¡Si el cacique Habaguanex saliera de su tumba!

¡Si el cacique Habaguanex saliera de su tumba!

Entre la necesidad y la falta de satisfacción espiritual de la población, poco podrá hacerse para que La Habana llegue de la mejor manera a sus 500 años

La Habana
La Habana (Foto Pinterest)

LA HABANA, Cuba. – Aún se recuerdan las numerosas barbaridades que en vida se le ocurrieron a Fidel Castro, a saber: disecar la Ciénaga de Zapata; construir una presa en Paso Seco; derribar montes con la Brigada Invasora “Che” Guevara. Sin embargo, también hubo una idea que rondó por algún tiempo, pero que nunca materializó: trasladar la capital del país para Santiago de Cuba. ¡Se imaginan!

De haberse concretado, difícilmente se estarían preparando las fiestas para la celebración de los 500 años de la fundación de San Cristóbal de La Habana; cuyo acto fundacional fue una misa en el Templete, a la sombra de una ceiba. La práctica –desde tiempos lejanos- de la religión católica, hizo que muchas de las calles de la capital tengan nombres de Santos; en particular San Cristóbal, patrón de los choferes porque, según se dice, montó muchas personas sobre sus hombros.

Diego Velázquez fundó San Cristóbal de La Habana el 16 de noviembre de 1519, siendo una de las primeras siete villas de Cuba. El casco histórico de la ciudad fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Existen varias hipótesis sobre su nombre, aunque la más aceptada es que se deriva de un cacique taíno llamado Habaguanex.

El territorio ha sufrido varios cambios durante el actual régimen, la Ciudad de La Habana dejó de ser la capital administrativa de La Habana, al quedar dividida en las provincias de Artemisa y Mayabeque. No obstante, se mantiene siendo la más habitada del país con alrededor del 20% del total de la población, por eso se ha ganado el nombre de “la capital de todos los cubanos”.

Antes del tornado del pasado 27 de enero, era muy común encontrar en la prensa informaciones sobre reuniones de comisiones, dirigentes, etc., con el fin de preparar las festividades de la capital para la fecha de su aniversario 500. Todo esto, en la actualidad, tiende a cero, y es que las miradas y los recursos se han destinado a las afectaciones del tornado, que arrasó en varios municipios de la ciudad. En ese sentido, el enfoque político –que siempre es el más importante para la dictadura- está dedicado a que la población de los tres municipios más afectados: Regla, Guanabacoa y Diez de Octubre, dé el “Sí” en el referendo.

Desde el punto de vista formal, a los que mal dirigen el país no les interesa que gane el “No”, porque tienen en sus manos la posibilidad de expandir cualquier información al respecto con las cifras que estimen pertinentes. Ahora bien, mientras mayor sea la cantidad de personas que dejen de asistir o votar a favor, se verá reflejado el descontrol de la sociedad de forma inversamente proporcional, que es el meollo de la cuestión: la salida del control dictatorial de la población, motivado, entre otras cosas, por la pérdida del miedo.

Cuando llegue el mes de noviembre y no se hayan resuelto los problemas que pululan en la capital, el tornado será el responsable, porque los recursos que estaban destinados a un programa u otro, seguro tuvieron que ser desviados para atender a los damnificados, ya que se ha informado que pasan de siete mil las viviendas que sufrieron afectaciones.

Esto implica que situaciones difíciles, y otras no tan difíciles, seguirán posponiendo su solución. Por ejemplo, el cementerio de Colón y la falta de capacidad para enterrar a los muertos, así como el desorden allí existente, a pesar de ser un lugar que debía ser respetado por todos.

Pero también hay pequeñas situaciones subjetivas que se resuelven con un poco de organización y deseo de control, algo que falta en casi todos los dirigentes de la ciudad. Verbigracia lo que sucede en un lugar céntrico de recreación, como es la heladería Coppelia, ubicada en la céntrica esquina de 23 y L, en el Vedado. Cuando se inauguró se tomaban helados de todos los sabores, tan cremosos que el propio Castro tuvo que decir que había que bajarles la grasa.

La realidad de lo que ahora sucede en ese lugar es bien distinta. Para acceder a una mesa a tomarse un helado primero debe hacer una cola que a veces dura más de una hora, y después, toparse con la realidad de la mala atención, la mesa sucia o pegajosa, las cucharas no sirven, las bolas de diferentes tamaños y la calidad del helado deja mucho que desear.

Las dificultades, grandes y pequeñas, son parte de un “libro” de muchas páginas, todas llenas de problemas, donde, entre la necesidad material y la falta de satisfacción espiritual, poco podrá hacerse para que la ciudad y sus pobladores lleguen de la mejor manera a esos 500 años.

Cabe la posibilidad que Habaguanex haya aportado su nombre a la identificación de nuestra ciudad, pero el pobre cacique si sale de su tumba y ve tanta destrucción, desorganización y desidia, pensará que lo resucitaron en la edad de piedra.

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