Castro mantiene vigencia en las elecciones de la Florida

Castro mantiene vigencia en las elecciones de la Florida

El ambiente publicitario se caldea con las propagandas de los aspirantes a los diferentes cargos públicos

MIAMI, Estados Unidos.- Se acercan las elecciones de medio término para reelegir o elegir jueces, senadores y representantes estatales en Estados Unidos. Una vez mas el ambiente publicitario se caldea con las propagandas de los aspirantes a los diferentes cargos públicos. Pancartas callejeras con los rostros de los candidatos y spots televisivos exponiendo sus mejores virtudes o defectos, según sea el origen de la promoción. De las primeras se encargan amigos, familiares cercanos (la de los ancianos padres resulta muy efectista) y hasta algún primo capaz de desempeñar el rol de comunicador. No pocas veces la referencia se sostiene en el apoyo de un político de renombre y en casos la del propio presidente. De las segundas se encargan los rivales y sus equipos, enfocados en la turbia tarea denigratoria en la que todo vale, desde hurgar en el pasado del contrincante para sacar a la luz aspectos negativos, hasta elaborar notas reales o inventadas donde el factor manipulador juega un importante papel. Todo para tomar ventaja sobre el competidor y dejarlo fuera de competencia.  Nada nuevo en este ambiente político explicado desde el libre ejercicio democrático.

Cada sitio impregna a las campañas del color y sabor típico de la vida local. Y el de Miami Dade no podía dejar en la despensa a uno de sus mejores ingredientes. Se trata del castrismo, una modalidad que se resiste a abandonar el escenario de la contienda electoral en el distrito 27 donde vota el mayor número de cubano americanos asentados en esta parte de Estados Unidos y que ahora deja vacante Ileana Ros-Lehtinen tras 28 años como congresista estatal.

A casi dos años de la muerte del gobernante cubano (hay que andar con cuidado la manera en que se le nombra por estos lares) la conocida periodista María Elvira Salazar ve amenazada su aspiración a ocupar el puesto de Lethinen por una vieja entrevista realizada a Fidel Castro. Un encuentro que ocurrido en 1991 cuya actualización en el tiempo busca dañar la imagen de Salazar ante sus votantes potenciales. Además de señalar el hecho de la entrevista, los autores del material corrosivo señalan el detalle de que la entrevistadora llamara a su contraparte por el distintivo militar de Comandante, y no por la adjetivación de “dictador”. Un pretexto que serviría para mostrar su pobre integridad para el cargo al que aspira. Con el mismo efecto se usó otro reportaje en el que la periodista cubrió la noticia de la muerte de Castro y las reacciones suscitadas en un sector del exilio. Su aparente falta de entusiasmo a la hora de narrar el hecho busca ofrecer una imagen poco convincente sobre la vehemencia que el momento requería, en detrimento de las pretensiones políticas de la periodista.

La defensa de María Elvira no ha podido rebasar el nivel de la propaganda en su contra. Lejos de argumentar el desempeño correspondiente a la ética de su trabajo, y más aún a la libertad de hacerlo según criterios correspondientes a los que ponderan el derecho a la libre expresión que dicen defender, su discurso quedó encerrado en la misma retórica de sus atacantes, haciendo valer su currículo de anticastrista dura, en el que oportunamente añade la actualización anti-Ortega. Una movida lógica teniendo en cuenta el voto nica que ya se hace sentir en el distrito en pugna. Por otra parte, no debería ser extraño para María Elvira estas reacciones cuando ella misma fue investida verbalmente con los atributos de miliciana por el simple hecho de haber acudido al primer concierto de la Charanga Habanera en Miami.

No es el único caso en esta bulla politiquera. Entre los postulantes a la gobernación del Estado de la Florida destaca el nombre de Ron Desantis, cuya campaña pone de relieve el título de Guerrero Absoluto, cortesía del mismísimo presidente Donald Trump, según señala el propio anuncio. Las razones para este titular de superhéroe a lo Marvel, se basaría en la veteranía del político en la guerra de Irak y el haber “lidiado con terroristas en la Base de Guantánamo”. Una corrida un poco rara puesto que los aludidos contrincantes están recluidos bajo el más riguroso sistema de prisión en la instalación militar norteamericana. Pero los valedores de Ron van más allá en sus encomios sobre el atributo con el que Trump distinguió al conservador. Destacan con especial énfasis su promesa de trabajar duro en un proceso federal contra Raúl Castro, con el supuesto propósito de llevarlo ante los tribunales. Dicho esto, cuando el principal de los Castro ya partió de este mundo y su hermano, al que se pretende procesar, se encuentra en la recta final de la vida, al menos si se tiene en cuenta su avanzada edad.  Suena cuando menos ridículo.

A esta retórica vale señalar si lo que debe primar en las campañas políticas de quienes se postulan para un cargo público en la Florida o en cualquier punto de Estados Unidos, sea la problemática socio económica de sus votantes, así como los numerosos y complejos asuntos domésticos, prioritarios en  la agenda de un gobierno encarado a darles soluciones,  y no llevar en el programa la remoción de Castros, Ortegas, Maduros y acciones enfocadas hacia contextos ajenos a la jurisdicción geográfica y geopolítica en la que se proponen servir. Algo más propio para luchar por un asiento en la OEA o en la ONU.

Recordando aquella frase tantas veces radiada hacia Cuba de No Castro, no problem, la realidad que pervive en ciertos círculos de la política norteamericana, en particular en el estado floridano, parece demostrar una vez más que el problem para algunos es que se acaben los Castro, algo que parece verificarse en esta campaña de medio mandato del 2018 en la que se ha colado de manera imprevista la imagen del difunto Comandante en detrimento de unos y provecho para otros.

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