Donde las dan las toman

Donde las dan las toman

La muerte violenta de un ciudadano italiano de nombre Testagrossa, ocurrida en Cuba, en la llamada provincia de Las Tunas, es noticia fresca

Asesinato italiano cuba
Raffaele Testagrossa, el italiano asesinado en La Tunas. Foto Facebook Yamila González

ESTADOS UNIDOS. – La muerte violenta de un ciudadano italiano de nombre Testagrossa, ocurrida en Cuba, en la llamada provincia de Las Tunas, es noticia fresca. Otras noticias de igual o parecida factura que habrán de seguirla seguramente, la sepultarán muy pronto. (La memoria para el horror es corta. Véase si no el esfuerzo porque no se olvide el Holocausto judío —que no es el asesinato de uno— y el otro Holocausto mayor causado por el comunismo, de Lenin pasando por Stalin, al último de los “iluminados” de la causa. Para sólo poner dos casos conocidos, en los mismos Estados Unidos, los Sanders y Ocasio-Cortés de este mundo, insisten en que debemos implementar el modelo comunista cubano que ha de traernos la felicidad más absoluta). ¿Cómo no iba pues a olvidarse con facilidad la muerte de alguien anodino, ocurrida en otra parte, un pueblo lejano, en una barriada alejada o desfavorecida?

Volviendo al caso del italiano asesinado y descuartizado, y a la serie de crímenes similares conocidos o desconocidos que ocurren en Cuba, debe señalarse que ya se ha olvidado, por ejemplo, otro hecho de parecida ralea y características, ocurrido en Bayamo, donde la víctima fuera una jovencita del lugar, y los perpetradores unos ciudadanos italianos. Además de las particularidades que comparten ambos crímenes, hay otros elementos en común por ejemplo entre quienes lo perpetraron en el caso ocurrido en Bayamo, y la víctima del actual. En uno y otro caso se trataba de turistas residenciados en Cuba, simpatizantes del régimen de los Castro. En el caso de los primeros, esa misma condición pudo garantizarles posiblemente escapar a “la justicia” cubana, pues todo el asunto parece haberse disuelto en una neblina de especulaciones sin resolución ni consecuencias. En el presente caso, se especula que el autor del horrendo asesinato pudo haber sido “un niño”. Los italianos del crimen de Bayamo eran conocidos militantes comunistas en su país, y consiguieron salir de Cuba para escapar a cualquier castigo. Que sepamos, las autoridades cubanas no exigieron de las italianas la extradición de los presuntos culpables a fin de tomarles declaración al menos. Lo que quedaba de la niña descuartizada después de una orgía que incluyó drogas y alcohol, apareció gracias al hambre de un perro que desenterró un hueso y lo arrastró consigo a un lugar público donde éste fue visto. El resto, fue cosa de seguir la pista casi a regañadientes. Al italiano descuartizado en Las Tunas, lo encontraron al parecer por el mal olor de su cuerpo en descomposición. El primer grupo de italianos agresores, y la persona del agredido en el segundo de los casos, constituyen parte de una tendencia de cierta izquierda (aunque haya de todo en la viña del señor) fascinada por la mitología del comunismo cubano, que en Europa vende como un posible “comunismo con pachanga”, es decir, donde se puede vivir plenamente el desenfreno de la edad senil, tanto la parte que corresponde a esa ideología naturalmente vieja y discapacitada, como la que corresponda según los individuos a sus fantasías. Todos estos “compañeros de ruta” viajan a Cuba y hasta se instalan en ella para aprovecharse del sufrimiento de los cubanos, a la vez que se sienten provechosos (no aprovechados) cuando compran sexo baratísimo (Tailandia es mucho más costosa) y carece a sus ojos del atractivo de la “revolucionaza”. El descuartizado, siciliano de origen, era de profesión “artesano del vidrio”. En Las Tunas y en otras partes de Cuba se dedicó profesionalmente hablando, a decorar hoteles y era reconocido en todas partes por el envidriado característico de su auto Dodge del año 1956 en una de cuyas puertas instaló la imagen del “che” Guevara, junto a la que gustaba de posar satisfecho de su fechoría, como quien posa junto a la imagen de Al Capone o el camarada Stalin, sin que se le revuelva el estómago. Según algunas fuentes cercanas a Testagrossa, el siciliano habría descubierto en Cuba, una vez residenciado en Las Tunas, algo llamado “el arte pobre”, es decir, cuyos elementos o componentes eran sobre todo, culos de botellas y vidrio de cualquier procedencia. Tal vez una amonestación a los cubanos para que “aprovecharan mejor sus recursos naturales”, o uno de tantos comentarios de que “es mejor la pobreza ‘con dignidad’” que vivir en la riqueza y la prosperidad capitalista.

Sin alegrarme en lo personal, del destino aciago que le cupo en suerte a este individuo, habría que subrayar la ironía implícita en un crimen cometido en su persona por “un niño” cubano, seguramente de esos que repiten o han repetido cada día aquello de “Pioneros por el comunismo… Seremos como el Che”. Es obvio que el sistema educativo cubano es sumamente eficiente. Cumple lo que su propaganda se propone, convertir a niños en asesinos según el modelo escogido.

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