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La noticia del día en la prensa castrista

Caravana de la libertad, Prensa castrista, Cuba

LA HABANA, Cuba. ─ Para demostrar el grado de desquiciamiento, manipulación, voluntarismo y descarnada desvergüenza que impera en los medios de agitación y propaganda del oficialismo cubano bajo el régimen castrista, creo que nada mejor que aludir a cuál ha sido, según ellos mismos, la noticia de ayer, 4 de enero.

A esos efectos parece conveniente citar, ante todo, un antecedente que permite hacer comparaciones: en el ámbito internacional, por ejemplo, la prensa se ha hecho eco de la Declaración Conjunta de los Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, circulada ese mismo día. En el documento, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China exteriorizan ideas importantes de cara a la problemática mundial de estos tiempos.

Allí, según el sitio informativo del organismo universal (Noticias ONU), se habla de “prevenir una mayor propagación” de las armas nucleares, así como de “cumplir con los acuerdos y compromisos bilaterales y multilaterales de no proliferación, desarme y control de armamentos”. De todo ello se hizo eco el secretario general de la organización, Antonio Guterres.

Es verdad que, al menos de momento, sólo las referidas cinco grandes potencias han expresado su apoyo a esas ideas. Otros países conocidamente nucleares —India, Pakistán, Israel, Norcorea— han guardado silencio al respecto, al menos hasta el momento. Aunque la citada Declaración Conjunta merece un análisis más detallado, no es este el lugar para ello.

Se podrá estar o no de acuerdo con el documento y con sus posibles consecuencias; pero este trabajo periodístico no está destinado a estudiarlo. Simplemente menciono una importante información internacional de la misma fecha que fue preterida por la prensa cubana, y ello para resaltar una noticia (de algún modo hay que llamarla) originada en la misma Cuba.

Es el caso que tanto en la portada del periódico Granma como en los minutos iniciales de la emisión del mediodía del Noticiero de la Televisión Cubana (NTV) se abordó un suceso que está teniendo lugar ahora mismo, pero que, en realidad, constituye una mera reedición de acontecimientos que tienen la friolera de 63 años de antigüedad.

Se trata de la repetición que se hace cada año de la llamada “Caravana de la libertad”, cuando el núcleo principal de las tropas del Ejército Rebelde, encabezado por el entonces joven y victorioso Fidel Castro, haciendo una larga escala en cada ciudad de alguna importancia, viajó por toda la Carretera Central desde Santiago de Cuba hasta La Habana, a donde llegó el día 8 de enero.

El principal autor de aquel desfile quiso hacer ver que se trataba del medio adecuado para trasladar esas fuerzas militares entre las dos capitales: desde la de mentiritas, a la que él mismo, para congraciarse con los orientales, le había otorgado con carácter provisional ese título que ostentó por algunas horas, y la de verdad, ubicada en el Occidente de la Isla.

Pero por supuesto que no había necesidad de hacer esa dilatada excursión por tierra para llegar al destino deseado. Bien se hubiera podido (como lo hizo el presidente Manuel Urrutia) tomar un avión, que hubiera realizado el mismo viaje en apenas un par de horas. Pero el Comandante en Jefe, con su cazurrería de hijo de gallego astuto, sabía mejor qué le convenía hacer.

Por aquellas fechas estaba muy de moda criticar en los peores términos todas las maniobras y muestras de politiquería: en primer término las de Batista, claro; pero también las de los que se oponían al general golpista. Y forzoso es reconocer, en ese contexto, que la dichosa caravana era lo más parecido que se pueda imaginar a un desfile de campaña electoral.

Había una sola diferencia sustancial: que, como todos sabemos, el jefe guerrillero, a pesar de las innumerables promesas hechas, no tenía ni la más remota intención de realizar esa consulta ciudadana que tantas veces había anunciado. Ello, claro, hasta que, de manera típicamente orwelliana, el ofrecimiento formal de celebrar comicios generales se transformó en su opuesto, plasmado en una consigna insólita: “Elecciones, ¿para qué?”.

La caravana de marras sirvió de maravillas al entonces joven Fidel Castro para recibir, a todo lo largo y ancho de Cuba, el aplauso y la adoración de sus partidarios, la generalidad de los cuales ignoraba lo que se les venía encima. Aquella también sirvió de prólogo imprescindible a la apoteósica entrada en La Habana, un baño de multitudes que cualquier candidato presidencial de la Cuba democrática habría envidiado con toda razón. Pero estas consideraciones sólo son válidas para la versión original de ese sucedido.

Lo de ahora es otra cosa. Cabe aplicar aquí la conocida frase del mismísimo Carlos Marx, cuando dijo que la historia suele repetirse: la primera vez como drama y la segunda como comedia. En este caso, la reedición de la dichosa caravana, escenificada año tras año por los jóvenes cubanos, cae más bien dentro de la categoría de farsa monstruosa, de sainete grotesco.

En Cuba podrá no haber combustible para una ambulancia que pueda salvar a un herido grave, o simplemente para transportar de una a otra provincia a ciudadanos de a pie que necesitan desplazarse por razones de trabajo o de índole personal. Pero petróleo o gasolina no faltan para la multitud de camiones y otros vehículos atiborrados de jóvenes deseosos de salir en las fotos y reportajes, así como de comenzar la ardua trepa por la pirámide del poder castrista.

Pero lo peor de todo —insisto— no es la mojiganga que implica la reproducción del referido desfile. ¡Lo más lamentable es que semejante bufonada represente la “noticia del día” para el lamentable aparato de agitación y propaganda del castrismo! ¡A tales extremos llegan la enajenación  y el desvarío en la lastimosa Cuba de hoy!

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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