Haz lo que te digo, … que yo haré lo que quiera

Haz lo que te digo, … que yo haré lo que quiera

La Ley cubana prohíbe las campañas electorales, pero los personeros del castrismo se consideran por encima de ella

constitucion cuba

LA HABANA, Cuba. – El régimen de La Habana, tras publicar la Constitución raulista, organiza el referendo en el que ella —según sus designios— deberá ser aprobada. Ese acto comicial reviste particular importancia. Se trata de la primera vez, desde 1976, en que el elector cubano podrá, en un asunto de envergadura nacional, escoger entre opciones diversas. En las votaciones para diputados, hay tantos candidatos cuantos son los puestos disponibles. Por consiguiente, en ellas no hay escogencia alguna. Pero en el referendo sucederá algo distinto: Se formulará una pregunta a la caben dos respuestas opuestas: SÍ o NO.

Se supone que, en un proceso electoral de esas características, tiene sentido que se ilustre al ciudadano. Al tomar la papeleta, éste se encontrará ante una disyuntiva, y parece correcto que cuente con argumentos para saber qué camino tomar, en cuál de las dos casillas marcará la cruz que, sumada a las de otros millones de compatriotas, determine el destino del texto constitucional concebido por el general Raúl Castro. El resultado, a su vez, signará el futuro inmediato de nuestra Patria.

Pero he aquí que, en este asunto, se produce una situación peculiar: Resulta que la vigente Ley Electoral —en particular su artículo 171— establece el principio de la no realización de campañas electorales en Cuba. En ese contexto, invoca “los principios y normas de carácter ético […], los que son ajenos, por principio, a toda forma de oportunismo, demagogia y politiquería”.

Conforme a esa disposición —pues— cualquiera diría que, de cara al referendo, el cubano de a pie no contará con la posibilidad de conocer los pros y los contras de cada una de las dos posturas mencionadas (o de la abstención o la anulación de la boleta, que también son opciones con las que él cuenta).

Pero los castristas no se arredran ante una bobería como ésa. Nuestros electores no serán dejados de la mano. El régimen se ocupará de hacerles saber los pros de votar SÍ. Claro que la opción del NO ni siquiera la mencionarán. Pero, dada la concepción del mundo que ellos tienen, no cabía esperar otra cosa.

Los gobernantes de La Habana tienen un concepto muy peculiar de la democracia. No en balde, cuando el representante de algún país libre le enrostra ante un foro internacional el carácter impositivo de sus instituciones, los castristas responden muy orondos: “Nosotros tenemos nuestra democracia”. En otras ocasiones le endilgan a este último concepto el adjetivo “socialista”. ¡Como si la verdadera democracia pudiese tener apellidos!

El caso es que quienes tenemos la desgracia de estar forzados a padecer los intragables bodrios de la Televisión Cubana, estamos condenados a ver en las horas-pico, antes de un programa estelar sí, y antes del siguiente también, las promos por el SÍ elaborados por el Departamento Ideológico del único partido.

Ellos emplean argumentos (de algún modo hay que llamarlos) que parecen destinados a subnormales. Para conminar a votar por el SÍ, se alude a la misma supuesta “democracia”, y se invoca la “dignidad” (me pregunto: ¿qué hay de indigno en optar por el NO!).

En el colmo del descoco, los cotorrones del castrismo esgrimen como argumento la necesidad de mantener “la continuidad de nuestra Revolución”. ¿Es que no saben que los cubanos de a pie, en una clara mayoría, abominan del sistema imperante, y si hay algo que no les seduce es la idea de que todo siga igual (¡que es lo que “Esta Gente” llama “Revolución”!).

También han recurrido al expediente de filmar a figuras populares que, con la espontaneidad que cabría esperar de un robot, repiten ante las cámaras las torpes consignas redactadas por los plumíferos del tenebroso Departamento Ideológico.  Puede tratarse de un artista famoso o de un deportista ganador de medallas. Eso no posee mayor trascendencia. Lo que importa es machacar la idea del SÍ en la conciencia y el subconsciente de cada cubano, y hacerlo a como dé lugar.

A todas estas, ¿tiene sentido esperar que los jerarcas del Instituto Cubano de Radio y Televisión pongan coto a la descarada infracción del mencionado principio de no realización de campañas electorales? ¿O que la Fiscalía, como organismo garante de la “legalidad socialista” (¡otra vez el dichoso adjetivo!) adopte medidas contra los infractores de ese mismo principio!

Por supuesto que no. Como punto de partida, señalo que creo en la Ley, pero trato de no pasar por tonto. Sé que todo el funcionariado cubano tiene, como única tarea, propiciar el cumplimiento de los dictados del poder en todas las formas posibles.

Mientras tanto, muchos activistas prodemocráticos (y yo como uno más de ellos) tratamos de ilustrar a los compatriotas que estén dispuestos a oírnos acerca de la conveniencia y oportunidad de optar por el NO. De aprovechar esta ocasión —¡única en 43 años! — de lanzarle al castrismo un mensaje bien claro: NO queremos su régimen autoritario, ineficiente y abusador.

Carecemos de emisoras de radio o televisión, o de órganos de prensa plana con cientos de miles de ejemplares. Pero tenemos nuestra verdad. Y con ella nos basta y nos sobra para llevar adelante esta cruzada en la que la victoria parece imposible.

No nos arredramos. En definitiva, será el pueblo cubano quien tenga la última palabra el venidero 24 de febrero.

[fbcomments]