Tres grandes a la espera de Cooperstown

Tres grandes a la espera de Cooperstown

Luis Tiant, Tony Oliva y Orestes Miñoso merecen tener sus nombres en el Nicho de los Inmortales del deporte de las bolas y los strikes

Cuba, Cubanos, Béisbol,
(Foto: Collage)

WEST PALM BEACH, Estados Unidos. – La mala decisión de algunos periodistas y miembros del Comité Especial que son los encargados de emitir sus votos para ingresar al Salón de la Fama en Cooperstown, es la responsable de que tres peloteros cubanos hayan sido víctimas de las oscuras manos del olvido.

Ser miembro del Salón de la Fama en Estados Unidos no es tarea fácil. No se requiere sólo ser un buen jugador, también se necesita larga carrera y logros sobresalientes.

Entre los peloteros cubanos, creemos que Luis Tiant, Tony Oliva y Orestes Miñoso merecen tener sus nombres en el Nicho de los Inmortales del deporte de las bolas y los strikes.

Si nos remitimos a las estadísticas, otros dos cubanos podrían merecerlo: Rafael Palmeiro y José Canseco. Pero ambos tienen los caminos cerrados por sus problemas con las sustancias prohibidas que mancharon sus respectivas carreras.

No podemos dejar de mencionar que legendarios jugadores como Adolfo Luque, Camilo Pascual, Bert Campaneris y Miguel Cuéllar tuvieron buenos logros, pero por diferentes razones no llegaron a la línea que se necesita para ser considerados.

Hasta el presente, sólo cuatro peloteros nacidos en la isla han sido elegidos a Cooperstown: Tony Pérez, Martín Dihigo, José Méndez y Cristóbal Torriente. Pérez, por su actuación en Grandes Ligas, mientras que Dihigo, Méndez y Torriente por sus historias en las Ligas Negras de Estados Unidos.

Cuba, otrora segunda potencia beisbolera y la máxima cantera de peloteros hacia las Grandes Ligas hasta 1961, detuvo su maquinaria cuando el régimen político que tomó el poder en 1959 eliminó la pelota profesional por orden directa de Fidel Castro.

Esta interrupción llevó a que las nuevas generaciones surgidas en las siguientes décadas desarrollaran sus carreras en la llamada Serie Nacional y en eventos internacionales a nivel amateur. Nadie puede poner en dudas que de haberse mantenido el profesionalismo la lista de peloteros cubanos en Cooperstown sería más amplia.

Los casos de Tiant, Oliva y Miñoso, merecen un análisis mucho más serio. Con ellos no sólo se deben tener en cuenta las estadísticas generales, pues tanto el pinareño como el matancero y el habanero sufrieron obstáculos que evitaron sumar mejores números.

Por otro lado, es obligatorio mencionar que los jugadores deben ser analizados por la época en que les tocó desarrollar sus carreras, pues cada etapa tiene sus características propias que hacen que los números no coincidan entre la mayoría de los peloteros de una y otra generación.

Por citar un sólo ejemplo, diremos que no es igual dar 400 jonrones con una pelota superviva como la que se ha jugado en las últimas décadas, que hacerlo en otras épocas donde la bola era más muerta.

Echemos una mirada a las carreras de estos tres cubanos, y también vamos a explicar las razones que llevaron a que siendo ellos tan buenos o mejores que otros que están en Cooperstown, sus números no llegaron a la altura que tenían como peloteros.

Luis Tiant

El oriundo de Marianao, en La Habana, nació el 23 de noviembre de 1940. Fue uno de los mejores lanzadores de su época, dueño de un elegante estilo con un movimiento donde inclinaba su cuerpo enseñando el número del uniforme al bateador con envíos variados por diferentes ángulos.

Sumó 229 triunfos y su efectividad fue de 3, 30. Superó las 20 victorias en cuatro temporadas, ponchó a más de 200 bateadores en tres ocasiones y ganó dos coronas de pitcheo con una efectividad por debajo de las dos carreras limpias (1,60 y 1,91), liderando en WAR (1968) y ocupando el lugar 42 de todos los tiempos en este importante renglón; propinando 49 blanqueadas, retirando a 2 416 bateadores por los strikes, con balance de 3-0 en postemporada y 2-0 en Series Mundiales. Lanzó en tres Juegos de Estrellas.

