Allende: ¿se suicidó o lo mataron?

Allende: ¿se suicidó o lo mataron?

Cuando los carabineros hallaron su cadáver en un salón del bombardeado Palacio de La Moneda, el fusil ametrallador que le regaló Castro estaba a sus pies

Fidel Castro y Allende

LA HABANA, Cuba.- Este 11 de septiembre se cumplen 45 años del cruento golpe militar dirigido por el general Augusto Pinochet que derrocó y costó la vida al presidente chileno Salvador Allende.

Aún hoy sigue sin aclararse si a Allende lo mataron o se suicidó.

Fidel Castro demoraría 35 años en admitir la posibilidad de que Salvador Allende se suicidara en el Palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973. La versión oficial cubana insistía en que el presidente chileno había sido muerto por el fuego enemigo mientras resistía el ataque de los golpistas.

“No hay contradicción alguna entre ambas formas de cumplir con el deber”, escribió Fidel Castro en junio de 2008, cuando se cumplió el centenario del natalicio de Allende.

Hay que admitir que en cierta forma tenía razón. En medio de los cañonazos de los tanques y las bombas de los aviones que incendiaron el Palacio de La Moneda, combatió hasta el final para impedir que los golpistas le arrebataran la banda presidencial.

Hay una insistente pero nunca confirmada versión de que Allende fue ultimado por el oficial del Ministerio del Interior cubano Patricio de La Guardia. Según las versiones, tenía órdenes precisas de La Habana de impedir que los golpistas lo hicieran prisionero.

De cualquier modo, es poco probable que Allende se hubiese rendido. Persistente y testarudo como era, darse por derrotado no era su estilo. Lo había demostrado con su participación durante 18 años en 4 elecciones presidenciales consecutivas. Finalmente, resultó electo presidente en los comicios del 4 de septiembre de 1970, a los que se presentó como candidato de Unidad Popular, una coalición de comunistas, socialistas y radicales de izquierda.

Se suele culpar a la CIA, a Nixon y Kissinger por el derrocamiento de Allende, pero también Fidel Castro tuvo una alta cuota de responsabilidad por su injerencia en Chile.

A Fidel Castro, que a pesar del desastre de la guerrilla de Che Guevara en Bolivia en 1967, aun preconizaba la toma del poder a través de la lucha armada, le resultaba incómodo el gobierno de Allende, electo dentro de las reglas de juego de la democracia representativa.

El objetivo declarado de Allende era implantar un socialismo democrático, respetuoso del pluralismo político, lo que contrastaba agudamente con el régimen neoestalinista imperante en Cuba.

Desde los comienzos del gobierno de la Unidad Popular, Fidel Castro quiso influir para que las cosas en Chile se hicieran a su manera.

La ayuda cubana resultaría dañina para Allende.

Fidel Castro visitó Chile a fines de 1971. Permaneció más de 20 días en el país austral y lo recorrió de punta a punta. Pronunció discursos incendiarios donde opinó profusa e imprudentemente acerca de todo. Mientras trataba de convencer a los jefes militares de que el socialismo no era antagónico con los institutos armados, aconsejaba a Allende la formación de milicias obreras, para “mantener la adhesión de los vacilantes, imponer condiciones y decidir el destino de Chile”.

Aquella visita dejó a Allende en una crisis de la que no conseguiría recuperarse. Tuvo que enfrentar el dilema de ser el presidente de todos los chilenos o sólo del sector más a la izquierda de la Unidad Popular. Alejado de los métodos leninistas, sus políticas fueron rebasadas por los elementos de la extrema izquierda que exigían una mayor radicalización.

Todos conspiraban. En las barriadas obreras y en las mansiones del barrio alto. En la embajada norteamericana y en la cubana. Y tenían sueltos los gatillos lo mismo los pistoleros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que los de derecha de Patria y Libertad.

Allende recibió la última carta de Fidel Castro el 29 de julio de 1973, 42 días antes del golpe militar. Se la entregaron Carlos Rafael Rodríguez y Manuel Piñeiro (Barbarroja), el jefe del Departamento América, encargado de la subversión en el continente. Los dos altos funcionarios cubanos viajaron a Santiago de Chile con el pretexto de la reunión del Movimiento de Países No Alineados, pero su objetivo real era reiterar a Allende el apoyo del gobierno cubano en la guerra civil que consideraban inminente y para la que Fidel Castro se preparaba en el mayor sigilo.

“Hazles saber a Carlos y a Manuel en qué podemos cooperar tus leales amigos cubanos”, escribió Fidel Castro en aquella carta.

Allende, puesto a escoger entre la guerra civil o el cuartelazo, enfrentó lo último en compañía de un puñado de colaboradores suyos y varios cubanos de las Tropas Especiales del MININT.

Cuando los carabineros hallaron el cadáver de Allende en un salón del bombardeado Palacio de La Moneda, el fusil ametrallador que le regaló Fidel Castro estaba a sus pies.

luicino2012@gmail.com

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