Creer en Olofi no los hace malos

Creer en Olofi no los hace malos

Los colegas que caen en tan divisoria trampa deben comprender que con su retórica no solo enajenan a millones de cubanos que adoran a los Orishas africanos

MIAMI, Estados Unidos.- En reiteradas ocasiones hemos leído interesantes artículos en los que se denuncian los desmanes y los turbios manejos del eje Chávez, familia Castro y resto de la extrema izquierda fascista que en determinados momentos ha detentado el poder en varios países de nuestro hemisferio; en su mayoría los artículos derrochan incisividad y agudeza y dejan al desnudo las interioridades del funesto socialismo del siglo XXI.

Lo único que encuentro contraproducente es cuando se crea, con intensión o sin ella, una equivalencia entre la religión lukumi, Yoruba, la Regla de Osha o como se le desee llamar, con prácticas oscurantistas, anti científicas que casi rayan en lo satánico.

Los colegas que caen en tan divisoria trampa deben comprender que con su retórica no solo enajenan a millones de cubanos que adoran a los Orishas africanos, sino que cometen un grave error de omisión que colinda con la ignorancia. Recordemos que esta religión es anterior al cristianismo y que la Corte Suprema de esta gran nación emitió en modo inequívoco un fallo que la cataloga como una religión más, pues posee liturgia, íconos y todos los elementos de las demás.

Más aún, visto el demográfico que trajo esta religión al hemisferio occidental, nuestros periodistas independientes deben cuidarse mucho de no adoptar posiciones racistas e iconoclastas que a fin de cuentas les coloca más cerca de la Junta que desgobierna la isla que de los ávidos lectores que los seguimos.

Los Castro, Chávez, Maduro, Correa, Ortega, Morales, los Kirchner, Lula y la entera camada de corruptos comunistoides son una virulenta enfermedad a extirpar de raíz; la morbosa obsesión del difunto Hugo Chávez con el general Bolívar y la profanación de la tumba del Libertador, con fines propagandísticos, es imperdonable, y lo sería igualmente, aunque la exhumación hubiese seguido un derrotero católico.

En un mundo cada vez más ecuménico no existe espacio para la descalificación y la demonización de quien, en su hora aciaga, se encomienda a deidades distintas a las nuestras. Exhorto a los periodistas independientes y a todo cubano digno que esgrima su pluma en defensa de la verdad a meditar sobre tan espinoso tema.

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