Tiant dejó mejores números que Catfish Hunter, Jim Bunning y algunos otros serpentineros que están en Cooperstown; a pesar de estar casi dos temporadas sin lanzar por una lesión que puso en peligro su carrera.

Tony Oliva

Nació el 20 de julio de 1938, en Pinar del Río. Ganó el premio de Novato del Año en 1964, conquistó tres coronas de bateo, lideró cinco veces en imparables, cuatro en dobletes, una en anotadas, slugging, total de bases, bases intencionales y extrabases; siendo uno de los mejores bateadores de su generación.

Oliva asistió a ocho Juegos de Estrellas consecutivos y bateó sobre la marca de los .300 en nueve de sus primeras 12 temporadas. Una lesión que lo llevó a la mesa de operaciones restó sus excelentes estadísticas. En sus últimas cuatro campañas con su rodilla afectada no rebasó los .300 de promedio.

A pesar de sus limitaciones físicas, terminó con average de .304, con .353 de embasamiento, 220 jonrones y 947 carreras impulsadas. A la defensa, en 1966 ganó el premio Guantes de Oro.

El número cuatro que utilizó con los Mellizos de Minnesota está retirado del equipo y tiene una estatua a su nombre en el Target Field.

Varios jugadores han sido elegidos al Salón de la Fama por tener problemas similares que Oliva después de cumplir sus 10 primeras temporadas. Muchos se preguntan: ¿Por qué ello sí, y Oliva no?

Orestes Miñoso

El matancero nacido en 1921, no el 29 de noviembre de 1925 como aparece en los libros de Grandes Ligas, debutó en 1949 con los Indios de Cleveland que sólo le dio 16 turnos al bate.

En realidad, Miñoso se inició en 1951 con los Medias Blancas de Chicago cuando tenía 29 años, sin poder hacerlo antes por el problema racial de su época que lo obligó a refugiarse en las Ligas Negras donde fue una legítima estrella con los New York Cubans.

A pesar de comenzar algo tarde, Miñoso terminó con promedio de .298, sumó 1 963 imparables, remolcó 1,023 carreras, anotó 1 136, estafó 205 bases y su embasamiento fue un alto .389. Estuvo en siete Juegos de Estrellas y ganó tres premios Guantes de Oro como jardinero izquierdo.

Lideró la Liga Americana en bases robadas (tres veces), triples (3), poder-velocidad (3), dobles (1), imparables (1), total de bases (1) y pelotazos recibidos (10). Impulsó más de 100 carreras en cuatro temporadas y en otras siete superó las 70.

Al “Cometa Cubano’’ no se le debe analizar sólo por sus estadísticas en Grandes Ligas, merece ser elegido a Cooperstown por haber sido estrella tanto en las Ligas Negras como en Ligas Mayores. Por esta misma razón, otros peloteros estadounidenses han sido reconocidos.

Miñoso fue el primer negro latino en Grandes Ligas. El número nueve que utilizó con los Medias Blancas está retirado del equipo y como reconocimiento a su ilustre carrera se erigió una estatua con su figura en el U.S. Cellular Field.

El olvido de los cubanos Orestes Miñoso, Luis Tiant y Tony Oliva es una mancha negra que permanece en una institución deportiva que fue creada con el propósito de preservar la historia, unir generaciones y honrar la excelencia.

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Acerca del Autor

Marino Martínez

Marino Martínez

Nació en Güira de Melena, un pueblo al sur de La Habana, Cuba. Vive en Estados Unidos desde 1980. Con más de 25 años de experiencia en el periodismo, ha escrito cientos de artículos especializados y ha entrevistado a grandes estrellas deportivas. Desde el 2006 es columnista y editor deportivo de El Nuevo Herald y por 14 años fue director deportivo del Diario Las Américas. Pertenece a la Asociación de Escritores de Béisbol de Estados Unidos y es el creador del Salón de la Fama del Deporte Cubano, institución no lucrativa que, desde el 2003, honra a figuras que le han dado gloria al deporte antillano.

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