictatorial y hegem√≥nico.

Analizando: Las diferencias entre Ra√ļl queriendo cambiar y Fidel impidiendo el avance de las reformas; la decisi√≥n de Ra√ļl de encabezar una transici√≥n a un capitalismo de estado, aunque con dictadura pol√≠tica; los movimientos recientes de enviar sucesivas delegaciones de posibles sucesores de Ra√ļl a EUA para negociar ‚Äúbajo la mesa‚ÄĚ; el apoyo de sectores (limitados) de la oposici√≥n cubana a las pretensiones de Ra√ļl de eliminar ‚Äúla sociedad miserable‚ÄĚ que organiz√≥ su hermano Fidel, tengo la certeza –casi matem√°tica– de que el castrismo est√° en sus finales.

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